sábado, 5 de julio de 2014

Receta de Chocolate Caliente (Especiado).

No sé por qué los sábados despierto tentada. Debe ser porque mi vida de nómada estas últimas semanas me ha tenido algo alejada de la cocina que, de pronto, al despertar en mi cama, empiezan a cruzar muchas ideas malvadas de qué hacer con las horas que tengo por delante. Hoy mi obsesión fue el chocolate caliente. Aclaro que este particular brebaje nunca a sido santo de mi devoción. Me trae recuerdos de cumpleaños infantiles con vasos plásticos llenos de un humeante mal chocolate caliente en polvo con, a veces, exceso y otras veces nada de azúcar y cero cuerpo. Yo deseaba probar hoy ese chocolate espeso que te revoluciona los latidos... Ya saben, ese chocolate amargo que sabe a pecado y da lo mismo que te autorepliques que el próximo encuentro con la eliptica será doble, lo vas a probar. Y no solo eso ¡Lo vas a adorar!

Entonces empecé a investigar... Yo tenía de referencia mis tazones de chocolate caliente con churros españoles que, tengo que confesar, causan una extraña y perversa adicción. Entonces partí el café mañanero con internet buscando y buscando recetas. Habían unas muy básicas de cacao en polvo y agua, cacao en polvo y leche mas azúcar pero no necesitaba ser una experta para concluir que esa linea de recetas no me llevarían mas que a mis horrorosos recuerdos de chocolate caliente de cumpleaños. Segundo café y mi ampolleta se prende! Averigué que los españoles lograban esos maravillosos tazones con mi adicción gracias a unas tabletas de chocolate especial que llaman "chocolate a la taza" que trae también algunos espesantes aparte del cacao y ahí, voilà la textura! ¡¡¡Ese era el secreto!!!

Yo no tenía a mano esas tabletas.
 ¡Y yo quería mi tazón de chocolate!

Mis opciones para espesar - de acuerdo a lo visto en clases y en consideración al stock en mi despensa- eran básicamente cuatro:
- Yema de huevo.
- Crema.
- Maicena.
- Harina.

Huevo no le pondría ni a palos. La leche que ocupo para mis cafés es descremada asi que mi idea flaqueaba raquiticamente en este punto; necesitaba si o si dar textura. Crema sería una bomba de calorías  (y si señores, uno también piensa en ello cuando cocina!) y la harina pues, ni hablar! Opté por la maicena. Ahora solo me quedaba dilucidar si quería chocolate solo, especiado o con malicia.

¡Especiado!  Ya pensaría lo de la malicia.


Nuevamente investigar. Porque por instinto para mi danzan perfecto el chocolate con la vainilla y con canela. Pero quería mas. Quería bailar con los sabores ¡Quería el gran y poderoso tazón que hiciera llorar a los otros chocolates calientes!

 Tercer café y ya sabía mas menos que música tendría mi fiesta privada:

- Cardamomo: solo una pizca porque no queremos que el chocolate sirva de descongestionante nasal. El cardamomo en su dosis justa permite resaltar los sabores del chocolate y potenciar sus notas.
-Nuez moscada: Según leí hace un tiempo atrás, quita ese efecto empalagoso del chocolate, nuevamente en su justa medida. O sea, no te pongas a rayar como loco nuez moscada. Solo una pizca, tipo pizca de deditos de bebé.
-Vaina de vainilla: ¿Si los aztecas ya la ocupaban para realzar el sabor del cacao por qué yo no? Adentro media vaina loca.
- Media rama de Canela: Otra muy buena combinación que los mexicanos conocen desde hace muchísimo tiempo.
- 2 Clavos de olor: esta fue de tincada... si la canela y el clavo de olor quedan bien en mi navegado ¿Por qué me debería fallar en el chocolate?
- Zeste de Naranjas: Para aromatizar esta dupla es inseparable!
-Anis estrellado: Solo lancé una estrellita depositando toda mi fe en ella; su dulzura y su aroma fue una apuesta que no pude resistir.

¿Ya te tentaste? Si la respuesta es si, . vas a necesitar:
- Una olla.
- Un batidor manual (si no tienes, dale con una cuchara o tenedor)
- Una taza para medir.
- Un tazón para servir.

Es ahora cuando mis amigos imaginarios empiezan a dar saltitos en el aire porque llegó el momento de ejecutar el experimento. ¿Qué ingredientes necesitas para jugar con nosotros?

- Medio litro de leche descremada. No seas como yo y usa la entera si tienes esa en casa. Seguro que da aun mejores resultados!.
- Calculo entre unos 150 a 200 gr de chocolate bitter marca Belcolade (Si confieso que lo hice al ojo!). Insisto que esa es la marca que yo adoro pero si tienes otro en casa, bienvenido sea. Lo importante para mi es que tenga un buen porcentaje de cacao y que sea amargo para que el chocolate no me hostigue al primer sorbito.
- 1/3 taza de azúcar. Pensé en poner endulzante pero ya le haré variaciones, Vamos primero tanteando terreno. Si eres de aquellos tolerantes al azúcar, este es tu item! Incorpora cuanto creas que es necesario según tus gustos.
- Todas las especias mencionadas anteriormente!!!
- 2 cucharaditas de maicena.

