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lunes, 22 de diciembre de 2014

De año nuevo, jeroglíficos, agujas, trabajos y "¡Aprende a decir que no!"

La verdad es que estaba dispuesta a ver las noticias mañaneras con mi plato de piña y mi delicioso café cuando mi sexto sentido comenzó a sonar. Fue como en las caricaturas; me acerqué despacio al ventanal entre cerrando los ojos y los vi! Sacando mi basura por todo el ante jardín!!! No los puedo culpar, son perros y supongo que está en su naturaleza buscar algún tesoro en mi basurero como las mujeres solemos buscar en un canasto que dice “ofertas”. Igual los odie un poquito mientras mi humor negro jugaba a pensar “¿Y qué era esto antes de llegar aquí?” cuando recogía los daños. Reparto de basura en un buen diámetro. Ellos, porque eran tres, me miraban atentos desde la otra vereda esperando que yo acabara sin sacar sus ojos de mi pala y escoba (sospecho que para volver a buscar tesoros en el tacho de basura de nuevo).

Entré a buscar si me quedaba algo de comida de perro en casa y nada. Les dejé un poco de arroz en un platito pero sospecho que estos perritos no olvidarán fácilmente mi basura. Resignada volví a mi café frío, a mis trozos de piña y a las teclas porque la idea inicial de esta mañana era hacer el recuento del año. He visto videos de recuento por fb, por instagram pero a mí me gusta juntar letras… Es extraño que hace un año estaba casi lista para partir a España, el año nuevo lo pasé con un grupo increíble de personitas en Figueres con parka, muerta de frío. Recuerdo en algún momento haber mirado el cielo y haber dicho “Woooow! Estoy a no sé cuántos kilómetros de distancia, totalmente sola y no estoy aterrada en pánico” 
Viajé, me perdí, volví y fue  toda una experiencia! Después de todo el aprendizaje enriquecedor de la práctica,  lo que recorrimos con Aly fue aun más maravilloso!

 Partí el semestre atrasada un mes. No entendía absolutamente nada en clases. Me costó repuntar, lograr entender los jeroglíficos de las pizarras. Se pudo. Logré un buen promedio final pero me sentía desgastada ¿Saben? Cansada. Lo sé porque lograba dormir siestas mayores de veinte minutos.

El que diga que gastronomía es solo cortar, saltear y servir está muy equivocado.

Mi segundo semestre partió del terrock. Fue de cortes abruptos, de despedidas horrorosas y también de reencuentros. Obtuve respuestas que no tenía hasta entonces producto del alcohol y de estos aparatitos que permiten comunicarte a cualquier hora perdiendo automáticamente la dignidad jaja! Dejar ir no es lo mío pero ya que estaba en esas, con el dolor punzante, borré a otros tantos de mi vida que daban señales de vida de manera intermitente y me hice la clásica e ilusa promesa de “no más”.  Me concentré en lo que mejor se hacer, leer, leer, estudiar, estudiar. Supongo que esas respuestas que obtuve a las dos am. sirvieron de alguna manera para coser a este tonto corazón y seguir tranquila. Logré entender.


Así pues, corazón en stand by, solo quedaba solucionar el ítem Cómo-pasar-el-segundo-semestre-y-no-morir-en-el-intento. Creo que hablo por muchos cuando digo que los trabajos casi nos comieron vivos! Que horrible tantos trabajos extensos de horas y días de nunca acabar que me iban sacando capas de piel dejando el resto al rojo vivo.
Aunque escribo de todo, me autocensuro en algunos puntos. Solo diré que un profesor muy serio me miró fijamente y me dijo “¡Aprende a decir que no!”.

Y lo empecé a hacer.

(Y quedó la grande)

Hasta ahora, mirando mi segundo cafecito con el sol a raudales, me pregunto si a veces es mejor incluir al que no trabaja y fingir que lo hizo con tal de no tener problemas. Fingir que llegó a tiempo, fingir que nunca abandonó en una salida a terreno, fingir que investigó, fingir que tuvo interés y disposición, fingir… simplemente fingir.

Se supone que cuando te alejas de la niñez deberías tener más certezas. A mí me ha sucedido al contrario: ahora soy menos categórica. Dudo más. Y me pregunto más.
Sería grandioso para el ser humano volver el tiempo atrás pero nos volvería extremadamente inseguros de las decisiones que tomamos, ¿no? Tal vez hasta haría que pensáramos menos en lo que hacemos pues podríamos retroceder el tiempo y ya está.

No sé... Pensamientos oscilantes... Uuuuuh! Gané una nueva buena amiga. Si lees esto, gracias Tami por todas las risotadas!!! Fuiste un gran descubrimiento este 2014.


Este año ha sido de locos. No importa la edad, siempre se sigue aprendiendo. Cuando crees que sabes algo, alguien logra demostrarte que te faltan libros y mundo por recorrer. Sin embargo, hay algo que tengo muy claro: No sé que me depara el destino; no sé dónde rayos estaré el próximo año o si lograré cumplir lo que tengo en mente pero si de algo estoy muy  segura es que el cierre del 2015 será un recuento de año aun más espectacular que el 2014!!!

jueves, 20 de noviembre de 2014

Y si resulta fantástico?!!!

Dicen que el hombre es un animal de hábitos. (Buenos o malos hábitos pero hábitos al fin y al cabo). La RAE define hábito como Modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas”. Como animalitos que somos – si, no lo nieguen!- repetimos ciertas conductas en nuestro día a día. Si me observo con buena lupa, en cuanto me despierto, me voy a la ducha. Aprendí desde pequeñita dos cosas de mí: una, no servía de nada que volviese a intentar dormir porque no funcionará y dos, que ese intentar dormir cinco minutitos más, solo me causa estrés por no poder lograrlo. Tengo el hábito de llevar un café mañanero en un mug en el auto y bebo otro en cuanto llego a la universidad. Tengo tantos hábitos que hasta me he sorprendido descubriendo que, usualmente, manejo por las mismas pistas de las calles entre casa y la universidad (esto también es gracias a algunos “eventos” en el pavimento, por no decir cráteres).

