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lunes, 22 de diciembre de 2014

De año nuevo, jeroglíficos, agujas, trabajos y "¡Aprende a decir que no!"

La verdad es que estaba dispuesta a ver las noticias mañaneras con mi plato de piña y mi delicioso café cuando mi sexto sentido comenzó a sonar. Fue como en las caricaturas; me acerqué despacio al ventanal entre cerrando los ojos y los vi! Sacando mi basura por todo el ante jardín!!! No los puedo culpar, son perros y supongo que está en su naturaleza buscar algún tesoro en mi basurero como las mujeres solemos buscar en un canasto que dice “ofertas”. Igual los odie un poquito mientras mi humor negro jugaba a pensar “¿Y qué era esto antes de llegar aquí?” cuando recogía los daños. Reparto de basura en un buen diámetro. Ellos, porque eran tres, me miraban atentos desde la otra vereda esperando que yo acabara sin sacar sus ojos de mi pala y escoba (sospecho que para volver a buscar tesoros en el tacho de basura de nuevo).

Entré a buscar si me quedaba algo de comida de perro en casa y nada. Les dejé un poco de arroz en un platito pero sospecho que estos perritos no olvidarán fácilmente mi basura. Resignada volví a mi café frío, a mis trozos de piña y a las teclas porque la idea inicial de esta mañana era hacer el recuento del año. He visto videos de recuento por fb, por instagram pero a mí me gusta juntar letras… Es extraño que hace un año estaba casi lista para partir a España, el año nuevo lo pasé con un grupo increíble de personitas en Figueres con parka, muerta de frío. Recuerdo en algún momento haber mirado el cielo y haber dicho “Woooow! Estoy a no sé cuántos kilómetros de distancia, totalmente sola y no estoy aterrada en pánico” 
Viajé, me perdí, volví y fue  toda una experiencia! Después de todo el aprendizaje enriquecedor de la práctica,  lo que recorrimos con Aly fue aun más maravilloso!

 Partí el semestre atrasada un mes. No entendía absolutamente nada en clases. Me costó repuntar, lograr entender los jeroglíficos de las pizarras. Se pudo. Logré un buen promedio final pero me sentía desgastada ¿Saben? Cansada. Lo sé porque lograba dormir siestas mayores de veinte minutos.

El que diga que gastronomía es solo cortar, saltear y servir está muy equivocado.

Mi segundo semestre partió del terrock. Fue de cortes abruptos, de despedidas horrorosas y también de reencuentros. Obtuve respuestas que no tenía hasta entonces producto del alcohol y de estos aparatitos que permiten comunicarte a cualquier hora perdiendo automáticamente la dignidad jaja! Dejar ir no es lo mío pero ya que estaba en esas, con el dolor punzante, borré a otros tantos de mi vida que daban señales de vida de manera intermitente y me hice la clásica e ilusa promesa de “no más”.  Me concentré en lo que mejor se hacer, leer, leer, estudiar, estudiar. Supongo que esas respuestas que obtuve a las dos am. sirvieron de alguna manera para coser a este tonto corazón y seguir tranquila. Logré entender.


Así pues, corazón en stand by, solo quedaba solucionar el ítem Cómo-pasar-el-segundo-semestre-y-no-morir-en-el-intento. Creo que hablo por muchos cuando digo que los trabajos casi nos comieron vivos! Que horrible tantos trabajos extensos de horas y días de nunca acabar que me iban sacando capas de piel dejando el resto al rojo vivo.
Aunque escribo de todo, me autocensuro en algunos puntos. Solo diré que un profesor muy serio me miró fijamente y me dijo “¡Aprende a decir que no!”.

Y lo empecé a hacer.

(Y quedó la grande)

Hasta ahora, mirando mi segundo cafecito con el sol a raudales, me pregunto si a veces es mejor incluir al que no trabaja y fingir que lo hizo con tal de no tener problemas. Fingir que llegó a tiempo, fingir que nunca abandonó en una salida a terreno, fingir que investigó, fingir que tuvo interés y disposición, fingir… simplemente fingir.

