domingo, 8 de abril de 2012

Pica-Pica!!!

Imagino que en todo oficio o profesión hay cosas que el pobre estudiante ignora y que no sabe que pasan hasta que, como dice la frase popular, le pasan. Así me encuentro yo. Irritada.

¡¡¡Literalmente!!!

En verdad no es culpa de Gastronomía, al menos no lo es inicialmente. Sufro de alergia por contacto a los metales, lo que comúnmente se conoce como “dermatitis cuica” ya que podría trabajar en una joyería detectando imitaciones. En menos de una hora me sale un sarpullido horroroso en todo aquello que no es plata y oro… de ahí lo de “cuica”. ¿Qué tiene que ver esto con gastronomía? Piano piano mis queridos querubines. El asunto es que si toman uno de sus jeans y ven la parte de los bolsillos verán que tienen unas pequeñas prensillas de metal ¿No? Si le sumamos que en verano los poros de nuestra piel están más abiertos y que por ello la dermatitis se dispara a ritmos asombrosos, verán que mi situación no es nada envidiable. Piel irritada que me invita a rascarme todo el rato! La solución que me dio el dermatólogo el año pasado fue dejar de ocupar jeans y yo sentí que me condenaban a ser Testigo de Jehová (con todo respeto a las personas de dicha religión) ¿Con qué me visto si no es con jeans? Faldita hippie? ¿Vestido de flores? ¿Pantalón de tela para andar semi formal por la vida? Me dio ataque. Probé con todo lo que me dijeron: ponerle a todas las aplicaciones esmalte de uñas, aceite, ponerles parches curitas y nada. Y ahí estoy, con mi dermatitis en pleno apogeo (ya que aun no hace frio y ni modo de usar pantys bajo el jeans para cocinarme en hora punta en el metro con mis 100 amigos en un vagón sin aire). ¿Cómo se conecta esto con gastronomía? El jabón que ocupamos en la universidad no se qué demonios tiene pero logró irritarme aun más, de tal forma que mi alergia se expandió a la parte superior de brazos y hombros. Gracias a Dios que mis brazos en su parte inferior y mis manos están sanitas pues de lo contrario me vería obligada a apagar fogones y esperar. Rezar… comer? Algo así como la peli de Julia Roberts jaja! Según mi anti-jeans-dermatólogo, mi piel está en “estado de guerra” y cualquier producto fuerte hará que sobre reaccione grotescamente. Dicho y hecho: Brotada!

… Parezco sarnosa, snif! Bueno no se si tanto pero con tantos mini granitos yo me siento sarnosa!!!

De día me controlo e intento no rascarme pero de noche claramente no funciona mi plan fríamente calculado. Si a ello le sumamos que lunes y jueves tengo taller de cocina y pastelería donde me enfrento con el detergente enemigo, cuando va bajando la intensidad de la alergia ( tipin miércoles o domingo) me toca taller de nuevo al día siguiente, me lavo las manos, lavo una olla y estallo en picazón!!!.¡Piel del demonio! No me quedó otra el viernes pasado de intentar tomar hora con mi super-anti-moda-dermatólogo pero obvio! Mi buena racha no me dio hora hasta finales de mes porque mi horario de 08:30 a 18:35 no me deja mucho tiempo libre.

Hoy no aguanté más y tuve que correr a casa de una prima médico para que me viera. Llegué con cara compungida, un conejito de chocolate de regalo y las ansias de un milagro. De verdad, un buen milagro de semana santa.

¿Cómo nadie te avisa que el detergente industrial puede generar tamañas reacciones dermatológicas al entrar a gastronomía?

Tras recetas, pasada a la farmacia y planchar mi disfraz (uniforme) para mañana, me encuentro tecleando mi historia pica-pica en la cama mientras me tomo la pastillita que concentra todas mis esperanzas porque, si no funciona, se viene el baile de corticoides. Yeah… saltaría de felicidad como Daria de MTV al comprarse una nueva mini color rosa chillón (Si, estoy siendo irónica y qué?) La contra indicación es exceso de sueño pero una cosa por otra ¿No? Si me corto mañana solo será un daño colateral que dará pie, seguramente, para un nuevo post ;)

Wish me luck!

sábado, 24 de marzo de 2012

Primer día de Restaurant.