Algunos prenden la tv por la mañana antes de salir al trabajo, otros no pueden salir sin antes haber engullido una tostada con mantequilla. Quizás nuestros hábitos son la forma de dar orden al caos.
¿Y dónde está la parte de cocina en esto? Pues ayer, producto de una conversación sobre sabores de helados, me quedé pensando en mis hábitos de consumo. Si señoras y señores, todos los tenemos. Y es que cuando voy a una heladería siempre pido un sabor que ya conozco y uno que no haya probado. Me gusta esa pequeña oportunidad de encontrar un nuevo sabor en la cucharita que me sorprenda, que me haga sonreír. Mi interlocutor manifestó que siempre pedía el mismo sabor de helado desde que tenía uso de razón y fue entonces cuando me quedé pensando si mi conducta era normal o no. ¡Porque repito esto mismo siempre en todo tipo de comidas!; si ya sé que me gustó el tacu tacu de camarones en mi adorado restaurant peruano, pido algo diferente la siguiente vez para ir investigando la carta. En sushi es igual; pido uno que me encante y otro nuevo solo para probar suerte y ver si me sorprendo.

Si no me gusta ya sé que nunca mas lo pediré pero... y si resulta fantástico?!!!

Hace mucho tiempo atrás leí un estudio que decía que era muy difícil introducir nuevas marcas en el mercado chileno de la comida. Esto por cuanto los chilenos somos muy fieles a nuestros hábitos de consumo. No cambiaríamos la eterna coca-cola por una nueva bebida que por muy buena pinta que tuviera si se veía demasiado nueva en el escaparate. No, lo conocido es bueno así que zas! Coca-cola al carro. ¿Por qué ya no están bebidas como la cherry-coke? ¿La guaraná antártica?... demasiado nuevas? ¿Y qué me dicen de la mirinda o la otra de 7-up? Porque solo las encuentro en un cine. (Demasiado sospechosas para cambiarlas por la bebida de los osos polares???)

Así que les dejo la pregunta del millón: En una heladería ¿Piden siempre conocidos o  nuevos sabores? 

Solo para saber, por simple curiosidad.


Los quiero!

domingo, 16 de noviembre de 2014

Como nos gusta pecar y cuando lo hacemos, lo hacemos muy bien... Receta Leche Asada!

Recuerdo que la primera vez que la preparé tenía unos doce, trece años. Como soy de familia grande pensé “con un litro no es suficiente” y preparé dos litros. El resultado de mi cálculo fue ocupar casi una bandeja de 20 huevos de una patada y un reto enorme de parte de mi padre de  índole “¿en qué estabas pensando al hacer un postre tan calórico?!!!”. Obvio, cuando gritó se puso colorado como una granada y yo solo pensé que quería intentarlo.
Pese al reto estaba hiper feliz cuando saqué la fuente del horno! Ahí estaba con una costra dorada maravillosa y podía ver como subían las burbujitas del caramelo que había depositado en el fondo antes de vaciar la mezcla en la fuente por los costados muy calientes. Amazing!!! Honestamente, cuando la tuve en mis manos ya preparada, me olvidé de los millones de huevos y el azúcar que había empleado.

Había hecho mi primera leche asada.


Hoy mi jardinero llegó a las 7:30 am. Lo quise matar mientras, resignada, me dirigí a la cocina en busca de café. ¿A qué ser humano  en sus cabales se le puede ocurrir llegar a esa hora a cortar el pasto?. Me arrastré de vuelta a mi cama lanzando maldiciones. Al rato tuve que salir a buscar a mi nana bella que solo me ayuda el sábado con esto del aseo profundo que-no-me-gusta-tanto y nos entretuvimos en el super llenando un carrito mientras esquivábamos tobillos ajenos pensando en qué cosas ricas debía preparar para el cumple de mi mamá.
En cuanto puse un miserable dedo en casa, mi papá me informa que venía una tía y su hijo a almorzar. Creo que fue el equivalente a un vaso de agua con antiácido mi nivel de furia!

       -       “¿Por qué no me llamaste?, estaba en el super! Podría haber traído algo más!!!”
       -        Ah no sé, no se me ocurrió.

      Me  fui a la cocina pensando que el día que conozca un hombre detallista me arrancaré los dientes con una cuchara para que duela lo suficiente y me entretenga un buen rato. La pregunta del millón: ¿Qué hacer con este famoso almuerzo?!. Porque claro, él no se estresaba porque me dejaba a cargo. Y yo no sabía si dejaba bien puesto los tenedores familiares con mis provisiones.

Partir por el postre siempre es una sabia decisión. Tenía frutas, chocolate, huevos, leche y mucha harina. Pensé en realizar un postre con piña caramelizada y una mousse de frambuesas pero de pronto me vi mas complicada con los tiempos de lo que debería. En teoría, tenía dos horas para un almuerzo de seis y yo seguía pensando en boludeces al cuadrado.
Así que opté por lo sano. Por ganar tiempo y lo que se me ocurrió fue mi postre de los 12 años: La leche asada. El que diga que es un postre bajo en calorías es re tonto! Es un postre en base a leche con una alta cuota de huevos y caramelo. Pero como nos gusta pecar y cuando lo hacemos, lo hacemos muy bien, aquí les dejo la simple receta para que se vayan al infierno conmigo!

¿Qué vamos a necesitar?

Pues mis medidas fueron para 7 porciones generosas. (Mi familia no come poquito). Desde ya advierto que están en consideración el cómo lo hice yo y como me lo enseñaron.

   - 1 litro 200 de leche blanca (yo ocupé descremada y funciona igual pero con leche entera ahí si que va de pelos!)
   -       Una vaina de vainilla. Esencia de vainilla tb funciona .
   -        8 huevos. (En teoría y según me enseñaron, por cada 200 cc de leche van dos huevos… o sea que también esta receta podría haber llevado doce huevos para la cantidad de leche que utilicé…! Con ocho huevos me funcionó perfect y mis comensales siguen vivos jiji!)
   -        Azúcar: Aquí nos complicamos la existencia porque por cada 200 cc de leche deberían ir aproximadamente unos 45 gr de azúcar. Pero como hoy andaba rebelde. Lo hice “al ojo”. Para que no se estresen, en el paso 2 que está más abajo, incorporen azúcar hasta que les guste. Es tu leche asada, si te gusta dulce pues la endulzas mas y si no, menos y ya está.
   -        Azúcar para caramelo. La receta básica que me enseñaron en gastronomía son 120 gr de azúcar cada 50 cc de agua pero ya adivinarán que también lo hice sin pesar y solo vertí azúcar y agua en un sartén y al fuego hasta que tomó color.

¿Cómo se prepara?