Yo me dejé llevar, saben? Puse la olla al fuego con la leche, el azúcar y las especias. Esperé a que hirviera para que éstas últimas liberaran sus aromas a la leche y la saqué del fuego. Filtré la leche para retirar las especias e incorporé rápidamente mis preciosas monedas de chocolate Belcolade cual Golum revolviendo sin parar hasta que comenzaron a derretirse. ¡Para ese entonces mi corazón daba saltitos de felicidad!. Nuevamente puse la olla a fuego bajo y revolví hasta que tomó temperatura para luego, incorporar la maicena disuelta en un poco de agua. Revolver sin parar hasta que tome textura y listo, señoritas, señores y amigos imaginarios! ¡Chocolate caliente!



Lo serví en mi tazón de chocolate y toqué el cielo. ¡Me encantó! Había pensado decorar con crema chantilly pero de verdad que no fue necesario. Espero que se motiven, lo intenten y me dejen sus comentarios. Increíble para este frío invierno.

Los quiero!

miércoles, 25 de junio de 2014

De las lágrimas a la fe estúpida y resorte del cambio.

No va a ser la primera ni la última vez que ocupo esta instancia para desahogarme. Es mas una especie de catarsis. También me prometí, cuando partí el blog, que escribiría lo bueno y lo malo de estudiar gastronomía así que será una de esas instancias malas hoy.
Ayer exploté en la universidad. Lloré a vista y paciencia de varias almas. Generalmente no suelo llorar mucho de pena; ¿De rabia, de impotencia? Uf! ¡Ni se imaginan! incontables veces.
 Llorar a escondidas, si.
 ¿Expuesta? Intento que no.

 Pero ayer se me escaparon las muy malditas porque estoy agotada con situaciones muy puntuales en este rubro. La cocina es un mundo se presta mucho para los gritos, las palabrotas, las miradas de odio fulminante y las amenazas. No es una justificación pero creo que la adrenalina a veces le juega en contra al ser humano y nos dejamos llevar por la ira, la ofuscación y el estrés. Cuando te dejas llevar por estos sentimientos, pierdes el norte, dices cosas que no tenías en mente decir y hieres. Finalmente hieres. Un equipo de cocina bien sincronizado es observar en movimiento un perfecto engranaje. Literalmente todo se mueve a compás. Lo he visto. No hay gritos, no hay esa idiotez de tener que estar encima del otro para que haga algo. Ya se conocen y cada cual sabe lo que tienen que hacer.

El mundito del estudiante de gastronomía muchas veces difiere de ese engranaje perfecto. Y esto lo digo desde mi óptica mas personal, si yo fuera una diosa gastronómica, no necesitaría a nadie que me enseñara nada. Creo que el proceso en si de aprendizaje no acaba nunca: Ahora estoy aprendiendo en la universidad pero si el fin de semana una tía me enseña una nueva receta estaré aprendiendo, con mi nuevo jefe estaré aprendiendo sus técnicas, cuando lea algo estaré absorbiendo conocimientos y así, suma y sigue. Es un flujo constante en la vida.  Tener esa conciencia de que el aprendizaje nunca acaba te da una perspectiva nueva de cómo enfrentar una situación de enseñanza, sea que estés como docente o que estés en la posición de alumno. Te brinda alturas de miras para poder enseñar una y otra vez algo hasta que tu alumno aprenda porque no todos procesan la información de igual manera. He tenido profesores que literalmente han parado la clase ante una mano levantada y se han tomado hasta 30 minutos en explicar algo de diferentes maneras hasta que el alumno entiende. También he tenido la cara opuesta, aquellos que se exasperan, que caen en el juego de pisotear al alumno "¿pero cómo no va a entender? Si hasta mi hijo de tres años entendería esto?" En frente de un curso de treinta alumnos, una frase de ese calibre con un buen tono burlesco hace que ese alumno se abstenga de levantar la mano hasta el final de semestre.

 A lo que voy, es que a veces pierdo un poco el eje, es que en cocina de gastronomía puede confluir dos fenómenos que se potencian: el mundo de la cocina  y el mundo del alumno. Es a veces la receta para un desastre. Reconozco y soy super honesta en esto, que yo no soy la perfección de alumno, que probablemente hay muchos mas con mas habilidades y conocimientos muchísimos mas grandes que los míos pero hay dos cosas que creo tengo a mi favor: puedo decir en voz alta cuando cometo un error ("Si en verdad yo fui la que pesó mal los ingredientes del pastel, fui yo la que le saqué el agua a los espárragos, la salsa me quedó espantosa, fui yo la que dejé que el tocino se quemara en el horno...") y, estoy acostumbrada a recibir gritos -Aclaro que no me gustan para nada!- Ya me gritaron mil veces mis profesores de derecho usando palabras que tuve que buscar literalmente en un diccionario. Ya me gritaron jueces cuando hacía la práctica, ya recibí gritos y amenazas de la contraparte. Que un profesor me levante la voz,  honestamente y a estas alturas del partido, en el momento me puede causar rabia o dolor pero no me va a llevar a dudar de lo que hago. De quién soy o a dónde estoy sin embargo, no funciona igual para compañeros que son menores que yo y que no tienen una experiencia de vida que  les permitan filtrar una mala crítica, una lengua cargada de mutilaciones de sueños. Entiendo que un profesor a veces pueda dejarse llevar por la adrenalina del momento y levantar la voz. Lo entiendo. Es un ser humano. No puedo criticar lo mismo por lo cual yo también peco y he pecado. Lo que me duele es que de pronto se olvide que estamos donde estamos porque queremos aprender. Que del hecho que en muchas cocinas del rubro te levanten la voz no significa que debamos seguir exactamente el mismo modelo. Que si quiero ser un buen líder para mi equipo, puedo encontrar muchas cosas malas en un plato pero es también mi deber buscar algo que rescatar. Es mi función motivar e intentar que mi equipo lo intente nuevamente con el doble de ganas. Si mi equipo cae es porque yo estoy haciendo algo mal. No son solo ellos los que fracasan. Yo fracaso aun mas que ellos.