Se supone que cuando te alejas de la niñez deberías tener más certezas. A mí me ha sucedido al contrario: ahora soy menos categórica. Dudo más. Y me pregunto más.
Sería grandioso para el ser humano volver el tiempo atrás pero nos volvería extremadamente inseguros de las decisiones que tomamos, ¿no? Tal vez hasta haría que pensáramos menos en lo que hacemos pues podríamos retroceder el tiempo y ya está.

No sé... Pensamientos oscilantes... Uuuuuh! Gané una nueva buena amiga. Si lees esto, gracias Tami por todas las risotadas!!! Fuiste un gran descubrimiento este 2014.


Este año ha sido de locos. No importa la edad, siempre se sigue aprendiendo. Cuando crees que sabes algo, alguien logra demostrarte que te faltan libros y mundo por recorrer. Sin embargo, hay algo que tengo muy claro: No sé que me depara el destino; no sé dónde rayos estaré el próximo año o si lograré cumplir lo que tengo en mente pero si de algo estoy muy  segura es que el cierre del 2015 será un recuento de año aun más espectacular que el 2014!!!

martes, 26 de agosto de 2014

¡Bienvenidos a la Freidora del Séptimo Semestre!

Me estaba congelando. ¡Literalmente! No sé por qué esa sala es tan absurdamente helada que me sentía dentro de un abatidor temblando como gelatina, intentando poner atención mientras me castañeteaban los dientes ininterrumpidamente. No es broma, los que me conocen saben qué sucede cuando dejo de sentir los deditos de mis pies. Había exprimido mi vaso de café con marca de labial rojo furioso hasta el infinito y mas allá y trataba de hacer mi mejor esfuerzo de captar qué necesitaba para instalar una cocina de campaña. Si señoras y señores, cocinas de campañas. Esas enormes carpas o tiendas que aparecen en eventos al aire libre bajo las cuales trabajan un lío de personas bajo un sol abrasador de 32 grados -que adentro seguramente oscila en 40 grados entre hornos y planchas- con algunos insectos de por medio; la maravilla de trabajar en un ambiente natural tienen sus pros y contras! Entonces estaba yo, cual cubo de hielo, viendo si lo que había escrito a ciegas como ejercicio hace un rato atrás coincidía en algo con lo que los profesores mencionaban en clases. Y estaba en eso cuando mi amigo imaginario malvado me susurra malignamente "¿Y cuándo te pasaron qué debía tener una cocina de campaña?"

Hice memoria.
Nunca. 

Tampoco he trabajado en una cocina al aire libre y por poco me dejo llevar por ese impulso malévolo de replicar lo que seguramente varios estábamos pensando pero me quedé callada estirando las mangas de mi chaleco hasta cubrir toda mi mano. Ya he aprendido que donde manda capitán, no manda marinero y que también, calladita me veo mas bonita. Si no lo sé deberé buscarlo por mi cuenta. Así funciona el equilibrio del mundo del adulto. ¿No sabe? Busque. Y no alegue que ahora todo está a un click de distancia.
Nota mental: Averiguar sobre cocinas de campaña. Buscar bosquejos de disposición de equipos y, solo por si se ponen mas quisquillosos, cotizaciones de arriendos.

 Si el semestre pasado en taller de cocina temática sufrí bastante (ya sé con qué palabra puedo definir ese taller: Angustia!) ahora, cuando nos explicaban qué se venía en séptimo semestre, pues siento honestamente que el barco va medio a la deriva. Como que veo venir el iceberg!!! -no ahondaré en el tema escabroso amoroso jajaja!-  Ahora somos nosotros quienes debemos dar la clase y guiar a nuestros compañeros como si fuéramos profesores. Hasta ahí todo bien ¿no? Si, claro que me encanta dar clases ¡pero de temas que me gusten!