Paso 1: El primer paso es  siempre prender el horno. Esta vez lo queremos a 160°c. Luego nos vamos de lleno a preparar el caramelo como  lo indiqué en el párrafo anterior y, cuando está listo, verter éste con mucho cuidado en la fuente o budinera que deseen ocupar (Cuidado extremo con el caramelo que son las peores quemaduras de la vida!)

Paso 2: mezclar en una olla la mitad de la leche con el azúcar a gusto -o siguiendo la proporción clásica de gramaje de azúcar indicada más arriba- mas la vaina de vainilla o esencia.  A mí me gusta más la vaina aunque es muchísimo más cara pero su aroma y sabor es delicioso. Retirar del fuego cuando los cristales de azúcar están disueltos (¿Cómo sabes eso? Simple, al probar con una cucharita, no los notarás en el paladar)

Paso tres: ¿Se acuerdan que solo llevamos la mitad de la leche a la olla? Pues con la otra mitad y con ayuda de un batidor, mezclaremos los huevos con el resto de leche y lo pasaremos todo por un colador para retirar la chalaza del huevo. Una vez que esté tibia nuestra otra mitad de mezcla del paso dos, uniremos ambas porciones y retiraremos la vaina de vainilla. (La leche de la olla debe estar tibia: No queremos huevos revueltos en leche con azúcar!)

Paso 4: Llevar toda la mezcla a la budinera, verter, y llevar al horno. Sacar un buen libro y esperar entre 45 minutos a una hora y cuarto dependiendo del horno y ya tendrán su leche asada!!! (¿Cómo saber cuando está lista? Pues para mi la forma más fácil es mover suavemente la fuente; si no se mueve mucho ya está lista. Y para re asegurarme de mi decisión, levanto un poco la costra con ayuda de una cuchara pequeña y saco un poco con mucho cuidado)

¿Difícil? Para nada! La harán muy rápido! Si no tienen pesa y no tienen como ver el gramaje de la azúcar, recuerden que la proporción clásica es por 200cc de leche, dos huevos. El azúcar va por gusto del cocinero. Si recomiendo no ser muy desmedidos con el azúcar de la mezcla ya que deben tener en consideración que lleva caramelo y que éste también endulzará el postre.

Ojala se animen y la preparen! Si lo hacen, etiquétenme! Para ver sus creaciones.
Los quiero!!!

Aquí les dejo una foto del postre de hace un buen tiempo. Al de hoy no conseguí tomar foto. Comimos muy rápido jeje!






P.D:  Para que no se destrocen los dedos sacando el caramelo del sartén u olla donde lo hayan preparado, cubran con agua caliente y dejen al fuego. Verán que tras hervir unos minutos el caramelo se disuelve y cuesta muchísimo menos limpiar

domingo, 26 de octubre de 2014

La Vega!!!

Que heavy cómo pasa el tiempo… ya casi es navidad! Andaba de compras para un pedido y casi me tropiezo de lleno con una tarima de pinos de navidad!!! Fue un pestañazo y de marzo salté a diciembre. ¿Será que me estoy volviendo vieja? Cuando era pequeña los días se arrastraban y esos tres meses de vacaciones de verano parecían una eternidad!!!

Vacaciones, eh?... (No, no pensaré en ello. Sospecho que este año no tendré vacaciones pero eso, como dicen por ahí, ya es harina de otro costal) No sé bien que escribir hoy. De pronto estaba tomando un café mirando el techo tras 6 horas consecutivas de clases de inglés a un niño de 12 años cuando recordé que hace mil años que no escribía nada y me empezaron a picar los dedos de las manos. ¿Qué les puedo contar? ¡La semana pasada fue de locos! Un gran matrimonio y con Ju estuvimos a cargo de los postres y para ello tuvimos que cubrir una enorme lista de compras.

Solo existe un lugar para comprar ¡La Vega!

 ¡Todavía me llena de una exquisita ansiedad partir para allá! Cada vez que voy me siento inmersa en un mundo nuevo en el que siempre descubro algo que deseo llevar a casa para dilucidar cómo preparar. Son tantos olores, sabores, colores que mi mejor forma de describirlo sería como si explotara en mi cara una burbuja con lo mejor de este mundo! Unas zanahorias dignas de un gigante, camino a otro puesto y tienen esos deliciosos y mutantes champiñones que, de solo verlos, me los imagino rellenos con una persilada y tocino asados en el horno. ¿Qué tipo de papas deseas llevar a casa? Si no está acá ¡No existe! Es tan barato que no te duele empezar a comprar y seguir comprando sin más. Todo increíblemente fresco que te seduce a la primera mirada.

 Ya no me pierdo como las primeras veces entre sus pasadizos abarrotados de frutas, verduras, carnes, congelados, especias, restaurantes… y los puestos peruanos!, Oh esos si que me enloquecen! Reconozco que desde que pongo un pie en la Vega me da un hambre del terrock que intento mitigar con una botella de agua (que obviamente olvido en algún otro puesto posterior). Y con Ju vamos diciendo “Mira eso!”, “¿Y si nos llevamos esto y preparamos hoy…?” “¡Es para allá!” con un carrito a todo motor de tracción dos manos con el que vamos golpeando los tobillos de los pobres a-mi-no-please que se cruzan por nuestro camino. Creo que recién esta última vez que fui logré una ruta de vuelta a casa conocida. Siempre sé llegar pero la vuelta…Uf! me complica montones y voy con los ojos medios desorbitados rezando por acertar en el camino correcto mientras esquivo a los peatones que se cruzan como si estuvieran en medio de Nueva Delhi, los carros tirados por hombres con las caras sudadas que se interponen en la vía como si fueran automóviles alocados y los hoyos en el pavimento que en verdad son verdaderos cráteres a punto de entrar en erupción. Ahí me aferro al volante mientras le pregunto cada 5 minutos a Ju “¿Era por acá?”  y ella me mira con los ojos como platos media muerta de la risa. Me gusta La Vega… sigue siendo mi lugar mágico donde todo puede pasar.