Lo admito, nunca he trabajado como mesera. Otra cosa es que en cumpleaños y juntas varias tenga ese maldito complejo de ir retirando los vasos que no se usan, los platos sucios y los ceniceros que tienen una montaña perfectamente equilibrada de colillas. En verdad, solo lo hago por el o la dueña de casa; para ahorrarle el ojo saltón cuando se retiren todos los invitados y la alborada dorada permita dimensionar la magnitud de los daños; para evitarle el “¿Por dónde parto limpiando?!!!” Seguramente se estarán preguntando por qué estoy transmitiendo de esto y he aquí la razón: Partí con Taller de Restaurant. Les juro que, de solo pensar en ello, me tiemblan las manos. No es terrible, nadie me dio un latigazo ni me mando a servir la mesa del Presidente, simplemente mi mano no da para llevar tres platos al mismo tiempo!!!

El taller parte con los nueve proyectos de meseros-alumnos con sus ”disfraces de restaurant” en una sala donde se realiza un breve repaso de la atención que deberemos hacer en el día y se aclaran dudas. Luego de ello, un descanso de unos diez minutos y, a continuación, las ovejitas nos juntamos en el Restaurant para comenzar las actividades que previamente se nos han asignado. El martes pasado me tocó ser garzona y realizar el servicio de cubiertos al inicio y al final del turno ¿Qué significa ello? Limpiar cada uno de los no sé cuantos cubiertos con una mezcla de agua y vinagre de vino blanco con un paño inmaculado hasta que la platería quede brillante. A otros compañeros les asignaron copas (Pobres, pobres pobres!!! Cuesta demasiado sacarles todas las manchas!!!), otros montaron las mesas, se deleitaron con el arte del llenado del salero y el pimentero, otros limpiaron los platos de metal, dispusieron floreros… Dios! Hasta el mantel debe ser colocado de una manera fi-fi que me enerva ¡¡¡Todo el mundo estira el mantel en el aire y luego lo centra!!! . No voy a discutir lo pre- establecido. Todo debe tener una razón de ser y yo, probablemente, no lo veo… Aunque lo del mantel lo encuentre una soberana siutiquería!

Una vez realizadas todas las labores de preparación para abrir las puertas del restaurant, nos toca revisar el menú pues, mientras nosotros realizamos nuestras labores podemos ver, a través de los ventanales, como corren todos en la cocina a unas temperaturas que ya las quisiera el mismo caribe. Escriben el menú y todas las ovejitas tomamos nota mientras nos salen los colmillos. Escribimos las opciones de aperitivos, vinos, bebidas, jugos y otros porque francamente, y por ser nuestra primera vez, no tenemos idea que hay en stock. A mí a esa altura ya me tirita la mano. La hora de atender se acerca y yo no me siento preparada. Estoy segura que quemaré, romperé un plato o derramaré algo a un cliente. Respirar profundo una y otra vez es el mantra ¿No?

Tenemos todo listo, puestos asignados y nos indican que, a partir del medio día, podemos optar a un almuerzo en el casino y que debemos reportarnos a las una y cuarto para comenzar la atención. Solo puedo decir que fue pésima idea haber almorzado!!! Los nervios me armaron un nudo en la garganta y lo poco que comí se mantuvo ahí, endemoniadamente ahí, hasta que llegó la hora fijada e iniciamos la atención. Hubiese sido gracioso hacer una escena como el Exorcista en frente a los clientes ¿Cierto? Jajaja! De solo pensarlo me rio. En verdad ahora me rio, en ese momento tenía esa sonrisa de médico… ya saben, cuando te dicen “quédese tranquila-nerviosa”. Hasta llamé a mi mamá con voz de hipo buscando esa tranquilidad que solo las madres saben dar a sus polluelos en momentos difíciles... En fin, para acortarles un poco el cuento, llegaron dos de las tres reservas de mi mesa. Dos señores de aproximadamente unos cuarenta años vinculados al área gastronómica por su charla, muy amables que soportaron varias interrupciones de mi profesora corrigiéndome. Desde cómo retirar el plato con el cuchillo de pan, cómo servir los platos, cómo cargar con ellos y, lo más importante, cómo no matarme en el intento. Lo de los platos me supera, no me los puedo. Piensen que cada plato pesa aproximadamente un kilo y a ello debe sumársele el contenido. Ahora multiplíquenlo por tres. Es una brutalidad! Gracias a Dios que un mi profesor de cocina del año pasado estaba de Chef en la cocina (en verdad estuvo con nosotros dos semanitas y lo cambiaron pero para mí sigue siendo mi primer profesor!) Se acordaba perfecto de Manuel y de mi –eso es muy bueno, no? Nos estamos haciendo notar!- Muy dulce él al vernos tan nerviosos, nos pegó las copas de los postres al plato con glucosa porque, sin ese detalle sublime, el estupendo mousse de frutillas con aquella deliciosa salsa en copas de martinis hubiesen volado en cámara lenta sobre las mesas buscando alguna víctima poco versada en el arte de esquivar objetos voladores… Probablemente, alguien con lentes que solo estuviese concentrado en como comer correctamente las verduras salteadas de su plato para que éstas no escaparan por el mantel jiji!

