miércoles, 14 de noviembre de 2012

Prueba de Mousse.


Me bajé del auto cargada como equeco un poco antes de las ocho de la mañana. Llevaba en una gran bolsa azul -cortesía de Judith- una batidora, mini pymer, colador, carpeta con las fichas técnicas, pesa  y otro lote de cosas que sonaban en cada paso que daba. De mi hombro colgaban los cuchillos y en la otra mano, una caja transparente con tapa donde danzaban los timbales, brochas, tip top, mangas, colorantes y bueno…más cosas. Cargada pero positiva. Aún impregnada de las buenas nuevas de ayer (ya les contaré cuando pueda mis buenísimas noticias)  y con la confianza de haber realizado las tres bases diferentes de mousse (huevo a espumoso, pastelera y merengue italiano) dije para mi misma : “misma, cubriste las bases”

 Con lo que nunca cuento es con la creatividad de mi querido Master en lo alto, flotando en sus nubes celestiales...

Prueba de Pastelería III: Mousse (base a asignar por la profesora), sabor (a elección de la profesora), Salsa (elección del alumno), Crema Catalana, garnitura de fruta, Una decoración crocante y otra decoración a libre elección del alumno.

Llegue al taller y empecé rápidamente a sacar todos los utensilios que necesitaba y que no había traído de casa. Dispuse tablas, limpié mi mesón y esperé… esperé… y seguí esperando porque mi profe no aparecía. Bueno, en verdad no era que ella no aparecía sino que yo llegue media hora antes solo para tener todo bajo control.  Cuando estuve a punto de perforar una baldosa con un asomo inminente de raíz, ella apareció en gloria y majestad sonriendo. Aclaro que no tiene esas sonrisas de “Jajajaja! Hoy los joderé a todooooos!!!” sino más bien una sonrisa dulce, mezcla en parte de retazos de sueño. Inmediatamente los alumnos aun dormidos comenzaron a despabilar sacando cosas de los carros y limpiando (quien diría que un docente en la sala despierta más que Juan Valdez…) en tanto yo, me acerqué a mi profesora para preguntarle un ítem de la prueba que me tenía bastante intrigada: La crema catalana ¿Iba a ser evaluada?.  A los cursos paralelos no se las había evaluado y como dicen que en pedir-preguntar no hay engaño fui por ello. La profe me mira y me dice que si la evaluaría pero que haríamos una común para todos. ¿Adivinen a quién asignó para hacerla? Obvio. Estoy de racha estas semanas jajaja! On fire!


Así que ahí me entretuve unos cuantos minutos, revolviendo sin parar una olla para armar la crema pastelera. Una vez lista, nos reunió a todos y nos hizo sacar papelitos. El mousse que debía preparar era de chocolate blanco en base a crema pastelera. Lo había hecho en casa el lunes, di gracias de haberlo ensayado asi que
manos a la obra! Comencé –nuevamente- a preparar una crema pastelera para mi mousse.  Cuando partí con la olla hacia los fogones todos estaban ocupados. Odio eso! Odio que estemos en prueba y no pueda tener un miserable fogón para mi. En fin. Tuve que esperar y adelantar mientras los gramajes de mi salsa de frambuesas. Cuando vi que uno de ellos se desocupó, corrí con la olla hacia él y di el primer respiro sincronizado con mi muñeca revolviendo los ingredientes.  Ya, tenía fuego. Mi mundo volvió a brillar. En eso, otro compañero aparece a mi lado con un bowl con colapez a baño maría y manjar “¿Qué estás haciendo?” le pregunta Vivi que revolvía sin parar una crema pastelera igual que yo. Mi compañero nos mira y responde “Mousse de Manjar”  Quedo mirando el manjar en el bowl y le digo “Yo no lo he hecho” y él me responde con la misma cara de hipo mía “Yo tampoco!!!” Casi me fui de espalda como Condorito con un gran “PLOP!”. … Seguí revolviendo. El tiempo juega en contra en las pruebas. Al cabo de unos minutos tenía una pastelera hermosa. La retiré del fuego, incorporé las monedas de chocolate blanco, el colapez previamente hidratado y a esperar que a la preparación le bajara la temperatura para incorporarle la crema semi batida. Ahí estuve un buen rato… Jugando a los baños maría inversos (budinera con agua fría bajo mi bowl) y con termómetro en mano midiéndole la temperatura. Debía bajar a menos de 25 grados y no menos de 21 idealmente… Sentía que cada minuto era una hora. Cuando al fin mi mezcla llegó a los 25 grados, llamo a mi profesora para que evaluara la incorporación final de la crema. Mezquino en una mano, bowl en la otra, debía realizar movimientos envolventes para que la mezcla mantuviera la mayor cantidad de aire del la crema semi batida. Bajo la mirada atenta de mi profesora inicio el proceso y ahí, ahiiiiii en ese preciso momento, el de Arriba se puso creativo. “Cómo voy a dejar que a esta crespita le salga todo bien esta vez. Complíquemosla un poco?” y Don Sata, que se sacaba la mugre de las uñas con la punta del tridente movió la cabeza afirmativamente. Yo revolvía, revolvía envolventemente como decían las instrucciones y solo veía grumos! Primera descarga de adrenalina de la prueba  ¡¡¡Grumos everywhere!!! La temperatura de la crema semi batida gelificó inmediatamente mi colapez… Adiós mousse de textura suave y homogénea para dar paso a… no tengo una forma más bonita de decir que parecía vómito blanquecino!!! Holy crap! (Don Sata y dos de mis tres amigos imaginarios se retorcían de la risa en el piso) Miro a la profe con nueva cara de hipo.