¿No han ido aun? Zapatos cómodos (zapatillas tanto mejor!) para caminar por un buen rato sin problemas, botellita de agua, bolso o banano liviano (nada que haga peso en el hombro y que resulte una molestia) y ganas de saborear nuevos productos como si estuvieran descubriendo el mundo con cada uno de ellos. Si no tienen un carrito tipo feria pueden comprar uno allá mismo porque ir acumulando bolsitas en las manos es fatal! Te van cortando la circulación y te van poniendo idiota… eso me han contado cof cof…! Disfruten de todo, pregunten hasta que les den puntadas y verán que hasta les dan nuevas recetas para preparar “algo nuevo” que encontraron por ahí. Y si quieren elevar su autoestima a mil en uno de esos días en que nada del closet parece lucir bien, pues partan a La Vega! (recomiendo los piropos de los carniceros ¡son los que me sacan carcajadas por mil!) Ya sé que anda todo un movimiento por eliminar los piropos pero, si son graciosos, a mi me encantan y hasta el día de hoy nunca he recibido uno malo allá.
También me sucedió la primera vez que fui que, de solo dar la primera mirada, me sentí temerosa de que me pudiese suceder algo; algún asalto o robo… es que es tanta gente en un mismo lugar todos revoloteando al mismo tiempo! Pero la verdad es que nunca he tenido ningún problema de ese tipo. No creo que sea el lugar para exhibir las mejores joyas del sultán pero me siento segura ahí y eso que tengo un umbral de cobardía bastante alto. Es extraño pero siento que hasta la misma gente que con una sonrisa te atiende, te cuidan y chequean también el entorno.


En fin…creo que encontré tema “sin querer queriendo” como dice un gran personaje por ahí. No me queda más que invitarlos a que se animen a recorrer este enorme y pintoresco mercado abarrotado de maravillosos ingredientes. Que se lleven de ahí las mejores frutillas y esos tomates que de verdad saben a tomates de la mano con un enorme ramo de albahaca! Tal vez, como me pasó a mi, terminen encandilados por este maravilloso y típico lugar en medio de nuestro Santiago.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Del 18 con té chai y la pala amiga.

Escucho las notas de Tempest de Deftones dejándome llevar como si pudiera, con mi solo deseo, invocar una tormenta. Me gustaría tener ese poder. No los aburriré con la ruma torcida de libros que tengo por leer para todos mis brillantes “pendientes” pero es que estaba con la nariz en medio de un aburrido libro de ahumados cuando “me empezaron a picar los dedos”; hace tiempo que no escribía. Mea culpa pero he debido cocinar bastante, gastar mis corneas en libros de fantasía hasta que se me cierran los ojos en la noche, cavar en mi jardín como conejo y estoy probando dejar mi mente en blanco quedándome quieta como una esfinge mientras reduce el calor de mi té con tal de mantener mi eje con todo el movimiento del último tiempo. Y es que percibo que tantas cosas han cambiado a mi alrededor que la única forma que tengo a veces de asimilar el conjunto de todo esto es drenándome por alguna de las vías mencionadas.


No sé. Tal vez sea la primavera que me sorprendo a mi misma haciendo cosas inusuales. Poco después de mi cumpleaños me desperté un día mirando mis libros con un solo pensamiento en la cabeza “Y qué harás con ellos, con todas tus cosas cuando viajes?” Me sorprendió la frecuencia de mi cabeza. ¿Qué haré con todas mis cosas… si no es un viaje, cuando parta? Para qué esforzarme tanto en tener esto si no me podré llevar nada? Tal vez ni vuelva a viajar pero tener tan a carne viva que todo lo que me rodea, todo esto, es casi un lindo escenario prestado me dejó sentada con los ojos redondos entre las sábanas.  Aun no tomaba café  y, como primer pensamiento mañanero, me abofeteó con una fuerza despiadada.

... Entonces, ¿Qué quieres hacer?

 Nuevo hoyo en el jardín por la tarde para plantar la melisa.

 Al menos plantar ayuda a las abejitas… a tener algo más de oxígeno en el mundo. Mis pertenencias materiales no aportan nada. A nadie. Ni a mí.

Sé que desde pequeño nos dicen que nada material se irá a la tumba con nosotros. Nada trascenderá pero de pronto ver en mi entorno tanta gente amargada que solo piensa en todo lo material (auto, casas, los últimos zapatos de la temporada…) y yo de pronto cuestionándome para qué estaba “acumulando” cosas. No sé bien como explicarlo pero fue como haber salido del agua y dar con ganas la primera bocanada de aire. Así que he gastado más dinero en plantas que en comprar otras cosas desde ese entonces. Ya que no puedo tener animalitos en casa seré la loca de las plantas.

Siento que voy cerrando un ciclo que se abrió cuando di el salto a gastronomía. Quizás es tal vez todo esto porque ya queda poco para que acabe. Me estoy liberando de una serie de cadenas que antes me tenían secuestrada y solo porque yo quise que así fuera. En un inicio fue la profesión que me intoxicaba que deseché, luego fue un círculo de personas de ese ámbito que no me reportaban ningún beneficio y que solo criticaban. Podé mis amistades. Me quedé con un puñado de ese tiempo que, si bien no veo tan seguido como desearía, me sacan sonrisas. Aun muchas veces por fb me aportan más de lo que seguramente ellos sospechan. Me miré con otros ojos.

Mis ojos.

No sé si es parte del crecimiento normal de un ser humano llegar a abrazarse a si mismo con tanta intensidad. Y como sé que probablemente no me casaré ni tendré hijos como la mayoría  es que me he puesto a crear una serie de planes en los que encajo a la perfección. Y no son más que míos. No cumplen con ningún estándar social, ni familiar ni siquiera cultural. Ya que siempre he sido un tornillo especial atornillaré donde quiera hacerlo. Y no es que critique lo tradicional. Creo que simplemente no encajo en ese molde. Y obvio que escribo la palabra “molde” y se me viene a la cabeza un aromático queque de clementinas que le irían de pelos a este té chai jajaja!

Mi cabeza siempre pensando en comida. Es un problema porque después de este 18 (y eso que siento que logré contenerme) mañana estaremos todos a agua. Hablando del 18, compré por ahí un maravillo té chai que me tiene en las nubes. Varios de ustedes saben de mi compulsiva adicción al té negro con jengibre fresco y miel. Tanto así que muchas veces en la universidad ando con todo el pack para afrontar el día. Del té chai claro que había escuchado pero lo asocio bastante a una moda de la cual me negué a ser parte, ¡hasta escuchar el nombre me da risa burlona!. Pero si hay algo con lo que siempre puedo contar aparte de mi estupidez, es mi infinita curiosidad. Llevaba meses escuchando a Vivi y Ale hablando de lo mucho que disfrutaban sus respectivos té chai en una aclamada cafetería y de pronto veo en un puestito artesanal a un tipo con pinta de hippie montañés barbudo vendiendo enormes bolsas de té de diferentes tipos. Un billete menos en mi billetera escuálida y el té se vino a casa para descansar en mi cocina.