En fin, tras varias correcciones, una compañera que rompió un plato, las burlas de la mesa de seis hombres a una de mis compañeras que la subieron al columpio y no la bajaron más, un leve retraso de platos, la chica del bar que sonreía tranquila desde su isla nada-me-inmuta-aquí-muajaja, la Maitre que se aburría un poco después de que llegaron todos los clientes sin saber qué hacer, los runnings que se volvían locos acarreando platos con cubiertos voladores, las sopas que llegaban a la mesa y no se había cambiado el tenedor de la entrada por cuchara y las botellas de vino espumante que se abrían como volcanes en erupción, el servicio de restaurant al fin acabo.

Mis clientes se despidieron de mi muy agradecidos (no sé de qué!) hasta con beso en la mejilla. Me salió de corazón prometerles que la próxima vez lo haría mejor. La verdad, no sé cómo podré cargar platos, ignoro cómo lograré equilibrar dicho peso pero no me la va a ganar. Sé que lo conseguiré!

Cuando el lugar quedó vacío hubo un suspiro largo generalizado. ¡Habíamos sobrevivido! Yujuuuu! Ahora debíamos hacer nuevamente la misma labor de un principio, en mi caso, volver a dejar todos los cubiertos relucientes, contados y ordenados. Ya eran pelos de la cola y el trabajo se pasó rápido entre burlas y risotadas.

La moraleja de la historia, en mi caso, fue valorar aun mas las labores de los meseros, los runnings y los que cocinan para mí cuando voy a un restaurant. No es solo que te atiendan; el trabajo que hay detrás antes de que me siente a la mesa es enorme. Creo que jamás he denigrado este tipo de trabajos, siempre doy las gracias a quien me sirve pero recibirlo ahora, del otro lado de la trinchera, fue aun mas gratificador que el visto bueno de mi profesora. Así que ya saben, esa persona que los está atendiendo lleva horas ahí realizando múltiples labores para que sus mesas estén prestas para un buen servicio y ustedes disfruten de un agradable momento. Sonrían, den las gracias y despídanse de quien los atiende… un pequeño gesto puede hacerle el día a esas personas.

domingo, 18 de marzo de 2012

El peso del estudio.


Y aquí voy!!! Segundo semestre y 1/6 del tercero ya que estoy adelantando un ramo. ¿Qué tal la vuelta a clases? Ruda. Sigo levantándome feliz pero la espalda la tengo absolutamente contracturada por el peso de la mochila (23 kilos y medio la última vez que la pese sin contar los cuchillos que se cargan en bolsito aparte). ¿Alguno de nuestros profesores pensará en ello? ¿Alguien de administración? Porque de verdad que me duele hasta las uñas!!!