Por ejemplo, los moluscos, crustáceos y todos esos animalitos del mar y yo no nos llevamos bien.
De hecho mientras mas lejos este de unos erizos o choritos tanto mejor para mi! Y para ellos porque tienen altas probabilidades de correr la suerte del salmón en España: ser revividos con mi super poder de resucitación para volver a matarlos a estocada poco asertivas. Y en mi profundo congelamiento hasta pensé en partir al terminal pesquero un día...dos días, no sé y ofrecerme a trabajar gratis hasta que lo pueda hacer con los ojos cerrados. Supongo que no me quitará la bronca que le tengo a la mayoría de los seres vivos del mundo marino pero puedo aprender a manipularlos mejor... al final es todo cosa de práctica, o no?

Repetir una y mil veces la misma acción hasta que sale perfecta.

Son en esos momentos en que soy mas consciente de mi vulnerabilidad. De todo lo que me falta por saber. 
Hacer clases de algo que no sé al dedillo es como la fórmula perfecta para cinco horas de tortura extrema en clases con un profesor que seguramente no estará muy feliz conmigo y un rotundo y bien merecido dos de nota. No creo que me felicite porque los bivalvos piden ayuda a gritos histéricos cuando me ven cerca con un cuchillo ¿Cierto?... Mmmmm... bivalvos cobardes!
Si todo sale bien me tocará la clase de carnes pero de venado y avestruz sé lo mismo que de arameo...  Y ese déficit no lo podré arreglar en el terminal pesquero. A meter la nariz en la biblioteca y ser la piedra en el zapato de cuanto profesor tenga a la redonda!

En los demás ramos del semestre si soy honesta, voy con las antenas paradísimas a clases. Si, estudiemos gastronomía con administración...claro que no es muy complicado... matemáticas básicas...

¿Básicas?! Me viste la cara o qué?!!! Mentir así tan descaradamente a alguien debería estar penado por la ley!

Nuevamente con la calculadora en la mochila. Hace unos días en Evaluación de Proyectos sentí que el profesor se dio vuelta hacia la pizarra y en vez de un plumón súbitamente tenia un martillo y un cincel y hacia lindas figuritas en la roca-pizarra. Mala suerte mía (iba a ser de otra!) que la mayoría del curso son repitentes y ya vieron Estadísticas y les habla en un idioma que todos parecen entender menos yo. Y como sucede conmigo cuando me pongo nerviosa, me empecé a reír. Maldita reacción que tengo pero al principio - y en mi defensa- fue bajito y ya luego eran carcajadas! En algún momento el profesor pregunta a la clase si había alguna pregunta y estuve tentadísima a responder "Si profesor, desde el título en adelante no entendí pelotas!" Me mordí la lengua y, tratando de contener mi risa, le tuve que pedir que me descifrara todos esos garabatos ininteligibles (según mi parecer porque estoy segura que era la única con orejas de burro ante sus fórmulas) porque, y le expliqué,  recién estaba cursando Estadísticas. Ya luego con la aplicación de esos mamarrachos en un ejercicio logré entender mas menos.

Y nuevamente le pregunto al de Arriba por qué no me dio el gen matemático.

No sé por qué estoy contándoles de ésto si yo quería hablar de unos maravillosos lugares y platos que había visto en Pinterest cuando llegué del gym. Hasta les iba a mencionar que quería viajar a Madagascar... todo a raíz de pinterest y los pingüinos maliciosos y bueno, después salto, salto y encontré un paraíso babeante de fotografías que me dejaron verde por ir. En fin, para los que ya llevan tiempo leyéndome: Bienvenidos a mi séptimo semestre!!!





viernes, 1 de agosto de 2014

...Si abres la olla a otro también terminas abriendo el corazón.