Bueno volviendo al tema de esperar la lluvia con buenos pensamientos, estuve investigando sobre este brebaje y pues, con solo escuchar los ingredientes hasta el medio bobo capta que es mejor que un simple té en bolsita.

Foto extraída de http://www.cocinista.es


Clavo de Olor. Esta especia contiene fitonutrientes; contiene altas cantidades de manganeso, fibra dietética, ácidos grasos omega-3, vitamina C, vitamina K, calcio, potasio, magnesio, ácido fólico, fósforo y hierro. Entre sus beneficios encontramos que es un excelente analgésico natural aliviando eficazmente el dolor de cabeza; también es anti-inflamatorio, favorece a la digestión, la salud cardiovascular y fortalece al sistema respiratorio, además es anti-oxidante.

Cardamomo. El chai que no lleva cardamomo, no es chai. El cardamomo contiene proteína, agua, aceite esencial, almidón, ácidos grasos y mucha fibra. Contrarresta los efectos a la intolerancia al gluten. Es útil para problemas urinarios. Regula el metabolismo. Se recomienda a quienes sufren de artritis o diabetes. Expectorante, antiséptico y anticancerígeno. Favorece al sistema digestivo, las vías respiratorias y, además, es afrodisiaco.

Canela. Entre sus propiedades encontramos que regula los niveles de azúcar y de colesterol en el organismo. Tiene efectos antimicrobianos, alivia molestias digestivas, alivia infecciones de la boca, elimina las molestas del resfriado. También es un afrodisiaco natural. La canela es rica en vitamina A, magnesio, vitaminas del complejo B, zinc o flavonoides,

Jengibre. Este tubérculo es una joya que debemos aprovechar. Es muy rica en aminoácidos y minerales: aluminio, boro, cromo, cobalto, manganeso, fósforo, silicio, zinc. Aporta beneficios al aparato digestivo — esa antivomitivo, evita los mareos, auxiliar en el caso de úlceras, diarrea —; aparato circulatorio — previene enfermedades del corazón, circulatorias, heridas por congelación —; aparato respiratorio — contra síntomas de gripe, resfriado, sinusitis; combate al síndrome de fatiga crónica, el dolor por sus propiedades antiflamatorias y analgésicas; auxiliar en tratamiento de artritis, síndrome de túnel carpiano y dolor de muelas.

Encontré recetas que incluyen pimienta, nuez moscada, anís estrellado (el cual adoro con todo mi ser!), azafrán… también existen variantes respecto al té a utilizar pero al parecer el más común es té negro*** Me pueden corregir todos los que posean mejor información que la expuesta por fa! *** Como a mi me gustan casi todas las especias, a mi base de té chai artesanal que traía canela, anís estrellado, jengibre y cardamomo le agregué también pimienta roja (de la cual me enamoré a la fuerza en España con unos almíbares sublimes) y vainas de vainilla en trocitos. No me gusta mucho la versión con leche pero se los recomiendo absolutamente para estudiar o para mantenerse concentrados en algo. Y espero no ser hereje en este comentario si, recién servido, mientras lo dejan reposar agregan un trozo de cáscara de clementina ¡es una maravilla en el paladar! 

Así cumplí con mi break-pica-dedos y ya voy de vuelta al estudio con un mega tazón especiado a ver si logro dar pelea por una hora y media más.

Los quiero y gracias como siempre por leer y acompañarme aun en la distancia.

La frase del día de hoy: “No solo estamos donde debemos estar, sino que además estamos cuando tenemos que estar… ¡Somos incluso quienes tenemos que ser!”-  Robin Hobb.




miércoles, 11 de junio de 2014

Pollo Fitness- Receta.

Cada vez que conozco a un tipo nuevo y le digo lo que estudio, asumen que se viene la gran cena de mantel largo con música ad-hoc y un baile de platos. Al parecer la leyenda cuenta que los cocineros comemos increíblemente gourmet todo el tiempo. Siento ser yo la que les diga que eso, las mas de las veces, no sucede!!!. Y no es que no nos apasione la comida, ¡al contrario! Podemos pasar horas mirando montajes de platos, indagando en internet por nuevas recetas, buscando roñosos libros en ferias de las pulgas con polvorientas recetas de la época de Alarico II y acostándonos pensando en cómo preparar lo que tenemos en mente pero, tras largas jornadas laborales, llegar a casa a cocinar no resulta muy tentador. Y si, confieso que muchas veces me quedo delante del refrigerador con la puerta abierta en mano mirando con cansancio lo que sea que tengo adentro. Pensando la clásica pregunta "¿Qué comeré hoy?" Somos igual que los que no estudian gastronomía. Caemos en la misma trampa cada vez que llegamos a casa.

Y así es como la historia de esta preparación parte... camino al depto de Ju con sonajera de tripas a las 17:15. Sin almuerzo aun, mi alien en el estómago rugía a mas no poder y se ponía en alerta al primer aroma a comida que recibiera. Obvio que las malas costumbres no se quitan de un día para otro y así, de un extremo a otro del pasillo del bus, le pregunto a la Ju "¿Qué cenaremos hoy?"

- ¿Pollo?- me responde alzando una ceja no del todo convencida.
- Pollo....cómo? ¿Con qué?
-Mmmm... ¿apanado con arroz?
- Suena bien...¿Tenemos todo o pasamos al supermercado?
- Super. Nos falta pan rallado.

En ese preciso instante recordé alguna vez, en algún programa de televisión, en el que preparaban pollo con hojuelas de cereales. Mi amiga imaginaria responsable, la Domi, que para ese entonces figuraba muerta tras Costos de la Industria Hotelera, me susurró que olvidara la idea de mi pollo y dejara que Ju llevara acabo su receta familiar de la cual había escuchado excelentes buenas reseñas pero que jamás había probado. ¡Había llegado el momento de probar el pollo apanado de Juuuuu! Sonaba a buen plan de acción hasta que mi amigo imaginario malvado le dio un codazo y la sacó del asiento argumentando que podría intentar lo de los cereales. Honestamente creo que el muy roedor quería ver un desastre de pollo en hojuelas y por eso insistió tanto en el tema y la verdad es que me convenció! Me bajé del bus directo al super pensando en probar la teoría de las hojuelas. Mientras Ju daba vueltas buscando pan rallado, me fui directo al área de cereales cabeceando en cuál usar porque mi primera opción era utilizar los Corn Flakes Kellogs. Domi en el acto lanzó una gran argumentación aludiendo a que las hojuelas eran delgadas y que quizás eso repercutiera directamente en la crujencia del pollo. Opté por llevar el cereal fitness porque sus hojuelas son mas gruesas e integrales.