 Y quizás todo esto va mas allá de mi, de cocina... quizás necesitaba expulsarlo porque, si tienen un equipo de personas a su cargo, rescaten siempre lo malo para no repetirlo de nuevo y aun mas lo bueno porque así finalmente se motiva el alma. Y no estoy pidiendo a un líder que esté con los pompones cual cheerleader, sino que busque la forma de sacar lo mejor de las personas que tienen a su cargo. Porque en esta vida de eterno aprendizaje, el profesor siempre sigue siendo alumno. Todos finalmente lo somos. Y siempre necesitaremos de ese alguien que sepa algo mas que nosotros y que este dispuesto a enseñarnos. Una, dos, tres veces, las que sean necesarias hasta que aprendamos eso. Un profesor, padres, un maestro, un guía con la conciencia que él esta en el mismo camino, solo que un poco mas adelante. Favorecer el diálogo, potenciar las habilidades, no agrandar los defectos. Generar confianza. Y a los que tenemos un poco mas de "cuero de chancho" a las palabras fuertes, los invito a cobijar a los que no las tienen para que sigan adelante.

Estoy cansada. Quiero que acabe el semestre. Me sigo impulsando, aun a fuerza de probar nuevas recetas en casa bailando sola en la cocina, de investigar, de escribir y tomar fotos de comida. Porque todo parte por uno, no? Queda camino por delante.

Los quiero!

miércoles, 11 de junio de 2014

Pollo Fitness- Receta.

Cada vez que conozco a un tipo nuevo y le digo lo que estudio, asumen que se viene la gran cena de mantel largo con música ad-hoc y un baile de platos. Al parecer la leyenda cuenta que los cocineros comemos increíblemente gourmet todo el tiempo. Siento ser yo la que les diga que eso, las mas de las veces, no sucede!!!. Y no es que no nos apasione la comida, ¡al contrario! Podemos pasar horas mirando montajes de platos, indagando en internet por nuevas recetas, buscando roñosos libros en ferias de las pulgas con polvorientas recetas de la época de Alarico II y acostándonos pensando en cómo preparar lo que tenemos en mente pero, tras largas jornadas laborales, llegar a casa a cocinar no resulta muy tentador. Y si, confieso que muchas veces me quedo delante del refrigerador con la puerta abierta en mano mirando con cansancio lo que sea que tengo adentro. Pensando la clásica pregunta "¿Qué comeré hoy?" Somos igual que los que no estudian gastronomía. Caemos en la misma trampa cada vez que llegamos a casa.

Y así es como la historia de esta preparación parte... camino al depto de Ju con sonajera de tripas a las 17:15. Sin almuerzo aun, mi alien en el estómago rugía a mas no poder y se ponía en alerta al primer aroma a comida que recibiera. Obvio que las malas costumbres no se quitan de un día para otro y así, de un extremo a otro del pasillo del bus, le pregunto a la Ju "¿Qué cenaremos hoy?"

- ¿Pollo?- me responde alzando una ceja no del todo convencida.
- Pollo....cómo? ¿Con qué?
-Mmmm... ¿apanado con arroz?
- Suena bien...¿Tenemos todo o pasamos al supermercado?
- Super. Nos falta pan rallado.

En ese preciso instante recordé alguna vez, en algún programa de televisión, en el que preparaban pollo con hojuelas de cereales. Mi amiga imaginaria responsable, la Domi, que para ese entonces figuraba muerta tras Costos de la Industria Hotelera, me susurró que olvidara la idea de mi pollo y dejara que Ju llevara acabo su receta familiar de la cual había escuchado excelentes buenas reseñas pero que jamás había probado. ¡Había llegado el momento de probar el pollo apanado de Juuuuu! Sonaba a buen plan de acción hasta que mi amigo imaginario malvado le dio un codazo y la sacó del asiento argumentando que podría intentar lo de los cereales. Honestamente creo que el muy roedor quería ver un desastre de pollo en hojuelas y por eso insistió tanto en el tema y la verdad es que me convenció! Me bajé del bus directo al super pensando en probar la teoría de las hojuelas. Mientras Ju daba vueltas buscando pan rallado, me fui directo al área de cereales cabeceando en cuál usar porque mi primera opción era utilizar los Corn Flakes Kellogs. Domi en el acto lanzó una gran argumentación aludiendo a que las hojuelas eran delgadas y que quizás eso repercutiera directamente en la crujencia del pollo. Opté por llevar el cereal fitness porque sus hojuelas son mas gruesas e integrales.

 ¿Si me sentí hereje pensando en que lo sumergería en aceite? Si! pero era por el bien de la cena.