-        ¿Debo envasar toda la mezcla y llevarla a casino? ¿Aunque esté así?- Digo pensando en el pobre idiota que le tocara mi mousse “diferente” y como le estropearé el postre…
-        Debe presentarme ocho postres aparte del montaje en el plato. Usted ve si los envasa o no… pero aún le quedan 45 minutos.

Cuarenta y cinco minutos… Miré mi mousse-vómito. Miré el reloj. Suponiendo que esta prueba se llama prueba de mousse cae de cajón que de todos los ítems a evaluar el que más pesa es el mousse y el mio era francamente una vergüenza. Cuarenta y tres minutos. “¿Lo hago o no lo hago?, ¿Lo hago o no lo hago?" Partir de cero de nuevo. ¡Mentira! Tenía la salsa de frambuesas lista (Humor negro siempre presente!)  Si lo hacía de nuevo me arriesgaba a no alcanzar a presentar el plato. El mousse requiere un buen rato en el refrigerador o congelador para que la gelatina geledifique, valga la redundancia.   Tic tac, tic, tac… Adrenalina… Otra descarga de adrenalina ¡Lo hago!  Nuevamente pastelera pero esta vez no esperé a que le bajara tanto la temperatura. Veintiocho grados y llamé a la profesora para que observara nuevamente el show con la crema semi batida. Don Sata pinchó al de Arriba con el tridente a ver si hacia otro truquito de nuevo pero Dios dijo que ya era suficiente. Mentalmente y creo que hasta en voz alta le agradecí: la unión resultó perfecta! Llené los tubos que iban para el montaje en el plato y los llevé al congelador rogando, implorando, lagrimeando que le bajara la temperatura para poder montarlo en el plato. Volví a mi mesón (que no podía estar más desordenado) y limpié.  Comencé a llenar los envases para casino y el primero lo hice con cuchara ¡Error! Todos se manguean, queda muchísimo mejor la presentación –Por si alguien que me lee aun no da la prueba endemoniada- Los llevé al refrigerador. ¿Qué debía hacer ahora? El crocante. No recuerdo bien que hice ahí solo sé que en un momento ya estaba en el horno y otro pestañeo más tarde, rogaba por sacarlos enteros. Mientras estaba el crocante en el horno preparé la garnitura de naranjas para decorar la crema catalana.

Finalmente,  logré montar todo el plato: El mousse de chocolate blanco, la crema catalana, las dos salsas, la garnitura y el crocante. Por tiempo no alcancé a realizar la otra decoración pero ya que mas daba. Mi cuerpo no soportaría otra descarga de adrenalina y ya me sentía pegote, la espalda mojada y las piernas tiritonas. Sabía que no iba ni cercano al seis pero hice dos veces el mousse en el tiempo que mis compañeros solo hicieron uno…Me repetí varias veces esa idea intentando autoreconfortarme  hasta que me reí sola del absurdo. Ya había tirado los dados, no quedaba más que esperar. La evaluación final del montaje no duró mucho. Me explicó el por qué de mi problemita con la crema: aparte de incorporarse no tan fría, con la base de mousse de crema pastelera se debe utilizar batidor en vez de mezquino. Yo asociaba revolver de manera envolvente con un mezquino. Francamente no tenía idea así que cada día se aprende algo nuevo. Mi nota fue un 5.4 y espero que en algo me suba el haber hecho la crema catalana para todos mis compañeros. Dudo que me den esa consideración pero me gusta pensar que la tendrá.