Parto relativamente bien las mañanas pero, hacia el final del día, ya ni me muevo. Arrastro mis patitas y hasta la escalera de mi casa en la noche se ve como una tortura ridícula que debo cruzar para librarme del “caparazón”. No es broma. Viva el paracetamol porque soy alérgica a la mayoría de los relajantes musculares. Necesito un quiropráctico que haga sumo para que me estire, me reestructure, no se…para que haga lo que tenga que hacer para que yo sienta que tengo cuerpo de nuevo y no un desparramo de huesos que pareciera que no encajaran!!! ¿Será igual en todas partes del mundo? ¿Tanto peso en la espalda en gastronomía? Me dijeron que me comprara una maleta con rueditas, que era “santo remedio”; yo aun tengo mis dudas de quién entraría, si la maleta o yo, en el metro en hora punta. Sospecho que las dos en ningún caso. Si las personas pasan sobre un coche con un bebe en él, ni pensar en mi maleta…!!!

Así que ya termina este domingo y mi caparazón ya está lista para mañana. No sabia que el peso del estudio doliera tanto!


lunes, 9 de enero de 2012

La desastrosa primera vez.

Ok. Me reivindiqué… o tal vez, en esta ocasión lo hice bien, como debía hacerlo porque la primera vez, francamente, fue espantoso!!! Yo no pude mentirme a mi misma; así de mal… ni el auto convencimiento pudo con la cruda realidad; tenía 14 años, un kilo de cebollas y tenía que preparar almuerzo en un día de suspensión de clases por exceso de lluvias. Entonces tuve lo que ya denomino “Una Idea Brillante” (idea que a priori parece fantástica pero que siempre, sin excepción, termina con un pésimo resultado): Hacer una sopa de cebollas.

JA!

El resultado fue desastroso. Escogí una mala receta porque seguí la primera que encontré en casa sin darme el tiempo de consultar otros libros – la paciencia jamás ha sido una de mis virtudes…- y recuerdo que parte de las indicaciones de mi receta era cortar el kilo de cebollas en brunoise (cuadritos de 0,5 por 0,5 centímetros) y mi gen de mujer revolucionaria pensó “¿Para que picar el kilo de cebollas una por una si tengo una 1, 2, 3?!!!” Mala idea. Obviamente que mi picado fue muy rápido, ahorré preciados minutos de trabajo y, probablemente, muchas lágrimas de cocodrilo sin embargo, al probarlas, percibí un leve gusto amargo. Ok, bastante amargo... como metálico; no sé bien como describirlo de manera adecuada. En ese momento pensé que se pasaría en la cocción así que lo dejé pasar.

Segundo error.

Terminé con una olla lista para alimentar a un ejército con un horrible y humeante contenido cuyo vapor poco tentador hacía cabriolas en el aire. Para completarles la escena, era invierno, llovía a cantaros y todos esperaban una rica sopa… que claramente no era la mía!!! Me ahorraré la descripción de quienes se atrevieron a probarla. Bien recuerdo que, aun caliente, me dio una pataleta de aquellas, agarré un colador y taimada como estaba, volqué la olla en él dejando que el líquido escurriera al alcantarillado donde claramente pertenecía y los restos de cebollas a la basura (El basurero tampoco se quejó) Ese día, ofuscada como estaba porque si hay algo que no soporto es que las cosas salgan mal, aprendí valiosas lecciones:

1- Si vas a probar preparar algo por primera vez y no quieres improvisar, investiga varias recetas hasta que una de ellas te convenza lo suficiente o hasta que tu mente te ilumine mezclando varias de ellas.

2- No utilizar la 1,2,3 con las cebollas y a darme el trabajo de picarlas siempre a mano; Muchas personas no notan la diferencia pero yo le sigo notando un gusto raro, debería averiguar si soy la única loca que percibe esto, no?

3- Y la última lección, no menor: si vas a hacer algo por primera vez mejor intentarlo cuando nadie te este esperando con la cuchara/tenedor en la mano. De alguna manera relaja mas preparar algo nuevo sin presión, sin pensar que si queda mal varios quedarán con los colmillos clavados en el piso. Y, solo cuando la receta ya haya sido probada y tengas claros cuáles son sus puntos críticos, repetirla para otros. Todo estará más controlado y será como poner “play”; Ya sabrás la letra de esa canción y podrás cantarla a todo pulmón.

Y todo esto porque hoy, después de muchos años, me atreví de nuevo con mi sopa de cebollas. Corrección: Mi temida sopa de cebollas. Después de almuerzo, calladita para no tener a nadie revoloteando, me deslicé a la cocina y comencé a cortar las cebollas en plumas; de ahí en adelante, todo fluyó maravillosamente bien. No sé si es la mejor sopa de cebollas del mundo pero me hizo sonreír con la primera cucharada. Creo que lo maravilloso de este plato es que es bellamente simple. Sus ingredientes, su preparación, sus costos… es deliciosa!!!