 ¿Si me sentí hereje pensando en que lo sumergería en aceite? Si! pero era por el bien de la cena.

Nos devolvimos arrastrando las patitas con la noche pisándonos los talones y mi amigo imaginario autista, mi querido Vivo,  recogiendo hojitas cafés del piso. Los otros dos secuaces nos seguían con paso firme discutiendo qué se venía con el famoso pollo. En tanto descongelábamos los filetes de pechuga de pollo, yo preparé el arroz y Ju aplicadamente desocupó el área de cocina en plena sincronía. Sonó el microondas y había llegado el momento de poner manos a la obra! Yo no quería arruinar nuestra cena; Mi experimento podía fallar estrepitosamente y terminar en la basura así que le dejé la gran porción de pollo a ella que los prepararía con la receta familiar y yo separé unos pocos para el experimento. Lo primero que pensé fue en los sabores que quería incorporar. Desfiló el merkén para despertar las papilas gustativas (aunque mi alien estaba mas que despierto en el estómago...debería haber tragado un somnífero), la sal, la miel porque simplemente me gusta y de la mano debía ir la mostaza porque no hay dos mejores amigos que esos dos juntos!. Quería pimienta negra gruesa pero no encontré asi que lance al bowl donde ya llevaba todo lo anteriormente nombrado, un poco de orégano (las malas lenguas dicen que abre el apetito) y un huevo entero. Lo batí hasta que todo formó una mezcla homogénea. A este punto mi querido lector, si esperaba que esta receta fuera con gramos, siento decepcionarlos. Tenía tanta hambre que solo fui lanzando todo al bowl como me tincaba. 

Si tienen miedo a meter las patas ¿Qué importa? Queda mal y punto. Solo dejense llevar, nada de miedo y atrévanse a no seguir la pauta por una vez. Esto sería como sacarse el sostén en la revolución femenina pero en el ámbito de la gastronomía ¡Sin medidas!

Toca ahora lo más fácil.  
Primera etapa del experimento: Tomar cada porción de pollo y enharinarlo. ¿Por que lo enharinamos? para que fije mejor los pasos siguientes.
Segunda etapa del experimento: Pasar ese trozo de pollo blanquecino por la mezcla de huevo con todas esas especies que quieran añadirle. Si solo lo pasan por el huevo, la tercera etapa resbalará y dejará un desastre en sus sartenes! Creanme, todo quedará en todas partes del sartén menos donde debería estar ¡en el pollo!
Tercera etapa:  tras enharinar el pollo, pasarlo por el bowl con el huevo, es apanarlo en la mezcla de hojuelas integrales levemente molidas con las manos y un poco de pan rallado. ¿En qué proporción hice esta mezcla? Diría que 4 es a 1 (4 de hojuelas y una de pan rallado). Le volví a poner algo de sal a las hojuelas- ya que tenían notas levemente dulces- y dejé mi experimento unos 25 minutos en el freezer para que el frío fijara aun mas las hojuelas mientras Ju para ese entonces, apagaba el arroz y freía ya su receta de pollo familiar (Habemus pollo apanado gritaba mi alien enfurecido en mis tripas!!!)

En cuanto terminó Ju con el sartén, partí rezando. Mi amigo imaginario malvado se trepó al mesón sin quitar su mirada del sartén. Creo que ansiaba tanto el desastre que ni respiraba deseándome mal. Domi, en tanto, se sentó muy señorita sobre una silla tomando coca light a sorbitos analizando la teoría de Sheldon Cooper con las cuerdas que ni yo logro entender bien de qué trata. Vivo ni idea dónde andaba... él siempre está en su mundo, tanto que a veces se me olvida que anda por ahí. Ya perdí el punto! Sartén caliente, aceite de maravilla que tome temperatura y lancé la primera porción de pollo rezando que las hojuelas se mantuvieran pegadas. Fue grata sorpresa ver que seguían ahí. Mi idea era dar vuelta y vuelta a la porción de pollo en el sartén y terminar su cocción el el horno a unos 180 grados celcius  por unos 10 minutos ya que no era muy gruesos los filetes. Confieso también que el hambre pudo mas y los hice todos en el sartén. Funciona de las dos maneras y ahí es decisión de cada cual como proceder. A mi me gusta mas hacer un vuelta y vuelta en el sarten y terminarlo en el horno ya que de esta forma, el rebozado no absorbe tanto aceite y me engaño pensando que no es tan calórico. Sigue siendo calórico pero retiene menos aceite que solo preparándolo al sartén. Paciencia con mi redacción, van a ser la una de la mañana y estuve desde las 19:30 de la tarde escribiendo un trabajito de Perú. Dudas, consultas y bla bla me las hacen en comentarios y trataré de explicarme lo mejor posible. Lo prometo!

Bueno, ya en el sartén lo deje muy quieto y rezando hasta el momento de dar la vuelta a la porción a fin de evitar el desprendimiento de hojuelas. Lo saqué del sartén, dejé que eliminara el excedente de aceite en papel absorvente y obvio ¡Lo probé de inmediato! Nunca sabes cómo está hasta que lo pruebas!!!. Francamente el resultado me sorprendió! Crujiente por fuera, suave por dentro con la miel saltando con el merkén en mi lengua en pleno baile encandilante ¡Asombroso! Solo entonces puse las demás porciones de pollo en el sartén en diferentes tandas esperando al fin el "almuerzocena" como si fuese el mesías prometido.

Así que aquí les dejo las indicaciones. Jueguen, atrévanse a improvisar. No necesitan estudiar gastronomía para mezclar unos cuantos ingredientes y rezar como yo frente al sartén! Puede que este pollo no sea la comida gourmet esperada de una aspirante a cocinera pero fuera de la U y del trabajo, no le tengo que rendir cuentas a nadie and I feeeeeeeeeeeeeel GOOD (lease en tono de James Brown!)