El resto de la mañana fue limpiar, limpiar y seguir limpiando. Si me preguntan, no estaba triste, ni ofuscada ni nada parecido al incidente de los porotos granados. Es más, hasta me sentí bien de haber logrado salir del embrollo, no me paralicé, no lancé el bowl por la ventana... Hasta  alcancé a preparar dos veces el mousse! De todo se aprende en esta vida así que ya saben: base de mousse de pastelera: Siempre con batidor!!!

domingo, 11 de noviembre de 2012

De porotos granados "ahumados" y otras caídas...


Soy una fiel creyente que hay que contar lo bueno y lo malo. En estas últimas dos semanas he tenido un caos en la U por dos endemoniadas notas que me pesan como plomo en los zapatos: un tres y un cuatro cinco. Si… son mías y no las quiero. Desentonan. Siento que me fallé a mi misma y me llena de rabia. El lado positivo es que es rabia y no pena porque el enojo y la frustración me dan más energías para dar la pelea. La ira puedo transmutarla en energía, por último puedo decir “no me la vas a ganar”. De lo que no me había percatado es que hay personas que parece que les provoca felicidad mis dos notas. Eso me impactó. Cuando a alguno de mis amigos les va mal trato siempre de subirles el ánimo, llenarlos de confianza y buenas vibras para la siguiente prueba. Te caes del caballo y debes volver a subirte y tu misión como amigo es impulsar ¿no?; Erradicar los miedos, infundir coraje y esperanza. No le dices que será imposible subir esa nota ni le metes el dedo en la herida recordándosela. No te ríes en su cara. Y yo que pensé que había superado a este tipo de ratas sin alma en derecho… al final las bestias no distinguen rubro. Tienen algo bueno, no discriminan las muy malditas.

Así que aquí estoy, rumiando mis dos notas y trazando un plan de acción. El tres solo tiene una vía, más estudio. No queda de otra. La nota de Alimentación Colectiva está más complicada de subir porque este ramo tiene la “brillante idea” de pruebas grupales. Las encuentro nefastas porque el más flojo o el que no sabe y hasta el más lento se pueden colgar del trabajo de los que si corren y transpiran la gota gorda durante la prueba. El jueves pasado teníamos que preparar, como cuarto caliente, plateada a la cacerola (que iba con los porotos granados), corvina a la plancha, porotos granados, arroz pilaf, puré piamontesa, la sopa del día, ravioles con salsa alfredo y salsa bolognesa. Si no me equivoco éramos seis personas en cuarto caliente y cuatro horas para tener todo en el casino para atender ¿A cuántos? ¿Ciento cincuenta personas serán? Ese más menos debe ser el estimativo por porciones. Comprenderán que por volumen, es una prueba que podía complicarse.

 Yo me saqué el cuatro cinco de estúpida y  asumo mi responsabilidad (Aprovecho de decirlo aquí oficialmente para todos los curiosos que estaban tan interesados en saber mi nota. ¿Leyeron bien? Cuatro coma cinco!)  Mi cargo era parrillero 2 y junto con un compañero, terminamos preparando la corvina a la plancha, la carne a la cacerola y porotos granados para la prueba (nadie más quiso preparar los porotos y aunque no eran de mi cargo, la muy tonta los quise hacer). Dos chicas estaban haciendo puré en caja y lo hicieron tan mal que quedaron unos grumos del tamaño de unas albóndigas en la olla. Ante la posibilidad que nos bajaran a todo el equipo la nota, les dije que lo botaran y lo hicieran de nuevo.  Y así lo hicieron pero dejaron la evidencia del puré grumoso en el lava platos. Antes de que el profe pudiera verlo, dejé mis ollas de porotos granados en el fuego bajo  y dije que volvía en un par de minutos para lavarla y eliminar la evidencia. Craso error! Vuelvo  a los siete minutos a lo sumo y estaban todos en mi equipo mirándose las caras mientras comentaban que había olorcito a quemado. Corro a mis porotos y ahí estaban. Quemándose. Nadie los revolvió en mis minutos de ausencia y la pasta de choclo decantó para quemarse en el fondo. Me dieron ganas de azotarlos a todos con la cuchara de palo y luego azotarme a mí por estúpida. ¿Quién me mandaba a hacer los porotos? ¿Por qué no me preocupé de mis cosas no más?!!!  Por intentar hacer lo mejor para el equipo me salió el tiro por la culata. Era mi olla, mi responsabilidad y  eso lo asumo pero también recrimino a todo mi equipo por no atinar a estar pendiente de nuestras preparaciones y más aun, por sentir olor a quemado y no atinar a revisar todo lo que estaba al fuego.
Cuando nuestros profesores nos dieron el discurso final post prueba, sabía que no nos evaluarían bien. Mi equipo había fallado y yo me sentía más que mal de que mi desempeño afectara a las notas de mis compañeros. Tuve que pedirle a mi profesor,  delante de todos ellos, que mis porotos granados “con un toque ahumado” no afectaran la nota de mis compañeros. Mis porotos, mi error. No sé si se lo merecían o no pero lo hice igual. Ahí fue cuando vi los esbozos de sonrisas burlescas. Me tragué lo poco y nada de orgullo que me quedaba y recogí mis cosas. Mi profesor se acercó a mí y me dijo que esta prueba no lo hacía dudar de mis capacidades, que no debía al fin de cuentas, tomarlo como una derrota. Y ahí fue que la terminé de rematar: Generalmente no lloro de pena, lloro de rabia, de impotencia y por frustración. Mi profesor, que es un sol, me termina de decir eso para alentarme y las malditas lágrimas se precipitan al vacío y más rabia me da porque siento que muestro debilidad.  Aparte de quema porotos, débil!!!  Trató de calmarme pero yo no quería que me dijeran que estaba bien porque mi prueba no había estado bien, puedo dar más. No vine a ser una mediocre de medio pelo que se conforma con un miserable cuatro cinco. No recuerdo bien cómo me despedí de mi profesor, se me cortó la voz, solo sentía un nudo en la garganta y que necesitaba aire. Salir de ahí, quitarme el disfraz y escuchar una voz cálida del otro lado de la línea.