No sé a cuantas personas les interesa leer lo que escribo, por FB he recibido mensajes de algunos comentando mis locas entradas así que aquí les va una pregunta: ¿Cuál a sido el gran plato desastroso que han preparado? Si se animan, dejen la historia en el blog, en FB o por inbox. Sería genial saber cual o cuales han sido “sus sopas de cebollas”.

jueves, 5 de enero de 2012

Una palabra.

Hay una palabra de la cual siempre he estado enamorada: Viaggiatore.

Decirla en voz alta ya es éxtasis; bocado a un tiramisú sublime de un lugar lejano.

Viaggiatore… Tropecé con la palabra mientras traducía un texto atrás hace años, torpemente como solo una amateur a la traducción puede hacerlo: a punta de borrones con un diccionario y una taza de café tibia de madrugada. Con los tomos y libracos de aburridas materias, Viaggiatore sucumbió a años de textos aburridos que terminaron arrinconando la palabra en una esquina polvorienta de olvido. Sin embargo, desde ayer en la mañana Viaggiatore resuena en mi cabeza invitándome a viajar. Estaba en la ducha cuando asaltó mi cabeza casi gritando “¿Me recuerdas?”. Me vestí pensando en ella, en el contexto de cuando la había descubierto y cómo la asociaba a una de mis más queridas cartas del tarot: El Mago. Luego me puse a hacer otras cosas y dejé de darle vueltas… Hasta la tarde donde apareció con gloria y majestad. No revelaré detalles de mi extraordinaria tarde pero, de una u otra manera, los puntos esparcidos en la hoja, se unieron armónicamente con ella de brújula. Insólito saber que la palabra me encontró primero y me subyugó dulcemente con parajes que aun no he visto, aromas, sabores que aun no he experimentado… todo es latencia de momento; un palpitar, otro palpitar que retumba en esta palabra que va tomando forma seduciéndome a dar pisadas donde no entienda lo que hablan… donde cada mañana extrañe y me maraville con la misma intensidad.

Viaggiatore. Si escarbo un poco en la superficie, hasta el perfil de hombre que realmente me han atraído llevan tierra de otros países en sus zapatos. No sé si algo de esto se concrete finalmente, solo sé que Viaggiatore ha despertado como un dragón hambriento en busca de nuevos rumbos.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Crear Magia!!!

A solo horas de mi prueba final de taller de pastelería. Tranquila–nerviosa. ¿Tranquila? Ok, dejémoslo en nerviosa! Y es que son tantas cosas a preparar en tan poquito tiempo…!!!

El jueves pasado di la última de taller de cocina; salí espantosamente impregnada a reineta pero feliz!!! Noten la sutileza del vocabulario “Impregnada”… Ja ja ja! Yo A-PES-TA-BA! Así, tal cual. Si la gente no se alejó de mi en el metro fue porque no tenían espacio al cual huir! (acá iría una carcajada de villana planeando una buena maldad ante la mirada asustadiza de sus víctimas)
Además, aun no manejo bien la técnica de filetear un pescado (Gracias Manuel por ayudarme en la prueba porque no lograba arrancarle las espinas superiores ni inferiores!!!), mis vegetales torneados – Tornear: con el cuchillo les das formas a los vegetales de modo tal que se mejore su presentación o adornen un plato- hay que mirarlos, definitivamente, con mucho cariño y creatividad para adivinar qué son pero, aun así, después del jueves, puedo decir que fue prueba superada con creces. Supongo que la práctica hace al maestro, ¿no? – Aunque, para ser honesta, tendría que tornear papas, zanahorias y nabos todo el verano para conseguirlo!!!