Nos devolvimos arrastrando las patitas con la noche pisándonos los talones y mi amigo imaginario autista, mi querido Vivo,  recogiendo hojitas cafés del piso. Los otros dos secuaces nos seguían con paso firme discutiendo qué se venía con el famoso pollo. En tanto descongelábamos los filetes de pechuga de pollo, yo preparé el arroz y Ju aplicadamente desocupó el área de cocina en plena sincronía. Sonó el microondas y había llegado el momento de poner manos a la obra! Yo no quería arruinar nuestra cena; Mi experimento podía fallar estrepitosamente y terminar en la basura así que le dejé la gran porción de pollo a ella que los prepararía con la receta familiar y yo separé unos pocos para el experimento. Lo primero que pensé fue en los sabores que quería incorporar. Desfiló el merkén para despertar las papilas gustativas (aunque mi alien estaba mas que despierto en el estómago...debería haber tragado un somnífero), la sal, la miel porque simplemente me gusta y de la mano debía ir la mostaza porque no hay dos mejores amigos que esos dos juntos!. Quería pimienta negra gruesa pero no encontré asi que lance al bowl donde ya llevaba todo lo anteriormente nombrado, un poco de orégano (las malas lenguas dicen que abre el apetito) y un huevo entero. Lo batí hasta que todo formó una mezcla homogénea. A este punto mi querido lector, si esperaba que esta receta fuera con gramos, siento decepcionarlos. Tenía tanta hambre que solo fui lanzando todo al bowl como me tincaba. 

Si tienen miedo a meter las patas ¿Qué importa? Queda mal y punto. Solo dejense llevar, nada de miedo y atrévanse a no seguir la pauta por una vez. Esto sería como sacarse el sostén en la revolución femenina pero en el ámbito de la gastronomía ¡Sin medidas!

Toca ahora lo más fácil.  
Primera etapa del experimento: Tomar cada porción de pollo y enharinarlo. ¿Por que lo enharinamos? para que fije mejor los pasos siguientes.
Segunda etapa del experimento: Pasar ese trozo de pollo blanquecino por la mezcla de huevo con todas esas especies que quieran añadirle. Si solo lo pasan por el huevo, la tercera etapa resbalará y dejará un desastre en sus sartenes! Creanme, todo quedará en todas partes del sartén menos donde debería estar ¡en el pollo!
Tercera etapa:  tras enharinar el pollo, pasarlo por el bowl con el huevo, es apanarlo en la mezcla de hojuelas integrales levemente molidas con las manos y un poco de pan rallado. ¿En qué proporción hice esta mezcla? Diría que 4 es a 1 (4 de hojuelas y una de pan rallado). Le volví a poner algo de sal a las hojuelas- ya que tenían notas levemente dulces- y dejé mi experimento unos 25 minutos en el freezer para que el frío fijara aun mas las hojuelas mientras Ju para ese entonces, apagaba el arroz y freía ya su receta de pollo familiar (Habemus pollo apanado gritaba mi alien enfurecido en mis tripas!!!)

En cuanto terminó Ju con el sartén, partí rezando. Mi amigo imaginario malvado se trepó al mesón sin quitar su mirada del sartén. Creo que ansiaba tanto el desastre que ni respiraba deseándome mal. Domi, en tanto, se sentó muy señorita sobre una silla tomando coca light a sorbitos analizando la teoría de Sheldon Cooper con las cuerdas que ni yo logro entender bien de qué trata. Vivo ni idea dónde andaba... él siempre está en su mundo, tanto que a veces se me olvida que anda por ahí. Ya perdí el punto! Sartén caliente, aceite de maravilla que tome temperatura y lancé la primera porción de pollo rezando que las hojuelas se mantuvieran pegadas. Fue grata sorpresa ver que seguían ahí. Mi idea era dar vuelta y vuelta a la porción de pollo en el sartén y terminar su cocción el el horno a unos 180 grados celcius  por unos 10 minutos ya que no era muy gruesos los filetes. Confieso también que el hambre pudo mas y los hice todos en el sartén. Funciona de las dos maneras y ahí es decisión de cada cual como proceder. A mi me gusta mas hacer un vuelta y vuelta en el sarten y terminarlo en el horno ya que de esta forma, el rebozado no absorbe tanto aceite y me engaño pensando que no es tan calórico. Sigue siendo calórico pero retiene menos aceite que solo preparándolo al sartén. Paciencia con mi redacción, van a ser la una de la mañana y estuve desde las 19:30 de la tarde escribiendo un trabajito de Perú. Dudas, consultas y bla bla me las hacen en comentarios y trataré de explicarme lo mejor posible. Lo prometo!

Bueno, ya en el sartén lo deje muy quieto y rezando hasta el momento de dar la vuelta a la porción a fin de evitar el desprendimiento de hojuelas. Lo saqué del sartén, dejé que eliminara el excedente de aceite en papel absorvente y obvio ¡Lo probé de inmediato! Nunca sabes cómo está hasta que lo pruebas!!!. Francamente el resultado me sorprendió! Crujiente por fuera, suave por dentro con la miel saltando con el merkén en mi lengua en pleno baile encandilante ¡Asombroso! Solo entonces puse las demás porciones de pollo en el sartén en diferentes tandas esperando al fin el "almuerzocena" como si fuese el mesías prometido.

Así que aquí les dejo las indicaciones. Jueguen, atrévanse a improvisar. No necesitan estudiar gastronomía para mezclar unos cuantos ingredientes y rezar como yo frente al sartén! Puede que este pollo no sea la comida gourmet esperada de una aspirante a cocinera pero fuera de la U y del trabajo, no le tengo que rendir cuentas a nadie and I feeeeeeeeeeeeeel GOOD (lease en tono de James Brown!)

Los quiero!

domingo, 25 de mayo de 2014

Transparente.