Aprendí varias lecciones ese día. Si me preguntan, preferiría no haberlas asimilado de este modo pero todo pasa por algo y sin duda que esta experiencia me marcará a futuro. “No siempre se gana” pero para conformarse con esa frase tienes que, previamente, haber jugado a ganador y haber  intentado todas las posibilidades.

So… Bring it on!!!

martes, 6 de noviembre de 2012

Sanguijuelas.


Un ex compañero de sartenes me recordó ayer que no había actualizado. Intentaría pedir disculpas pero la verdad es que no tengo ganas de hacerlo. Para que justificar lo injustificable?

Últimamente le he dado vueltas al tema de la confianza, respeto y la honestidad y  de cómo la vida se puede volver a cuadritos si no los tienes (particularmente en una cocina). Mas allá de las relaciones de camaradería que se forman en una brigada de cocina -a veces hasta verdaderas mafias que la pasan bien mientras trabajan- se necesita una red; saber que el otro va a hacer bien su trabajo y, si le pides ayuda en el tuyo, saber que no te va a cagar la preparación. ¿Por qué te la podría cagar? Desde desidia, mala onda, descuido, reírse en tu cara, ser un inútil tiempo completo… hay muchas opciones… Te das cuenta que se van produciendo roces si todos los ratones, dentro de una cocina, no confían en los otros.

Un inútil en la cocina no es solo una mala inversión, es poner idiotas a todos los que trabajan con él. Un flojo en la cocina es casi el mismo mal. Inevitablemente el resto del equipo se pondrá irritable y lo querrán estrangular. Aun peor es el que no tiene hábitos higiénicos… Al final son todos ejemplos de sanguijuelas, viles parásitos que se aprovechan de los que si están trabajando y pasan desapercibidos.

Y yo ya me cansé de las sanguijuelas. Dentro y fuera de la cocina, me cansé de las sanguijuelas. Un día mi papa y unos tíos me llevaron a pescar cuando era chica. Recuerdo un maravilloso lago que tenía, por todo su borde, bastante vegetación que tuvimos que cruzar hasta llegar al lago ya más abierto. No podría describirlo mejor que un mini pantano en toda su orilla con un aroma bastante peculiar. El asunto es que atravesamos ese mini pantano abriéndonos paso hacia el agua profunda con el bote a duras penas y, cuando subimos a él,  escucho que uno de mis tíos le dice a mi papá “¡Revísala!” Mi papá comenzó a sacarme las zapatillas y ahí, alojada en mi tobillo, veo que una sanguijuela gordita bebía de mí. Recuerdo que el primer impulso que tuve fue de sacarla pero solo logré hacerme un tajo en la piel y ella seguía pegada a mí. Fue entonces que vi acercarse un encendedor a mi piel sin que yo tuviera tiempo de reaccionar: Quemaron a la babosa negra y listo, solo sangre por un buen rato!. Supongo que me acordé de esta historia porque sacarse a una sanguijuela no es fácil y no se puede hacer con tacto. No se irá a menos que la quemes o se canse de tomar de ti. Y la semana pasada me di cuenta que tengo listo el encendedor. 

viernes, 5 de octubre de 2012

Seguro en lo inseguro.