Ya se cumplen 3 años desde que decidí emprender este camino. Venía de vuelta a casa tras matricularme para mi séptimo semestre, pensando en todas las alegrías, las lágrimas, los cortes, dolores de huesos y quemaduras que tengo en este tiempo. ¿Vale la pena?

¡Totalmente!

Por cambios en mi horario de matrícula, también tuve que suspender mi happy hour y me quedé pensando en cuanto he cambiado yo en estos años y creo que no voy tan mal. Tengo un carácter horroroso, como me dijo una almita hoy "tu no eres una chica muy fácil de llegar" y creo que probablemente moriré siendo así. Me encantaría decir que puedo modificarme pero básicamente seré el mismo ingrediente en diferente presentación. Soy complicada, como buena leona. Tengo fortalezas como también tengo fuertes debilidades. He tenido que aprender a escuchar y también aprender a no escuchar. He debido aprender a trabajar en equipo viniendo de otra carrera en que somos lobos esteparios solitarios. La cocina es trabajo en equipo y si abres la olla a otro también terminas abriendo el corazón. Tengo un popurri de amigos increíblemente bellos de diferentes edades, tendencias sexuales que hasta escuchan reggaeton y ya no me salta el ojo; supongo que fue parte del proceso abrir mi cabezota a nuevas cosas en la vida. Antes odiaba los ostiones, ahora me gustan... ¿Quién lo diría?

Este viaje va bien, con todo va super bien.

Siento que volvía ser niña, volví a sorprenderme en la vida. De pronto todo se volvió en colores y a muchas cosas le he dado una oportunidad que ni a palos lo hubiese hecho anteriormente. Me he atrevido a jugar, a no ser tan dura conmigo, a ser increíblemente tozuda cuando quiero sacar algo adelante y también a dejar ir algo cuando  ya no tiene vuelta. Ahora doy segundas oportunidades. La cocina siempre será mi terapia, mi refugio. Cuando estoy estresada prendo el horno y ya esta! Se va el 50% de mi problema. Me despeja, me llena, me enoja en muchas ocasiones y, por sobre todo, me desafía. No es una competencia con el resto, es conmigo. Si me quedó bien algo a la primera quiero que la segunda vez quede fantástico. Soy de las idiotas que se sienta a pensar con un buen café cómo diablos arreglar una preparación hasta que le doy en el clavo aunque tenga que prepararla muchas veces e investigar otro tanto.

Vivo tentada. Paso el día pensando en qué maldad nueva podría preparar y qué ingredientes me faltan para poner las manos en la masa.

Creo que en cierta medida la cocina me devolvió a la infancia. Me llevó a creer que si sueño con ser astronauta, puedo llegar a ser astronauta. Me devolvió la sonrisa y el dormir por la noche. Cumplí mi sueño de viajar y quedé con gusto a poco... ¿Vendrán mas viajes? Ojalá. Salir con mapa en mano sin tener idea bien hacia donde voy y terminar perdida en un café mirando a las personas pasar sin prisa de mi reloj, sin la locura del engranaje... solo disfrutando la vista. Sentir que estoy perdida sin estarlo jajaa! Es una sensación bastante extraña.

Ya probé que sobrevivo ¿No? Hace tres años estoy probando vivir.

jueves, 3 de abril de 2014

Esa temida palabra...!!!

Tengo mis ojos pequeños como una japonesa crespa que viene recién saliendo del sarcófago. Llegué a las 17:00 aproximadamente a casa y desperté a las 19:35 totalmente desorientada con un retazo de luz escurriéndose en el jardín (Si! pensé que había dormido una tonelada de horas y que estaba amaneciendo...casi grité como ardilla de la Era del Hielo que se le escapa la bellota!) Hablando de gritos, confieso que ha sido un comienzo de clases rudo! Volví a la universidad hace una semana reptando. Podría decir "caminando dignamente" pero yo sé que lucía tan mal como me veía... me sigue doliendo un pie de "historia de una maleta que se quiso caer en el metro y logró ser atrapada justo a tiempo" y las piernas cada vez que las estiro (merci Paris!!!).
 El horroroso cambio de horario me tiene adormilada cerca de las ocho de la noche y despierta a las 2 am y, durante mi desayuno, siempre quiero almorzar. Ok, si soy realmente honesta paso toda la mañana en la universidad repitiendo con ojos brillosos de caricatura japonesa "¿Ya vamos a almorzar?" a cuanto ser humano tengo a la redonda.