Los quiero!

sábado, 5 de abril de 2014

El peligro que desaparezcan los almacenes de barrio.

Eran las 07:25 de la madrugada y yo figuraba estacionada en la universidad con mi mug rebosante de café haciendo gala de mi manía de escuchar noticias en la radio por la mañana (costumbre que heredé de mi papá desde el colegio y creo que ya no la logré erradicar). Con la mirada perdida en algún punto entre "no-estas-dormida" y "sueño-profundo-en-rem" algo de lo que hablaban llamó mi atención:

 ¿Por qué es tan importante que no desaparezcan los almacenes de barrio?

 Me quedé pensando... Si, claro que es una fuente de ingresos para muchas familias y no se puede negar como nos salvan el pellejo cuando se nos olvida algo y no queremos ir al supermercado colapsado de almas felices. Eso sin contar lo más importante y valorable: de alguna manera logran hacer que el barrio tenga corazón propio porque, así como las plazas, son un punto de interacción para los vecinos.
Recordé lo grande que me sentí cuando era pequeña la primera vez que me dejaron ir a comprar pan a solo una cuadra y media de mi casa y como varios vecinos me saludaron mientras esperábamos esas deliciosas marraquetas crujientes y tentadoramente calientitas invocantes de mantequilla. También recordé lo felices que estaban todos cuando escucharon que un mega supermercado abriría a cuadras de mi casa porque podrían encontrar artículos que el almacén no vendía. Realmente no supe qué pasó con ese almacén porque me cambié de casa. Hace unos meses pasé por mi antiguo barrio y ahí estaba mi viejo almacén. Lucía algo mas demacrado pero con su clientela fiel entre la multiplicidad de artículos en venta (desde detergentes, paltas, pan y hasta lápices! Así de completo!). Supe que había planes de construir un strip center con una de las dos cadenas de reemplaza-almacenes muy pronto y admiré que sus dueños, aún con un supermercado a dos cuadras, no hubiesen cerrado el lugar. Recuerden que aun no eran ni las 8 am y, sin mucha cafeína, mi cerebro sigue navegando entre martes y júpiter... Entonces ¡¿Por qué era tan importante que los almacenes no desaparecieran?! ¿Nadie nos salvaría de comprar todo en carritos con esas filas eternas caja tras caja? Otro sorbo de café. No se me había ocurrido pensar en el enfoque que escuché y tal vez por eso el motivo de compartir la reflexión:

 Los pequeños almacenes de barrio han ido desapareciendo y, en su reemplazo, tiendas como el Ok Market o el Big John aparecen en nuestras esquinas.
¿El peligro?: ¿Dónde esta la fruta fresca o las verduras sin procesar?

Me quedé petrificada. Inmediatamente mi cabeza pasó revisión mental a los productos en venta y de verdad que no logré recordar productos frescos. ¡Todo en bolsa! ¿Estaremos cayendo en ese horrible trance de considerar la rodaja de tomate y la hoja de lechuga del sandwich como ensalada? Ensaladas en platos preparados con un dressing capaz de matar a un hipertenso por la cantidad de sodio camuflado sin contar que tiene esas extra calorías que pensaste que evadirías al mascar solo pasto cual rumiante! De frutas ni idea...!!! ¿tendría que buscar en el sector de mermeladas? tal vez algún helado con trozos de frutas...¿no? Los comentaristas de la radio señalaron un estudio con el cual no logro dar aun sobre este tema. Son en estos momentos cuando pienso que me falta inteligencia, ¿saben? porque por mi cuenta no fui capaz de captar este pequeño gran detalle y bueno, también reconozco que jamás entro a esos lugares para comprar la lista de frutas y verduras de la semana sino para algo puntual que involucre entrar y salir (usualmente hielo o una bebida para el carrete del fin de semana). Sé de amigos que son asiduos a ir para comprar desayunos, almuerzos o cenas -por lo general viven solos y le tienen un miedo del terror a la cocina- y por supuesto es ahí donde esta carencia de productos frescos tiene relevancia; Si no están presentes, los clientes no los pueden elegir. De una u otra manera estos "reemplazantes" te invitan a comer productos procesados. Si no tengo posibilidades, no tengo libertad.  Si no tengo alternativas; no puedo elegir. El almacén de la esquina te sigue tentando entre las uvas y ese pedazo de zapallo siempre a medio cortar en algún estante usualmente cerca de la albahaca...¿ A que si?

 ¿Qué opinan ustedes al respecto? A mi me bajó la nostalgia.

jueves, 3 de abril de 2014

Esa temida palabra...!!!

Tengo mis ojos pequeños como una japonesa crespa que viene recién saliendo del sarcófago. Llegué a las 17:00 aproximadamente a casa y desperté a las 19:35 totalmente desorientada con un retazo de luz escurriéndose en el jardín (Si! pensé que había dormido una tonelada de horas y que estaba amaneciendo...casi grité como ardilla de la Era del Hielo que se le escapa la bellota!) Hablando de gritos, confieso que ha sido un comienzo de clases rudo! Volví a la universidad hace una semana reptando. Podría decir "caminando dignamente" pero yo sé que lucía tan mal como me veía... me sigue doliendo un pie de "historia de una maleta que se quiso caer en el metro y logró ser atrapada justo a tiempo" y las piernas cada vez que las estiro (merci Paris!!!).
 El horroroso cambio de horario me tiene adormilada cerca de las ocho de la noche y despierta a las 2 am y, durante mi desayuno, siempre quiero almorzar. Ok, si soy realmente honesta paso toda la mañana en la universidad repitiendo con ojos brillosos de caricatura japonesa "¿Ya vamos a almorzar?" a cuanto ser humano tengo a la redonda.

 He llegado solo a escuchar "Agara gara gara gara" en clases de matemáticas financieras y en costos de la industria hotelera. Entre cierro aun mas mis ojos leyendo nuevamente la última línea escrita y pienso que el "Agara gara gara gara" debería haber estado con mayúsculas porque realmente no entendí absolutamente nada. Intenté tomar notas de los ejercicios que revisaban en la pizarra pero el símil mas cercano a mi accionar sería probablemente el de un maya intentando tallar en la piedra los jeroglíficos en alguna pirámide perdida en Egipto. Nada de nada! Gracias a San-guchito estaba tan dormida post almuerzo que no me asusté, tampoco hiperventilé augurando mi futuro desastroso lleno de exámenes, condenada a un semestre oscuro y tétrico de escarmientos.¡No señor! Muy dignamente dejé el lápiz sobre mis intentos de tomar nota y  respiré profundo. No me mató el metro de París, no me van a matar unos jeroglíficos locos! Ya me pondré al día con este lío de números. Ya me pondré al día con volver a ser universitaria.