Nos entrenan desde primer semestre para disminuir los riesgos en la cocina: toma el cuchillo así, al cortar la otra mano debe estar como “garra” para que no te rebanes los dedos, si se te cae un cuchillo jamás intentes tomarlo en el aire, corta el gas, cuidado con el aceite caliente, no corras en la cocina, utiliza las huascas con las ollas , protege manos y brazos en el horno, jamás dejes cuchillos al interior del lavaplatos, grita cuando vas pasando con algo caliente, preocúpate de tus dedos con el rallador, limpia con extremo cuidado la máquina laminadora…

Sucede que con el tiempo nos relajamos al ver que no nos pasa absolutamente nada. Inevitablemente, vamos tomando confianza en lo que vamos haciendo. Confiamos; en los demás, en nosotros, en “San-guchito que nos cuida desde Arriba. Estúpidamente confiados. Perdemos la cautela inicial que nos protege y es entonces cuando acaece: Un momento de distracción, un arrebato de confianza y gritamos garabatos, alaridos y hasta dejamos regueros de sangre y lágrimas en el piso. Gritamos porque no hay mejor expresión de dolor que ese aullido que emerge de las entrañas cuando todo se sale de control y te duele. Corte, sangre, quemadura y hasta pedazos menos. 

El corazón en la herida.  

Late, late, late y tu cerebro solo piensa en aplacar el dolor!

Lo que olvidan decirte es que las heridas superficiales duelen tanto o más que las profundas. Lo que olvidan mencionar es que el peor error que puedes cometer, en este ámbito, es pensar que nada te pasará y asumir que el otro que está a tu lado está constantemente preocupado de cuidarte a ti también. La verdad es que tal vez el pelota ni si quiera se esté cuidando así mismo.

En cuanto a seguridad, en cocina mejor ser desconfiado. Ahorrarás muchas cicatrices.

lunes, 1 de octubre de 2012

Efecto colateral maravilloso.


Hay personas que hacen deportes hasta que los músculos se les acalambran, otros que comen compulsivamente, van a la peluquería, no se levantan de la cama, se toman hasta el agua del florero o compran todo lo que les de la tarjeta de crédito; todos tenemos nuestra técnica para evadir E.E.P. (estados emocionales peligrosos). Yo generalmente gravito en dos: o como o cocino. Gracias a los de Arriba que si cocino se me quita el hambre porque sino iría rodando por la vida. Algo tiene la cocina que me deja la mente en blanco; puedo tener un día negro, haber peleado hasta con el Papa, tener los ojos saltones de las lágrimas y todo se pasa con el primer corte; con la primera espatulada, con ese movimiento rápido al cual nos volvemos adictos  desde el primer semestre al saltear algo en el sartén. Al final es una especie de terapia bastante fructífera porque se puede comer mi rollo mental ¿No? Si lo pienso detenidamente un mal día es igual a un kuchen de manzanas. ¿Estoy triste? Va a dar como resultado cualquier cosa con chocolate y si ando idiota, probablemente va a ser algo salado y al sartén en lo posible flambeado con alguna pócima con mucho alcohol ( Algo que prenda y genere una buena llama que baile por unos instantes!!!) No sé si les pasará a todos los que estudian cocina o se dedican a esto pero al estar entre el horno y los quemadores, solo me concentro en lo que estoy haciendo dejando atrás lo que sea que me venía estorbando.

Me pasó esto el sábado pasado. Tenía la cabeza a mil al llegar al restaurant y se me pasaron todos los males preparando tiramisú y una endiablada torta de panqueques que me mantuvo entretenida gran parte de la tarde con quemadura incluida ¿Será que por ser un trabajo manual tiene ese efecto colateral maravilloso? Corta, bate, rebana, gratina, filtra, asa, lava, espatula, seca… No pienses en nada más. Todo en algún punto se transforma en un delicioso trance que te envuelve y por el cual te dejas arrastrar. Seguramente esto no le pasa a casi nadie y soy una de las pocas locas con este efecto secundario. En más de una ocasión las sábanas han intentado retenerme, he llegado a la U o al trabajo con el café incrustado en la mano y los ojos de japonesa con insomnio crónico pero empiezo a cocinar y ya está ¡Sale el sol!

Tal vez no debería salir de la cocina. Debería hornear una cuota de cupcakes todos los días para no parecerme tanto a Isi de Grey’s Anatomy  que le daba E.E.P. y horneaba hasta que la cocina no daba abasto entre los quequitos, las tortas y panqueques. ¿Puede tu trabajo provocar estrés y ser a la vez tu terapia? ¿No suena esto algo contradictorio?