 He llegado solo a escuchar "Agara gara gara gara" en clases de matemáticas financieras y en costos de la industria hotelera. Entre cierro aun mas mis ojos leyendo nuevamente la última línea escrita y pienso que el "Agara gara gara gara" debería haber estado con mayúsculas porque realmente no entendí absolutamente nada. Intenté tomar notas de los ejercicios que revisaban en la pizarra pero el símil mas cercano a mi accionar sería probablemente el de un maya intentando tallar en la piedra los jeroglíficos en alguna pirámide perdida en Egipto. Nada de nada! Gracias a San-guchito estaba tan dormida post almuerzo que no me asusté, tampoco hiperventilé augurando mi futuro desastroso lleno de exámenes, condenada a un semestre oscuro y tétrico de escarmientos.¡No señor! Muy dignamente dejé el lápiz sobre mis intentos de tomar nota y  respiré profundo. No me mató el metro de París, no me van a matar unos jeroglíficos locos! Ya me pondré al día con este lío de números. Ya me pondré al día con volver a ser universitaria.

¿De qué tenía ganas de escribir hoy aparte de mi abrupta transición de horarios? De una palabra que nos duele a todas las mujeres y que probablemente nos aterroriza aun mas en la boca de un hombre. Esa palabra que es la versión crecida del "cuco"..."del hombre del saco" para nosotras. Que de solo escucharla se reprime un grito ahogado e inmediatamente piensas "no por favor, noooo!!!"

 ¿Ya saben cuál es?

¿No?

Seré valiente. La voy a decir en voz alta pero esto es como llamar a Don Sata frente a un espejo en la Noche de San Juan. Vamos! seré valiente y la diré:  DIETA.
Así es señores. Las mujeres tememos a esta palabrita porque es un monstruo encadenado a otros monstruos. No es solo estar gorditas (gorditas porque gorda duele mas cuando ridículamente es lo mismo) sino que cae de cajón el segundo monstruo de que te ves mal (elefante), el tercer monstruo de que la ropa no se ve tan bien en ti (prieta), el cuarto monstruo de que el futuro ex con el que estas saliendo te cambie por una modelito mas raquítica (flaca insípida) y para rematar, viene el quinto monstruo que es el peor de todos. Ese que te susurra suavemente al oído "¿Ves ese espectacular chocolate bitter al frente tuyo? (el muy condenado hace una pausa para que tu realmente veas el chocolate y respires su esencia magnífica disparando tus papilas gustativas) y prosigue "...Pues hoy no te lo podrás comer. Ni hoy, ni mañana, ni pasado!"

Da pena estar a dieta. Pero mas miserable aun me siento al estar a dieta en la universidad donde todo el edificio de gastronomía despierta el hambre en mi. No bastando mis horarios alterados de que al desayuno ya quiera almorzar, debo soportar estoicamente y sin bandera, no caer en tentación cuando todo huele a pan horneado, a galletas, a pizza y a cuanta cosa rica. A veces me pregunto si los gastrónomos tenemos un olfato mas desarrollado, ¿saben? porque he visto que un buen gastrónomo hambriento distingue hasta las notas de orégano fresco y romero en una preparación con su aroma levitando en el aire. Mi madre diría que todo se basa en el autocontrol pero es difícil tragarse solo el autocontrol, solo eso y nada mas cuando tienens todo para probar a solo una cuchara de distancia. Si me resigno a huir como alma que se la quiere llevar el diablo de el edificio y llego a mi super cafetería, me da toda la rabia del "¿Por qué la comida chatarra sale mas barata que un plato saludable?" ¿Alguien en verdad me puede explicar que tratamiento desconocido le hacen al puñado de lechuga que sale mas caro que la comida chatarra?!!! Realmente no entiendo que una hamburguesa con coca cola y empanaditas de queso te pueda salir mas barato que una ensalada. Seguro que es porque la lechuga la lavan cantando mantras por un coro premium de otro continente lleno de mandalas y luego pasan hoja por hoja por una máquina de última tecnología ionizadora para eliminar todo tipo de microorganismos.