¿De qué tenía ganas de escribir hoy aparte de mi abrupta transición de horarios? De una palabra que nos duele a todas las mujeres y que probablemente nos aterroriza aun mas en la boca de un hombre. Esa palabra que es la versión crecida del "cuco"..."del hombre del saco" para nosotras. Que de solo escucharla se reprime un grito ahogado e inmediatamente piensas "no por favor, noooo!!!"

 ¿Ya saben cuál es?

¿No?

Seré valiente. La voy a decir en voz alta pero esto es como llamar a Don Sata frente a un espejo en la Noche de San Juan. Vamos! seré valiente y la diré:  DIETA.
Así es señores. Las mujeres tememos a esta palabrita porque es un monstruo encadenado a otros monstruos. No es solo estar gorditas (gorditas porque gorda duele mas cuando ridículamente es lo mismo) sino que cae de cajón el segundo monstruo de que te ves mal (elefante), el tercer monstruo de que la ropa no se ve tan bien en ti (prieta), el cuarto monstruo de que el futuro ex con el que estas saliendo te cambie por una modelito mas raquítica (flaca insípida) y para rematar, viene el quinto monstruo que es el peor de todos. Ese que te susurra suavemente al oído "¿Ves ese espectacular chocolate bitter al frente tuyo? (el muy condenado hace una pausa para que tu realmente veas el chocolate y respires su esencia magnífica disparando tus papilas gustativas) y prosigue "...Pues hoy no te lo podrás comer. Ni hoy, ni mañana, ni pasado!"

Da pena estar a dieta. Pero mas miserable aun me siento al estar a dieta en la universidad donde todo el edificio de gastronomía despierta el hambre en mi. No bastando mis horarios alterados de que al desayuno ya quiera almorzar, debo soportar estoicamente y sin bandera, no caer en tentación cuando todo huele a pan horneado, a galletas, a pizza y a cuanta cosa rica. A veces me pregunto si los gastrónomos tenemos un olfato mas desarrollado, ¿saben? porque he visto que un buen gastrónomo hambriento distingue hasta las notas de orégano fresco y romero en una preparación con su aroma levitando en el aire. Mi madre diría que todo se basa en el autocontrol pero es difícil tragarse solo el autocontrol, solo eso y nada mas cuando tienens todo para probar a solo una cuchara de distancia. Si me resigno a huir como alma que se la quiere llevar el diablo de el edificio y llego a mi super cafetería, me da toda la rabia del "¿Por qué la comida chatarra sale mas barata que un plato saludable?" ¿Alguien en verdad me puede explicar que tratamiento desconocido le hacen al puñado de lechuga que sale mas caro que la comida chatarra?!!! Realmente no entiendo que una hamburguesa con coca cola y empanaditas de queso te pueda salir mas barato que una ensalada. Seguro que es porque la lechuga la lavan cantando mantras por un coro premium de otro continente lleno de mandalas y luego pasan hoja por hoja por una máquina de última tecnología ionizadora para eliminar todo tipo de microorganismos.

JA!

Obviamente las autoridades del gobierno lanzan campañas para que la población aprenda a vivir sano y baje sus índices de obesidad. Convengamos es que tampoco lo hacen porque realmente se preocupen por nosotros, eh? Estas campañas no son de buena persona! Es porque un obeso tiene mayor necesidad de ocupar el sistema público de salud que una persona sin sobrepeso cuyo corazón, presión arterial, índices de azúcar, articulaciones, entre otros le funcionan perfect. El punto es que lanzan estas campañas cuando lo relevante es que de alguna manera logren que los restaurantes que venden comida saludable tengan precios definitivamente accesibles para sus clientes; Que comer saludable  salga mas barato que la comida chatarra ya sería, para gran parte de la población, un incentivo para dejar el completo de metro y medio. ¿Cómo nadie del gobierno se le ha ocurrido brindar una rebaja de impuestos a los restaurantes que se unan a un plan de platos mas sanos? Así  el restaurant como el cliente tendrían un incentivo tanto para vender estos platos como para comprarlos. ¿Es tan disparatado y aberrante lo que pienso?

¿Por qué los gastrónomos no unimos fuerzas con el gobierno y nos enfocamos en buscar desde la cocina y desde los precios de venta estímulos que tienten a los consumidores a comer mejor y mas saludable?


En fin. En eso divago mientras tomo un café... dejaré para otra ocasión la crisis que provoca en las mujeres la ropa asiática porque unos jeans de ellos talla 40 no entran en las caderas de la mujer latina. Da igual cuanto roguemos para que ese pantalón entre; ni estando un mes a agua nos quedarían bien pero bueno... ese es tema para dejar el café y partir las piscolas. Es que en verdad no se imaginan el drama que tenemos las mujeres cuando en una tienda eres 42, en otra 40, en una asiática simplemente no te cabe nada y en otras  tiendas cuyos maniquíes son mas rellenitos que las vendedoras, te miran de arriba a bajo como diciendo "Ja! tu crees de verdad que algo de elite que vendemos nosotros te quedará?" Surge inmediatamente la seguidilla de preguntas "¿Subí de peso?, "¿Baje de peso?" "¿Quién soy?" jajaja!

Prefiero pensar que no estoy a dieta. Opto por pensar que estoy comiendo sano... Así no siento esa horrorosa ansiedad que emerge cuando sabes que estas a dieta. Mala mezcla el tener hambre y sueño pero bueno, ya volveré a la rutina de nuevo y se regularizará todo (Solo por su seguridad si me ve mal genio corra en dirección opuesta). Lo cual me lleva directamente a algo que dejé en el tintero cuando comencé a ahondar en esto: Si hay algo a lo que he aprendido a temer mas que una mujer a dieta, es a temer a un hombre a dieta! Con todo respeto a los machos alfa que me puedan estar leyendo ¡¡¡Si que andan odiosos cuando no comen!!! Debe ser porque a las mujeres pasamos de dieta en dieta desde prácticamente toda la adolescencia y los chicos rara vez sufren por estas conductas detestables de exclusión de alimentos.

Creo que voy por otro café. Buenas noches terrícolas! Beijos!