A veces no me da la frase para partir escribiendo algo. La primera línea es la crucial sin embargo a veces el cansancio me vence y mi mente tambalea en chispazos. Como hoy. Ya domingo, 1 am y figuro en mi nueva "no-cama" con el trasero molido tras una maratónica sesión de ¡no es eso que estas pensando!!! Sesión de matemáticas financieras. Casi todo el día sentada en un banquito rojo jugando con los números. Mientras todo el mundo se divierte hoy, yo estoy en pj escribiendo nuevamente desde mi cel lejos de casa.

 No me arrepiento de no haber salido hoy pues mañana vuelvo a la calculadora desde temprano. Lo que me llama la atención es lo silencioso que esta mi cel esta noche. Ni un  " ¿Segura que no puedes venir?" , " Te paso a buscar! vamos prende, si es solo por un rato..."  Nada! Y en parte agradezco la falta de tentación pero por otra, creo que es como una espina en el pie ver que me voy volviendo dispensable. Si no estoy, parece no importar.

Ya me habían advertido que la vida del cocinero es así, que sacrificas mucho de tu tiempo en hacer que los demás esten felices pero que, por horarios, simplemente no puedes acudir a todos los eventos a los que te invitan. Te pierdes cumpleaños, carretes, navidades, años nuevos entre otros. Y te van olvidando. Tan crudo como un atún antes de saltar a la plancha.

Transcurre tan lento que ni me iba dando cuenta. Porque te invitan y no puedes ir. Entonces das las disculpas pertinentes y otra invitación llega. Pero de 5 acudes a 2 con suerte.  Te recriminan que apareces poco pero aun te ven; todavía tienes forma y color. Te disculpas. Prometes aparecer mas y en tu fuero interno - y de todo corazón-  le pides a San-guchito que te permita cumplir la promesa.

La voz en off te dice que probablemente no será así.

Luego viene el "Es que ¿Para qué te iba a avisar si sabía que tenías que trabajar/estudiar/hacer pedido/descansar porque trabajaste muchas horas? Y tu entorno toma decisiones por ti y no puedes decir ni pío. Eres como el pollo en la tabla de cocina. Va al horno sin derecho a defensa.

Y luego caes en la etapa en la que, parece, ahora estoy incrustada. Cuando te comienzas a volver invisible. Cuando ya ni se dan la molestia de insistir en tu presencia y es cuando el abrazo de cocinero a cocinero cobra un sentido y alcance mucho mas profundo.

Dicen que el que quiere, puede pero yo creo que no siempre se puede. Me encantaría tener el tiempo del mundo para hacer tanto o mas de lo que hago y sumar a ello mas carrete. Llega un punto en que tengo que escoger entre pedidos o salir un viernes por la noche. Entre dormir unas horitas en la tarde para reponer fuerzas de la trasnochada de entrega de pedido o tomar un café pendiente. A veces no puedo. Tenía un ex me sacaba en cara que casi nunca tenía el viernes libre y no podía salir ya que debía trabajar. Nunca se le ocurrió ir a mi casa a acompañarme mientras preparaba algo. Igual fue bien pavo porque es secreto a voces que el que esta sentado al lado de un cocinero termina comiendo mas que un gato de carnicería, no? Confieso que nunca le dije nada.  Si no se le ocurrió, no era para mi.

Asi que estimados, me vuelvo invisible. En la cocina siempre tengo una silla para el que quiera ir a ver el show mientras cocino. En mi lindo sillón caben varios acompañándome cuando me siente en él a no hacer nada por un rato con los pies estirados. De aquí a final de semestre dudo tener mucho tiempo y mas ahora sin auto. Si sucede un milagro o alguna almilla me va a ver mientras cocino, estudio o miro el techo out por un rato, quizás recupere colores... O tal vez de aquí a julio me termino de disolver... Que heavy esto! En verdad es rudo percartarse que te has vuelto, casi por completo, transparente.

domingo, 4 de mayo de 2014

De la falta de concentración pasando a la falta de motivación.

Estoy en ese estado en el que ver volar una mosca es increíblemente mas interesante que seguir leyendo Recursos Humanos. Lo he intentado todo el fin de semana pero estas diapos tienen un don único de ocupar muchas de ellas para decir lo mismo. Una y otra y otra vez!!! Entonces salgo del trance y voy por otro café. Me lo llevo al comedor con mis diapos,  a la salita de estar, a mi habitación, a la terraza y no... ni el cambio de lugar funciona para seguir leyendo! Así que intenté el viejo truco de cocinar algo mientras leía. Usualmente hornear algo me sirve para estar lo suficientemente despierta entre que meto algo al horno hasta que lo saco. Funciono! Ahora mi café no esta solo y lo acompaña una rebanada de pan con nueces, semillas y ciruelas.

¿Mi lectura? Muy bien! gracias por preguntar.

Hasta puse aviso en fb si alguien quería estudiar conmigo. No sé si mis compañeritos no están estudiando aun esta lata o no quieren estudiar conmigo... (Ahondar en ello: Pendiente) Así que me puse a escribir porque las teclas usualmente calman mi cabeza.