Y hoy tuve uno de esos días en que no quieres nada con el mundo. Todo a raíz de una pelotudez que me di cuenta el sábado en la noche después del trabajo mientras manejaba a casa.  Y como dicen por ahí “una vez que abres los ojos ya no puedes cerrarlos”. Y por más que lo intenté hoy, no los pude cerrar. Lo más sano hubiese sido encerrarme en una cocina y salir solo cuando hubiese amordazado al demonio que me apretaba el corazón. ¿Pero qué hice brillantemente?  Aproveché la cancelación de clases para volver a casa y tratar de dormir con la tercera temporada de Grey’s de fondo porque creí que todo se arreglaría con terapia de sueño. JA! No sé para que me engaño. Debería haber prendido el horno y haber iniciado la terapia con una tanda de galletitas con unos buenos trozos de chocolate.

No soy tan lista. Sigo creyendo en todos los seres humanos.

 Me pregunto cuándo se me quitara ese pensamiento invocante a Rousseau. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

15 lecciones aprendidas.



Me he dado vueltas en la cama. Me he levantado a pies descalzos en busca de un tazón de té pensando en un panal de abejas. A raíz de una loca conversación hace unos días en la playa (de la cual, honestamente, recuerdo la mitad- pleno 18, favor no juzgar!) me di cuenta que he sacado varias lecciones en mi vida a punta de porrazos; costalazos sangrantes donde muchas veces he dejado más que un pedazo de rodilla en el camino. Dicen que un hombre inteligente aprende de sus errores y el hombre sabio, aprende de los ajenos. Yo solo soy inteligente.  Remuevo la bolsita de té pensando que eso de inteligente también es discutible… En fin, el punto es que iba a empezar a estudiar francés (cosa que vengo intentando desde ayer con cero concentración) y me di cuenta que empecé a aplicar una de mis frasesitas aprendidas a punta de porrazos poco dignos para darme ánimos y no me quedó de otra que empezar a escribir a ver si así mi cabeza deja de zumbar en frecuencia modulada y me deja repasar franchute.

1-     Familia es familia. Puedes gritar, patalear, discutir pero son los primeros en estar al pie del cañón cuando lo necesitas. No hay familias perfectas y desconfía de quien  venda la suya como tal. El valor que tiene la familia es que muchas veces, pese a lo disímiles que son sus integrantes, pese al tiempo y las fisuras que pueden acaparar, siguen entrelazando sus destinos en busca de algo mejor; te regalan fe mas allá de un sentido religioso… te enseñan a creer.

2-     Los amigos son la familia que escoges y se les debe cuidar tanto más que a los de tu sangre. Pocos pero buenos; con el tiempo aprendes que tienes muchos conocidos y pocos amigos pero que ellos lo llenan todo.

3-     Siguiendo el punto anterior, hay dos cosas que no se deben transar en esta vida: Familia y amigos. Somos un pack y venimos con ambos dos de agregados. Quien está contigo acepta todo el pack. (Estaban antes y seguirán estando después que el futuro-ex-de-turno)

4-     Has con el tiempo que se te ha concedido algo maravilloso que te haga vibrar. No dejes pasar los días empeñándote en algo que no te haga sonreír, que no te motive. Si no te gusta lo que estás haciendo, deja de quejarte y busca un cambio. Nadie más que tu puede velar mejor por tu felicidad.

5-   Busca nuevas metas. Sea empezar a hacer ejercicios, ascender a un mejor puesto, algo tan estúpido como dejar de tirar la ropa en el baño o tal vez emprender un viaje a un país lejano. Como dicen por ahí, todo viaje parte con un paso pequeño como sucede también con un gran cambio. Teniendo tantas opciones de caminos ¿Por qué conformarse en el punto en el que estás? Es como ir a una heladería y pedir siempre el mismo sabor. Atrévete, sonríe, conoce y aprende. Quien sabe a dónde te puede llevar el nuevo desafío.

6-     Juégatela. ¿No tienes ganas de hacer algo? Pregúntate por qué debes hacerlo y por qué escogiste ese camino. Las energías llegaran sola si estás haciendo algo que te gusta y creo que es un indicador importante para determinar si vas bien. (No tengo ganas de estudiar franchute pero escogí esto y me maravilla. Sacaré energías hasta de la última taza de la doceava taza de café si es necesario. Si fuese algo de derecho probablemente me hubiese dormido sobre algún código…) Si algo no funciona y has buscado las mil formas de que resulte, entonces simplemente no debe ser. Si te están cerrando la puerta en la nariz no es la casa a la que debes entrar. Tómalo como señal del destino. Cuando las cosas deben ser, todo fluye.