Ahora como arándanos congelados (me encanta comerlos recién sacados del freezer. Parecen micro helados de agua en bolitas!!!) y pienso en cuadrar todo lo que tengo que hacer mañana en dos horas para mi prueba. En paralelo, busco nuevas ideas para el relleno de pavo de navidad y pienso en los postres… Algo rico y sorprendente para esperar las 12 de la noche y abrir los regalos tras una maravillosa cena! Y entre todo este enjambre mental, cruzan ideas de comprarme una máquina para hacer helados, en saltar a la piscina, en ordenar mi closet que seguramente ya tiene en su gran desastre un pasadizo secreto a Narnia y en guardar mi uniforme (Alias “El disfraz”) para mañana. Porque obvio que estaré a última hora mañana guardándolo todo como buena chilena, hiperventilada repitiendo mentalmente medidas y me iré de casa pensando que se me queda algo. Si tengo un buen día, solo es mi lado negativo jugándome una mala pasada. Si tengo un mal día, es mi señal de alarma para llegar a la universidad, vaciar la mochila con el corazón a mil y esa vocecita interna macabra muerta de la risa diciendo “¡Te dije que se te quedaba algo! Te lo dijeee!!!” Lo trágico de que se me quede algo es que no podría rendir mi prueba. Uno instantáneo!

Pero no me quiero mover aun. Todavía me quedan arándanos y miro mis uñas de los pies junto al laptop pensando en pintarlas. También extraño pintarme las uñas de las manos. Entiendo por qué no puedo cocinar con esmalte de uñas pero eso no quita las ansias de llenarlas de colores. Tal vez debería enfocarme en escribir algo coherente y menos superficial pero cada línea tiene, entre punto y punto, a lo menos dos minutos de diferencia que es el tiempo que aproximadamente me toma seguir revisando rellenos de pavo en internet y ojear el especial navideño de Jamie Oliver en el Fox Life. (Y pensar en la inmortalidad de las uñas de mis pies… of course!)

Prueba, esmaltes, manzanas y castañas, prueba ¿Piscina? No, no… Debería in por un café y dejar de pensar en navidad. Estudiar…. ¿Con este calor? Vuelvo a la Navidad ¿Acaso hay algo mejor? Solo me falta la nieve para la estética perfecta. Hay algo en el aire (Si hay un Grinch leyéndome, algo que no es el mal genio con rabia espumosa emergiendo de la boca en las personas comprando apuradas en un mall) Esta es una época donde te esmeras porque todo salga perfecto, por disfrutar una rica cena con los tuyos… te esmeras por crear magia.

Así que, donde sea que estén, en el lugar del mundo que la Rueda de la Fortuna los llevo (arrastró, secuestró y, en algunos casos, hasta amordazó) espero que se dejen embriagar por esta época y dejen todo de lado un momento para encantar a sus seres queridos: Atrévanse a galletear aunque se les queme la masa, preparen esa receta que tanto tienen en mente pero que jamás se han atrevido, jueguen! Porque se puede, como si fueran niños fusionando sabores, colores y texturas y pasen estas fiestas celebrando con el alma. Irradien magia y encandilen porque toda esa energía se transmite a los que los rodean y llena los corazoncitos. Frecuencia navideña! En esta época todo es posible!!!

¡¡¡Felices fiestas!!!

sábado, 26 de noviembre de 2011

Ambiente de estudios...???

Y yo que ilusamente pensé que esto sería relativamente fácil… JA! Si ando perdida es por la mágica mezcla de Estudio + Cansancio + Pedidos + Calor + Algún carretin por ahí. En verdad, y que pena decirlo, ese listado va de mayor a menor así que mis “salidas recreacionales” han disminuido notoriamente en la semana (Mas que nada porque a nadie le gusta ver a un extra de The Walking Dead bailando un viernes por la noche, no?)

¿Qué tal va todo? De momento, maravillosamente bien. “De momento” pasando los 8 ramos, de momento rezando a los santos parrilleros para eximirme de los 6 ramos en que me lo permiten (Lógicamente talleres de cocina y pastelería no tienen examen así que estoy frita en el mejor concepto culinario con clases y pruebas forzadas de ambos hasta el 19 de diciembre).