Creo que hay algo malo conmigo desde que llegué (a callar ratas!!! es solo algo, una cosa mala no muchas cosas!!!). No sé si será porque entre noviembre hasta marzo estuve literalmente corriendo de un lado a otro entre pedidos de navidad y luego la práctica, que volver a lo que es mi rutina universitaria esta resultando una monotonía de zombie. Probablemente también se deba a que tengo taller de restaurant temático una vez por semana -si! una vez por semana, parece una burla!!!- que me siento...cuál sería la palabra? Desmotivada. Los ramos de administración tampoco ayudan a que esa enorme hoguera que llevaba hasta marzo se vuelva a prender (varios saben de mi lucha por los números y la sangre vertida) No quiero explicarme mal, adoro esta carrera solo que estoy encontrando que algunas cosas no tienen mucho sentido, saben? Si quiero preparar a alguien para la cocina y la administración, no le imparto taller de restaurant temático una vez por semana, no? Porque se supone que lo debo preparar para su futuro y lo mas probable es que en su futuro pase al menos 5 días en una cocina. Creo que lo que me molesta mas es que extraño aprender algo nuevo en cocina mas veces por semana. No quiero reforzar técnicas aprendidas en semestres anteriores, probablemente voy a tener toda una vida para repetir mil veces lo mismo...pero solo tendré a mis profesores durante un año y algo más ¿De verdad que no pueden enseñar algo nuevo? Y probablemente me dirán que es por ordenes de la administración, que es necesario que depure mis técnicas y bla bla... Extraño aprender nuevas recetas, nuevas técnicas. Extraño nuevos desafíos.

También pensé en buscar algún trabajito durante este semestre para ver un nuevo reto pero con mi horario de clases no me contratarían ni a palos. Sería sacrificar lo único que medianamente tengo para mi que son los fines de semanas y mis pedidos. Y necesito tiempo para mi aunque nunca logre dormir muchas horas y solo cierre los ojos invitando a Morfeo a unirse a mi causa... necesito mis pedidos porque me permiten soltar mi imaginación y ser yo a través de algo dulce.

Chanfle!!! si soy yo a través de algo dulce... ¿Me comen en cada bocado?!!!... estoy achicando los ojos mirando la pantalla. No le daré mas vueltas. Es retorcido. Mejor no.

Miro mi café sin entender bien si es normal que después de mucha revolución me sienta así. Quizás de verdad soy un ejemplar demasiado extraño... Nadie parece molesto por tener taller una sola vez por semana. Es mas, varios hasta celebran! A medida que pasan las semanas siento que voy acumulando una rabia con todo esto... una rabia a la malla de la U y va revuelta con plegarias al cielo para que mis clientes dejen las dietas feas del verano y con el frío vuelvan a encargar muchas cositas para poner manos a la masa. Si, aunque no lo crean las temporadas de calor no son buenas para este negocio pero el frío atrae a todos los hijos que reniegan el chocolate y los rollitos de canela muajajajaja!!!

Y para calmar esta energía que llevo adentro retomé el gym, he cambiado las cosas de lugar en mi habitación hasta que he olvidado donde iban, compré plantas, pinté tazas...y sigo sin entender bien qué pasa.

Isn't something missing?... como dice un viejo tema por ahí.

Y el café ya se acaba lo que es un claro indicador de que debo volver a lo que estaba: Recursos Humanos. Aquel mundillo mágico donde los trabajadores son socios de la empres...digo, organización y todos van felices tomados de la mano hacia el mismo fin. Y todos comprenden que todos son personas y nunca, nunca los pasan a llevar y obvio que les pagan un sueldo justo. Y dicen que mis libros son fantasías, ja!

A veces también pienso que la gente que no se cuestiona el mundo viven enormememnte mas felices que aquellos que, de una oración, sacan al menos tres preguntas diferentes.

Otro café por favor!!! Necesito iluminarme como un árbol de navidad!


sábado, 5 de abril de 2014

El peligro que desaparezcan los almacenes de barrio.

Eran las 07:25 de la madrugada y yo figuraba estacionada en la universidad con mi mug rebosante de café haciendo gala de mi manía de escuchar noticias en la radio por la mañana (costumbre que heredé de mi papá desde el colegio y creo que ya no la logré erradicar). Con la mirada perdida en algún punto entre "no-estas-dormida" y "sueño-profundo-en-rem" algo de lo que hablaban llamó mi atención:

 ¿Por qué es tan importante que no desaparezcan los almacenes de barrio?

 Me quedé pensando... Si, claro que es una fuente de ingresos para muchas familias y no se puede negar como nos salvan el pellejo cuando se nos olvida algo y no queremos ir al supermercado colapsado de almas felices. Eso sin contar lo más importante y valorable: de alguna manera logran hacer que el barrio tenga corazón propio porque, así como las plazas, son un punto de interacción para los vecinos.
Recordé lo grande que me sentí cuando era pequeña la primera vez que me dejaron ir a comprar pan a solo una cuadra y media de mi casa y como varios vecinos me saludaron mientras esperábamos esas deliciosas marraquetas crujientes y tentadoramente calientitas invocantes de mantequilla. También recordé lo felices que estaban todos cuando escucharon que un mega supermercado abriría a cuadras de mi casa porque podrían encontrar artículos que el almacén no vendía. Realmente no supe qué pasó con ese almacén porque me cambié de casa. Hace unos meses pasé por mi antiguo barrio y ahí estaba mi viejo almacén. Lucía algo mas demacrado pero con su clientela fiel entre la multiplicidad de artículos en venta (desde detergentes, paltas, pan y hasta lápices! Así de completo!). Supe que había planes de construir un strip center con una de las dos cadenas de reemplaza-almacenes muy pronto y admiré que sus dueños, aún con un supermercado a dos cuadras, no hubiesen cerrado el lugar. Recuerden que aun no eran ni las 8 am y, sin mucha cafeína, mi cerebro sigue navegando entre martes y júpiter... Entonces ¡¿Por qué era tan importante que los almacenes no desaparecieran?! ¿Nadie nos salvaría de comprar todo en carritos con esas filas eternas caja tras caja? Otro sorbo de café. No se me había ocurrido pensar en el enfoque que escuché y tal vez por eso el motivo de compartir la reflexión:

 Los pequeños almacenes de barrio han ido desapareciendo y, en su reemplazo, tiendas como el Ok Market o el Big John aparecen en nuestras esquinas.
¿El peligro?: ¿Dónde esta la fruta fresca o las verduras sin procesar?