JA!

Obviamente las autoridades del gobierno lanzan campañas para que la población aprenda a vivir sano y baje sus índices de obesidad. Convengamos es que tampoco lo hacen porque realmente se preocupen por nosotros, eh? Estas campañas no son de buena persona! Es porque un obeso tiene mayor necesidad de ocupar el sistema público de salud que una persona sin sobrepeso cuyo corazón, presión arterial, índices de azúcar, articulaciones, entre otros le funcionan perfect. El punto es que lanzan estas campañas cuando lo relevante es que de alguna manera logren que los restaurantes que venden comida saludable tengan precios definitivamente accesibles para sus clientes; Que comer saludable  salga mas barato que la comida chatarra ya sería, para gran parte de la población, un incentivo para dejar el completo de metro y medio. ¿Cómo nadie del gobierno se le ha ocurrido brindar una rebaja de impuestos a los restaurantes que se unan a un plan de platos mas sanos? Así  el restaurant como el cliente tendrían un incentivo tanto para vender estos platos como para comprarlos. ¿Es tan disparatado y aberrante lo que pienso?

¿Por qué los gastrónomos no unimos fuerzas con el gobierno y nos enfocamos en buscar desde la cocina y desde los precios de venta estímulos que tienten a los consumidores a comer mejor y mas saludable?


En fin. En eso divago mientras tomo un café... dejaré para otra ocasión la crisis que provoca en las mujeres la ropa asiática porque unos jeans de ellos talla 40 no entran en las caderas de la mujer latina. Da igual cuanto roguemos para que ese pantalón entre; ni estando un mes a agua nos quedarían bien pero bueno... ese es tema para dejar el café y partir las piscolas. Es que en verdad no se imaginan el drama que tenemos las mujeres cuando en una tienda eres 42, en otra 40, en una asiática simplemente no te cabe nada y en otras  tiendas cuyos maniquíes son mas rellenitos que las vendedoras, te miran de arriba a bajo como diciendo "Ja! tu crees de verdad que algo de elite que vendemos nosotros te quedará?" Surge inmediatamente la seguidilla de preguntas "¿Subí de peso?, "¿Baje de peso?" "¿Quién soy?" jajaja!

Prefiero pensar que no estoy a dieta. Opto por pensar que estoy comiendo sano... Así no siento esa horrorosa ansiedad que emerge cuando sabes que estas a dieta. Mala mezcla el tener hambre y sueño pero bueno, ya volveré a la rutina de nuevo y se regularizará todo (Solo por su seguridad si me ve mal genio corra en dirección opuesta). Lo cual me lleva directamente a algo que dejé en el tintero cuando comencé a ahondar en esto: Si hay algo a lo que he aprendido a temer mas que una mujer a dieta, es a temer a un hombre a dieta! Con todo respeto a los machos alfa que me puedan estar leyendo ¡¡¡Si que andan odiosos cuando no comen!!! Debe ser porque a las mujeres pasamos de dieta en dieta desde prácticamente toda la adolescencia y los chicos rara vez sufren por estas conductas detestables de exclusión de alimentos.

Creo que voy por otro café. Buenas noches terrícolas! Beijos!

jueves, 9 de agosto de 2012

Flash.


Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda

Con insomnio. No sé si el restaurant me tiene los horarios cambiados o yo decidí cambiarlos por él. Miro la hora y sé que en una hora más ya debería dormir. Una hora. Una hora que me da vueltas porque va a ser un año de luz. Hace un año hablé con Fran aterrorizada en el andén del metro Hernando de Magallanes. Fue la peor charla motivacional de mi vida y solo me aferraba al celular como si la vida se me fuera en ello. Lloré. No sé si te diste cuenta. Dejé que las lágrimas brotaran para liberar mi garganta de ese maligno pensamiento “¿Abandonaste Derecho y peleaste contra el mundo por esto? ¿¿¿Por esto???!!!” Flash. Llegando a casa. Ni el metro ni su millón y medio de usuarios me lograron sacar la madeja de estambre que sentía en la garganta y mi mamá me miraba con ojos expectantes mientras mi cartera se deslizaba sola de mi hombro a la mano tras cerrar la puerta. Me observaste esperando que te relatara la famosa charla obligatoria. Yo tenía los nervios envueltos en llamas. Flash. Mi papá convenciéndome entre arrollados primaveras y decoración china que diera el grado en tanto los ojos se volcaban en agua y mis manos delataban horrorosamente la hipotética firmeza de mis palabras. Flash. Matriculándome. Saltando al vacío sin red. Flash. Esperándolo en una fiesta, pensando que no llegaría hasta que lo vi y la tierra fue cielo y el cielo un océano en el que me podía sumergir en una noche de verano. Tomó mi mano como siempre lo hacía mientras nos dirigíamos al bar y le conté que tenía miedo. A borbotones logré armonizar las letras hasta confesar que estaba aterrada. De lo conocido a lo desconocido ¿Y si no era buena?, ¿Si no me gustaba?, ¿Qué tal si perdía la batalla con haber puesto apenas un par de pisadas en la arena?. Me hiciste mirarte a los ojos y me dijiste que me tenías toda la fe del mundo y me arrancaste una tenue sonrisa mientras apretaba tu cruz. Flash. Primer día increíblemente perdida sin saber si me debía disfrazar antes de entrar a taller o una vez adentro nos dejaban unos cuantos minutos para cambiarnos hasta que noté que todos los de más arriba lucían sus atuendos en tanto parloteaban animadamente. Corrí a cambiarme sin saber si quiera como amarrar-abrochar algunas cosas. Flash. Algún día de noviembre bajo un naranjo almorzando nuggets fríos y duros del Santa Isabel. Agotada. Feliz. Nerviosa por  la siguiente prueba de matemáticas. Flash. Esperando hielo en enfermería en casi pleno verano. Flash. Frio, parajes indescriptibles entre lluvia y verde. Flash. Almorzando en el casino antes del primer servicio de restaurant. Diez minutos más tarde vomité lo que me quedaba de alma junto con el almuerzo. Flash. Cruzándome en el pasillo con Mery antes de una prueba. “Te irá bien” le dije para calmar sus nervios de primer semestre. Sonreíste, nerviosa pero sonreíste. Flash. Primera crisis Warner por nutrición. Flash. Entrando a ingles a las 08:20 con mi tazón de café. Dos alumnos más en la sala. Flash. En clase de prevención de riesgos con Lore al lado rogándome que parara de tiritar de frío. Lo siento Lore, siempre tirito. Flash. Sonreír ante mi pollo relleno de duxelle. Flash. Con Pili y Moni peleando para que no nos apaguen la luz de la cafetería tras humeantes vasitos de café. Flash. Pensando si hacerlo o no hacerlo mientras estudiaba para una prueba de tecnología. “Ahora o nunca” pensé y salí en su búsqueda. Flash. Agarrar una budinera con fumet de pescado desde la parte superior del horno y volcarla sobre mí estando caliente y bastante mal oliente. Flash. Intentar estirar la masa de mil hojas en el mesón sin resultados. Estirar aun más y ver negro. Parar de uslerear , aferrarme al mesón hasta que recobré la vista y seguí uslereando ante la pregunta gravitante de mi profesor “¿Se siente bien?” Flash. ¡¡¡Au-Tito!!!. Flash. Llegar nerviosa el primer día de restaurant y limpiar todo cuarto frío cual quirófano. Flash. Correr. Flash. Armar mi primer tiramisú en el restaurant sintiéndome la mejor chef del planeta. Flash. Pruebas finales. Flash. Pantalla brillando con todos mis ramos pasados. Flash. Reír, cantar, llorar de rabia, volver a reír. Flash. Trabajar. Flash. Dormir. Flash. Bailar con una piscola en la mano. Flash. Agarrándome de la cortina del baño para evitar que el resbalón me invite a pasar a la Clínica Alemana. Flash. Soplar las velitas de mi torta de cumpleaños y añorar que el nuevo ciclo de vida se venga aun mejor mientras el humo sube haciendo piruetas en el aire. Flash. Laptop en mi regazo y ya veo que son las 03:08 am.