El día a día transcurre simple; Me levanto a las 6:30 con cara de zombie, ducha cantada, vestirme, desayuno flash, arreglarme y salir. Me subo a presión al metro con mis ciento y tantos amigos en el vagón, me voy de sticker en la ventana con mis lindos audífonos en los oídos para dejar el cuerpo y que la mente flote por ahí… bien lejos ¡En un lugar con espacio! Llego a la U entre 8:30 a 9:00. Me tomo el segundo cafecito del día y reviso el diario que me traigo de casa. A eso de las 9:30 comienza el estudio de lo que sea; lo que tenga a mano, pendiente o con próxima prueba hasta que comienzan mis clases que varían, en su mayoría entre 11:40 y 14:00 hasta las 18:20 todos los días. Así que mañanas estudiadas dan dos beneficios: buenas notas y fin de semanas libres!

Hay cosas que no he contado y que más de un fin de semana, que es cuando me siento con mi cafecito mañanero con el laptop a inspirarme antes de partir el día, he pensado en escribir. No, no voy a hablar de mis nuevas lesiones porque el “incidente del kiwi” aun sigue fresco en la memoria de algunos así que mejor omitir ese tópico para no brindar gratuitamente más material que será usado en mi contra… No sé, cosas como el ambiente universitario al cual aun no me adapto (la copia chilensis y bien a carbón de Lady Gaga, Britney con las raíces negras, la doble-doble de la vocalista de Paramore, el tipo de dudosa sexualidad que se viste con shorts negros de satín ajustados y las calzas de animal print por tan solo nombrar a algunos de los personajes destacados de mi farándula criolla… Todo esto mezclado con tipos tan, tan -y perdón la palabra, no me gusta usarla pero a veces no queda de otra- flaites que, en conductas y formas de expresión que simplemente me repelen) El haber pasado por una facultad de Derecho inevitablemente me acostumbró a un estándar de alumnos que, con el paso del tiempo, se mimetizan porque, el que intenta ser “diferente”, usualmente es objeto de burlas del profesor de turno. Todavía recuerdo en primer año a un compañero que llegó con una camisa con estampados de flores caribeñas, shorts y chalitas a clases y el profesor se planta delante de él muy serio, lo mira hacia abajo y le pregunta fuerte y con voz profunda “¿Y usted? ¿Viene a la playa?” Nunca más lo vi venir con nada similar. Ahora es diferente; entre tipos con pinta de asaltantes que se garabatean de un lado a otro de la cafetería, el picante que pone el reggaeton a todo volumen en el laptop para que nos enteremos de que tiene un laptop y la otra mas allá que cuenta con cuantos pipeños en la cuneta quedo out la noche anterior… Ufff!!! No sé, creo que extraño mi otro ambiente de estudio… Extraño escuchar debates en el patio, extraño ver a personas leyendo efectivamente el diario, comentando alguna noticia; No me mal interpreten, hay personas que hacen esto pero son las menos, hay personas con las que, gracias a Dios, puedo hablar de algo más que el tiempo, pero siguen siendo las menos. … A veces extraño el silencio al estudiar en las mañanas porque pareciera que si te ven estudiando, hay un deber de poner la música en alto para torturarte. En Derecho, si veías a otro estudiando, daba lo mismo dónde estuviera (biblioteca, patio, pasillo…) bajabas la voz para no perturbarlo. Acá da igual. Bueno, tampoco se ve mucha gente estudiando… tal vez vaya por ahí el tema…

Increíble que yo esté diciendo que extraño a la Boca del Infierno… Quien lo diría!!!

Que fuerte es cómo nos moldea el lugar de estudios. Confieso que no tengo ningunas ganas de acostumbrarme a esto. Prefiero seguir respingando la nariz a incorporar actitudes, conductas, formas de vestir y de expresión que, de momento, me parecen más que burdas. No tiene nada que ver con el estrato socioeconómico, es crianza, valores, educación. Y si no tienes nada de eso, no hay billete que te salve.

Iba a escribir algo más de mi compañerito “Calcetines de la suerte” pero creo que me abstendré para no ser tan deslenguada y quizás hasta “estirada” en este post. No voy a escribir mintiendo, así veo yo mi nuevo ambiente… tal vez con el tiempo ya no me llame la atención lo mismo que me hace abrir los ojos como monita de animación japonesa ahora. Quién sabe, al final siempre es cosa de adaptarse; como bien está comprobado a lo largo de la historia, animal que no se adapta, muere.

Que tengan un gran fin de semana!!!