Me quedé petrificada. Inmediatamente mi cabeza pasó revisión mental a los productos en venta y de verdad que no logré recordar productos frescos. ¡Todo en bolsa! ¿Estaremos cayendo en ese horrible trance de considerar la rodaja de tomate y la hoja de lechuga del sandwich como ensalada? Ensaladas en platos preparados con un dressing capaz de matar a un hipertenso por la cantidad de sodio camuflado sin contar que tiene esas extra calorías que pensaste que evadirías al mascar solo pasto cual rumiante! De frutas ni idea...!!! ¿tendría que buscar en el sector de mermeladas? tal vez algún helado con trozos de frutas...¿no? Los comentaristas de la radio señalaron un estudio con el cual no logro dar aun sobre este tema. Son en estos momentos cuando pienso que me falta inteligencia, ¿saben? porque por mi cuenta no fui capaz de captar este pequeño gran detalle y bueno, también reconozco que jamás entro a esos lugares para comprar la lista de frutas y verduras de la semana sino para algo puntual que involucre entrar y salir (usualmente hielo o una bebida para el carrete del fin de semana). Sé de amigos que son asiduos a ir para comprar desayunos, almuerzos o cenas -por lo general viven solos y le tienen un miedo del terror a la cocina- y por supuesto es ahí donde esta carencia de productos frescos tiene relevancia; Si no están presentes, los clientes no los pueden elegir. De una u otra manera estos "reemplazantes" te invitan a comer productos procesados. Si no tengo posibilidades, no tengo libertad.  Si no tengo alternativas; no puedo elegir. El almacén de la esquina te sigue tentando entre las uvas y ese pedazo de zapallo siempre a medio cortar en algún estante usualmente cerca de la albahaca...¿ A que si?

 ¿Qué opinan ustedes al respecto? A mi me bajó la nostalgia.

jueves, 3 de abril de 2014

Esa temida palabra...!!!

Tengo mis ojos pequeños como una japonesa crespa que viene recién saliendo del sarcófago. Llegué a las 17:00 aproximadamente a casa y desperté a las 19:35 totalmente desorientada con un retazo de luz escurriéndose en el jardín (Si! pensé que había dormido una tonelada de horas y que estaba amaneciendo...casi grité como ardilla de la Era del Hielo que se le escapa la bellota!) Hablando de gritos, confieso que ha sido un comienzo de clases rudo! Volví a la universidad hace una semana reptando. Podría decir "caminando dignamente" pero yo sé que lucía tan mal como me veía... me sigue doliendo un pie de "historia de una maleta que se quiso caer en el metro y logró ser atrapada justo a tiempo" y las piernas cada vez que las estiro (merci Paris!!!).
 El horroroso cambio de horario me tiene adormilada cerca de las ocho de la noche y despierta a las 2 am y, durante mi desayuno, siempre quiero almorzar. Ok, si soy realmente honesta paso toda la mañana en la universidad repitiendo con ojos brillosos de caricatura japonesa "¿Ya vamos a almorzar?" a cuanto ser humano tengo a la redonda.

 He llegado solo a escuchar "Agara gara gara gara" en clases de matemáticas financieras y en costos de la industria hotelera. Entre cierro aun mas mis ojos leyendo nuevamente la última línea escrita y pienso que el "Agara gara gara gara" debería haber estado con mayúsculas porque realmente no entendí absolutamente nada. Intenté tomar notas de los ejercicios que revisaban en la pizarra pero el símil mas cercano a mi accionar sería probablemente el de un maya intentando tallar en la piedra los jeroglíficos en alguna pirámide perdida en Egipto. Nada de nada! Gracias a San-guchito estaba tan dormida post almuerzo que no me asusté, tampoco hiperventilé augurando mi futuro desastroso lleno de exámenes, condenada a un semestre oscuro y tétrico de escarmientos.¡No señor! Muy dignamente dejé el lápiz sobre mis intentos de tomar nota y  respiré profundo. No me mató el metro de París, no me van a matar unos jeroglíficos locos! Ya me pondré al día con este lío de números. Ya me pondré al día con volver a ser universitaria.

¿De qué tenía ganas de escribir hoy aparte de mi abrupta transición de horarios? De una palabra que nos duele a todas las mujeres y que probablemente nos aterroriza aun mas en la boca de un hombre. Esa palabra que es la versión crecida del "cuco"..."del hombre del saco" para nosotras. Que de solo escucharla se reprime un grito ahogado e inmediatamente piensas "no por favor, noooo!!!"

 ¿Ya saben cuál es?

¿No?