Que nadie detenga a mi bicho que esta vez, camina por la luz.

miércoles, 30 de mayo de 2012

La pregunta del millón.


Tengo que aclarar algo: ¡¡¡Estudiar o ser egresado de Gastronomía no significa tener una pareja a la carta!!! Digo que estudio gastronomía e inmediatamente me dicen “¿Qué me vas a cocinar?”

Raudamente salta en mi cabeza una voz en off que responde: “Que qué te voy a cocinar? Déjame ver... Partamos por un garrotazo y, de principal, un ojo en su tinta!!!”  No vamos con el sartén al hombro, no llevamos aceite de oliva en vez de perfume y créanme que no somos bellos genios esperando por un nuevo deseo, ese nuevo caprichito a cumplir en sus mesas. Ok, estoy generalizando porque seguramente hay más de alguno que sea así pero, en verdad, que me es llamativo el tema!

Hablaré por mí. Me encanta cocinar, es claramente mi pasión (junto con ver una buena película, acurrucada en buena compañía jojojo) y tiendo, por un defecto que aun no logro corregir, de mimar a las personas que quiero con comida. 
No sé si cuando era pequeña me premiaron mucho con comida o me demostraron afecto con ella pero tengo ese mal. Si sé que a mi pololo le encantan los gnoquis, ahí estoy como santa pelotuda haciendo gnoquis toda una mañana ¡Hasta le preparo el pesto en casa! Si puedo regalonear con la comida lo hago pero es porque ya tengo un vínculo con esa persona ¿Me explico? Quiero hacerlo sentir especial y  lograrlo con un detalle  como preparar un plato es, simplemente, maravilloso. No hay mejor gratificación, para quien cocina, que ver una sonrisa en quien lleva el tenedor a su boca.  Siento que estoy divagando pero seguiré igual...  El asunto es que me molesta que un idiota a quien con suerte le acabo de saber el nombre me lance la pregunta del millón. Ok, seré franca, me molesta hasta que un tipo con el cual no tengo un vínculo muy cercano  -Ni si quiera una habitualidad de trato aunque sea por facebook- me la lance. ¿Por qué tengo que cocinarle siempre al resto, ah? Ah!!! Ah???

¿Quién me cocina a mí?

Un consejo para los que quieran conquistar a alguien del área gastronómica: Si desean conquistarlo/a, cocínenle. No pidan que les cocinen, háganlo ustedes aunque dejen la carne como suela de zapato, sirvan una mazamorra de pasta y compren helado de postre. Estamos acostumbrados a cocinar para otros pero no a que nos cocinen y eso si que los hace ganar puntos. Luego de ello verán que no tendrán que pedir que les cocinen porque ese detallito dará pie a otro detallito de vuelta. ¡Nos sorprenderán! Y entre detallito y detallito se arma la mesa… O se levanta rápidamente... ¿No?