7-    Se el mejor. Al menos esfuérzate por ser el mejor. Da lo mismo el área, desde médico, arquitecto, pintor o lustrabotas. Trabaja por ser el mejor; por dar el máximo de ti y lo mejor de ti. Todo esfuerzo tiene su recompensa y solas se abrirán las puertas.

8-    Todo pasa por algo. Puede que en el momento no veas el por qué pero, eventualmente, al mirar para atrás, ves que está todo conectado. Algo debías aprender, a alguien debías dejar ir, a alguien debías conocer, algo debías cambiar… Hay personas con las que tienes una conversación de menos de una hora y te aportan algo valiosísimo que ninguno de tus amigos de años o años o familia te habían dado. Simplemente se cruzó en tu camino y aportó un gran granito de arena del que tu, sin importar el paso del tiempo, lo podrás olvidar.

9-  No te aferres, aprende a dejar ir y quédate con lo mejor. Sea trabajo, amigos, pareja… aprende a que en esta vida hay ciclos, algunos de ellos duran más, otros menos y hay que saber desprenderse. No desees mal a quien parte, espera lo mejor porque alguna vez lo quisiste mucho y ese sentimiento traspasa los malos momentos vividos. Deja ir y deséale la felicidad del mundo. Cerrar ciclos implica necesariamente que se te viene uno nuevo y de seguro, aun más sorprendente que el anterior!

10-   Busca una pareja jeep; un 4x4. Alguien que vaya contigo a todas. Que te acompañe desde a un bautizo, pasando por una comida de trabajo, carrete con amigos a asado familiar con el mismo entusiasmo. Alguien que te mueva el piso, que te haga reír y te reencante día a día.  Alguien que crea en ti cuando hasta tu mismo flaqueas… Que te motive a ser mejor persona, que sueñe contigo y se impulsen mutuamente. Estamos llenos de defectos, mañas, trancas pero cuando ves a la otra persona, consciente de todos sus “contras”, como alguien lleno de luz, retenla. Has todo lo posible porque no se escape de tu mundo.

11- Las mejores cosas de mi vida me han pasado portándome como un “loco”. He dado saltos de fe sin asegurarme si había agua allá abajo, simplemente he saltado en la oportunidad o en busca de una oportunidad porque no quiero llegar a los 80 años pensando “y que hubiese pasado si…” Prefiero arrepentirme de las cosas que he hecho de las que he dejado de hacer. Al menos se que lo intenté y no me quedé cobardemente en la orilla segura.

12- Solo tienes el aquí y el ahora. Está bien soñar, proyectarse, sacar un mapa y elucubrar nuevas rutas pero no te olvides del ahora. Tu pareja está ahora, tu familia está ahora, tus amigos están ahora; todo lo demás que pasa por tu cabecita, de concretarse, no servirá de nada si ellos no están presente. Nuestra armonía es muy frágil pero cuando la logramos, nos vuelve invencibles.  

13-  No te calles. Habla. Di qué te pasa. Las personas que te rodean no tienen una esferita mágica para saber qué te sucede. No te enojes porque no adivinan qué pasa en tu mundo. Juntando letritas, verbalizándolas, usualmente se soluciona todo.

14-   Y ya que estoy hablando de palabras, ten cuidado con el poder que ellas transfieren. Puedes enaltecer a alguien con ellas como hundirlo en el peor de los infiernos. Las palabras tienen un poder asociado que nos transforman. Las palabras en buen D'ni crean mundos. Sino pregúntate cuánto te cuesta decirle ahora a alguien “te amo” y cuánto te costaba decirlo cuando eras más chico…

15-  Y por último pero no menos importante,: Besa siempre con el alma en los labios y con la conciencia de que ese puede que sea el último beso.

Ya, creo que mi cabeza al fiiiiiin quedo en silencio. Abandonaré el té y empiezo con las tazas de café para franchute. Ojalá me aporten con otras frases :) De todo se aprende en esta vida!

jueves, 9 de agosto de 2012

Flash.


Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda

Con insomnio. No sé si el restaurant me tiene los horarios cambiados o yo decidí cambiarlos por él. Miro la hora y sé que en una hora más ya debería dormir. Una hora. Una hora que me da vueltas porque va a ser un año de luz. Hace un año hablé con Fran aterrorizada en el andén del metro Hernando de Magallanes. Fue la peor charla motivacional de mi vida y solo me aferraba al celular como si la vida se me fuera en ello. Lloré. No sé si te diste cuenta. Dejé que las lágrimas brotaran para liberar mi garganta de ese maligno pensamiento “¿Abandonaste Derecho y peleaste contra el mundo por esto? ¿¿¿Por esto???!!!” Flash. Llegando a casa. Ni el metro ni su millón y medio de usuarios me lograron sacar la madeja de estambre que sentía en la garganta y mi mamá me miraba con ojos expectantes mientras mi cartera se deslizaba sola de mi hombro a la mano tras cerrar la puerta. Me observaste esperando que te relatara la famosa charla obligatoria. Yo tenía los nervios envueltos en llamas. Flash. Mi papá convenciéndome entre arrollados primaveras y decoración china que diera el grado en tanto los ojos se volcaban en agua y mis manos delataban horrorosamente la hipotética firmeza de mis palabras. Flash. Matriculándome. Saltando al vacío sin red. Flash. Esperándolo en una fiesta, pensando que no llegaría hasta que lo vi y la tierra fue cielo y el cielo un océano en el que me podía sumergir en una noche de verano. Tomó mi mano como siempre lo hacía mientras nos dirigíamos al bar y le conté que tenía miedo. A borbotones logré armonizar las letras hasta confesar que estaba aterrada. De lo conocido a lo desconocido ¿Y si no era buena?, ¿Si no me gustaba?, ¿Qué tal si perdía la batalla con haber puesto apenas un par de pisadas en la arena?. Me hiciste mirarte a los ojos y me dijiste que me tenías toda la fe del mundo y me arrancaste una tenue sonrisa mientras apretaba tu cruz. Flash. Primer día increíblemente perdida sin saber si me debía disfrazar antes de entrar a taller o una vez adentro nos dejaban unos cuantos minutos para cambiarnos hasta que noté que todos los de más arriba lucían sus atuendos en tanto parloteaban animadamente. Corrí a cambiarme sin saber si quiera como amarrar-abrochar algunas cosas. Flash. Algún día de noviembre bajo un naranjo almorzando nuggets fríos y duros del Santa Isabel. Agotada. Feliz. Nerviosa por  la siguiente prueba de matemáticas. Flash. Esperando hielo en enfermería en casi pleno verano. Flash. Frio, parajes indescriptibles entre lluvia y verde. Flash. Almorzando en el casino antes del primer servicio de restaurant. Diez minutos más tarde vomité lo que me quedaba de alma junto con el almuerzo. Flash. Cruzándome en el pasillo con Mery antes de una prueba. “Te irá bien” le dije para calmar sus nervios de primer semestre. Sonreíste, nerviosa pero sonreíste. Flash. Primera crisis Warner por nutrición. Flash. Entrando a ingles a las 08:20 con mi tazón de café. Dos alumnos más en la sala. Flash. En clase de prevención de riesgos con Lore al lado rogándome que parara de tiritar de frío. Lo siento Lore, siempre tirito. Flash. Sonreír ante mi pollo relleno de duxelle. Flash. Con Pili y Moni peleando para que no nos apaguen la luz de la cafetería tras humeantes vasitos de café. Flash. Pensando si hacerlo o no hacerlo mientras estudiaba para una prueba de tecnología. “Ahora o nunca” pensé y salí en su búsqueda. Flash. Agarrar una budinera con fumet de pescado desde la parte superior del horno y volcarla sobre mí estando caliente y bastante mal oliente. Flash. Intentar estirar la masa de mil hojas en el mesón sin resultados. Estirar aun más y ver negro. Parar de uslerear , aferrarme al mesón hasta que recobré la vista y seguí uslereando ante la pregunta gravitante de mi profesor “¿Se siente bien?” Flash. ¡¡¡Au-Tito!!!. Flash. Llegar nerviosa el primer día de restaurant y limpiar todo cuarto frío cual quirófano. Flash. Correr. Flash. Armar mi primer tiramisú en el restaurant sintiéndome la mejor chef del planeta. Flash. Pruebas finales. Flash. Pantalla brillando con todos mis ramos pasados. Flash. Reír, cantar, llorar de rabia, volver a reír. Flash. Trabajar. Flash. Dormir. Flash. Bailar con una piscola en la mano. Flash. Agarrándome de la cortina del baño para evitar que el resbalón me invite a pasar a la Clínica Alemana. Flash. Soplar las velitas de mi torta de cumpleaños y añorar que el nuevo ciclo de vida se venga aun mejor mientras el humo sube haciendo piruetas en el aire. Flash. Laptop en mi regazo y ya veo que son las 03:08 am.

Que nadie detenga a mi bicho que esta vez, camina por la luz.