Seré valiente. La voy a decir en voz alta pero esto es como llamar a Don Sata frente a un espejo en la Noche de San Juan. Vamos! seré valiente y la diré:  DIETA.
Así es señores. Las mujeres tememos a esta palabrita porque es un monstruo encadenado a otros monstruos. No es solo estar gorditas (gorditas porque gorda duele mas cuando ridículamente es lo mismo) sino que cae de cajón el segundo monstruo de que te ves mal (elefante), el tercer monstruo de que la ropa no se ve tan bien en ti (prieta), el cuarto monstruo de que el futuro ex con el que estas saliendo te cambie por una modelito mas raquítica (flaca insípida) y para rematar, viene el quinto monstruo que es el peor de todos. Ese que te susurra suavemente al oído "¿Ves ese espectacular chocolate bitter al frente tuyo? (el muy condenado hace una pausa para que tu realmente veas el chocolate y respires su esencia magnífica disparando tus papilas gustativas) y prosigue "...Pues hoy no te lo podrás comer. Ni hoy, ni mañana, ni pasado!"

Da pena estar a dieta. Pero mas miserable aun me siento al estar a dieta en la universidad donde todo el edificio de gastronomía despierta el hambre en mi. No bastando mis horarios alterados de que al desayuno ya quiera almorzar, debo soportar estoicamente y sin bandera, no caer en tentación cuando todo huele a pan horneado, a galletas, a pizza y a cuanta cosa rica. A veces me pregunto si los gastrónomos tenemos un olfato mas desarrollado, ¿saben? porque he visto que un buen gastrónomo hambriento distingue hasta las notas de orégano fresco y romero en una preparación con su aroma levitando en el aire. Mi madre diría que todo se basa en el autocontrol pero es difícil tragarse solo el autocontrol, solo eso y nada mas cuando tienens todo para probar a solo una cuchara de distancia. Si me resigno a huir como alma que se la quiere llevar el diablo de el edificio y llego a mi super cafetería, me da toda la rabia del "¿Por qué la comida chatarra sale mas barata que un plato saludable?" ¿Alguien en verdad me puede explicar que tratamiento desconocido le hacen al puñado de lechuga que sale mas caro que la comida chatarra?!!! Realmente no entiendo que una hamburguesa con coca cola y empanaditas de queso te pueda salir mas barato que una ensalada. Seguro que es porque la lechuga la lavan cantando mantras por un coro premium de otro continente lleno de mandalas y luego pasan hoja por hoja por una máquina de última tecnología ionizadora para eliminar todo tipo de microorganismos.

JA!

Obviamente las autoridades del gobierno lanzan campañas para que la población aprenda a vivir sano y baje sus índices de obesidad. Convengamos es que tampoco lo hacen porque realmente se preocupen por nosotros, eh? Estas campañas no son de buena persona! Es porque un obeso tiene mayor necesidad de ocupar el sistema público de salud que una persona sin sobrepeso cuyo corazón, presión arterial, índices de azúcar, articulaciones, entre otros le funcionan perfect. El punto es que lanzan estas campañas cuando lo relevante es que de alguna manera logren que los restaurantes que venden comida saludable tengan precios definitivamente accesibles para sus clientes; Que comer saludable  salga mas barato que la comida chatarra ya sería, para gran parte de la población, un incentivo para dejar el completo de metro y medio. ¿Cómo nadie del gobierno se le ha ocurrido brindar una rebaja de impuestos a los restaurantes que se unan a un plan de platos mas sanos? Así  el restaurant como el cliente tendrían un incentivo tanto para vender estos platos como para comprarlos. ¿Es tan disparatado y aberrante lo que pienso?

¿Por qué los gastrónomos no unimos fuerzas con el gobierno y nos enfocamos en buscar desde la cocina y desde los precios de venta estímulos que tienten a los consumidores a comer mejor y mas saludable?


En fin. En eso divago mientras tomo un café... dejaré para otra ocasión la crisis que provoca en las mujeres la ropa asiática porque unos jeans de ellos talla 40 no entran en las caderas de la mujer latina. Da igual cuanto roguemos para que ese pantalón entre; ni estando un mes a agua nos quedarían bien pero bueno... ese es tema para dejar el café y partir las piscolas. Es que en verdad no se imaginan el drama que tenemos las mujeres cuando en una tienda eres 42, en otra 40, en una asiática simplemente no te cabe nada y en otras  tiendas cuyos maniquíes son mas rellenitos que las vendedoras, te miran de arriba a bajo como diciendo "Ja! tu crees de verdad que algo de elite que vendemos nosotros te quedará?" Surge inmediatamente la seguidilla de preguntas "¿Subí de peso?, "¿Baje de peso?" "¿Quién soy?" jajaja!

Prefiero pensar que no estoy a dieta. Opto por pensar que estoy comiendo sano... Así no siento esa horrorosa ansiedad que emerge cuando sabes que estas a dieta. Mala mezcla el tener hambre y sueño pero bueno, ya volveré a la rutina de nuevo y se regularizará todo (Solo por su seguridad si me ve mal genio corra en dirección opuesta). Lo cual me lleva directamente a algo que dejé en el tintero cuando comencé a ahondar en esto: Si hay algo a lo que he aprendido a temer mas que una mujer a dieta, es a temer a un hombre a dieta! Con todo respeto a los machos alfa que me puedan estar leyendo ¡¡¡Si que andan odiosos cuando no comen!!! Debe ser porque a las mujeres pasamos de dieta en dieta desde prácticamente toda la adolescencia y los chicos rara vez sufren por estas conductas detestables de exclusión de alimentos.

Creo que voy por otro café. Buenas noches terrícolas! Beijos!