domingo, 24 de junio de 2012

Bellacos rellenos.


Las pruebas de cocina me estresan. No es como en pastelería en que todo es medido, el gramaje perfecto para una buena preparación. En cocina suele ser el arte de “al ojo” con el reloj pisándote los talones!!! Tuve una prueba de esas el lunes pasado: Pollo de grano relleno con duxelle, salsa a la mostaza, vegetales torneados y glaseados mas papas duquesas croquetas en una hora treinta minutos.

Y señores,  cada minuto vale oro.

La preparación para esta prueba partió muchas horas antes del suplicio. Me junté con una compañera a preparar el famoso pollo desgraciado la tarde del sábado para practicar el deshuesado. Mi nana en cuanto vio los pollitos de grano (que gracias a Dios mi amiga logró encontrar en el Jumbo por el módico precio de $2.500 aprox. cada uno!) exclamó "¡¡¡Pero si parecen palomas!!!" Las dos la miramos y asentimos; por donde se les mire estos desgraciados parecen palomas famélicas de alto costo. En fin, nos dispusimos frente a frente en el mesón de mi cocina e inhalamos profundo. Había llegado el momento de jugar con las bestias.

No sé cuánto nos demoramos en  el deshuesado de dos pollitos cada una (calculo que por lo menos una hora y dos piscolas!). Debíamos sacarle todo el espinazo y parte de los huesos de las patas intentando conservar la mayor cantidad de carne al interior, sin romperles la piel y esas cosas son tan, tan enanas que llega un punto en que ya no sabes en qué parte del micro cuerpo vas, entre que lo vas deshuesando, lo vas girando, le vas dando vuelta la piel y solo observas mas y mas carne perdiendo toda noción original del plumífero. Los míos los daba vuelta para todas partes en la tabla y miraba con desconcierto mis cadáveres pensando que simplemente, el día de la prueba, no alcanzaría ni si quiera a deshuesarlo cuando ya se me habría acabado el tiempo.

 El primer bellaco  fue un suplicio pero me sirvió para fijarme más en su micro anatomía. Con el segundo aprendí (gracias a la desesperación) que la mejor técnica era utilizar los dedos más que el cuchillo para separar la piel de los huesitos pues así evitaba cortar carne y la delgada piel. 
Los rellenamos y caímos en la cuenta que no teníamos aguja para cocerlos. La solución improvisada para contener todo el relleno fueron monda dientes y así fue que nuestros pollitos de grano pasaron a ser pollo a la voodoo.

Todos los que comieron lo encontraron deliciosos pero el comentario fue el mismo  “Casi no tiene carne! Es solo relleno!” Intercambié miradas con mi compañera. Lo sabíamos mejor que nadie!

Día lunes.
Llegué al taller y varios de mis compañeros ya corrían de un lado a otro moviendo las materias primas de nuestra prueba. El profesor nos reunió a todos, dio las indicaciones de la prueba Master Chef y empezó a correr el tiempo. Yo tenía todo fríamente calculado pero mi orden de producción no contaba con la astucia de la U que no entregaba para nuestra prueba el pan para la duxelle ni para las papas duquesas croquetas. Improvisar, improvisar y botar mi esquema a la basura mientras me enfrentaba nuevamente con el bellaco plumífero en cuestión sobre mi tabla. Tampoco contaba con la astucia de mi profesor que designo mesones de trabajo dejándome justo al lado de él (por lo que pensé inmediatamente que para colmo, vería lo torpe que era deshuesando y toda la carne que le arrancaría en el proceso). “Nada que hacer” me dijo uno de mis amigos imaginarios riendo entre dientes mientras otro agrego “¡Estas jodida!” malévolamente. Inspiré profundo y partí. No me pregunten cómo lo hice pero entre los dedos y aplicando fuerza y poco cuchillo logré arrancarle el espinazo al diablillo sin romper la piel cuando mis compañeros aun luchaban por iniciar el proceso. “Vas ganando tiempo” susurró el único de mis tres amigos imaginarios que es positivo en estas cosas y logré sonreír cuando guardaba mi pollito desinflado en el refrigerador para seguir con las otras etapas.
 Como no me llegó el pan ni el pan rallado, todo lo demás fui haciéndolo a medias y el despelote caótico de que en clases te enseñen para una producción mayor y en las pruebas te reduzcan a un cuarto -con suerte- de receta hizo que yo improvisara todo “al ojo”. ¿Qué eran 50 gr de chalotas y 50 gr de cebollas? Bah… un poquito de esto, un poquito de esto otro, un chorrito de esto y vamos armando la prueba a lo que yo creía pertinente para no perder tiempo ajustando todos los gramajes con reglas de a tres. En eso que mi profesor exclama que nos quedan menos de 40 minutos para presentar nos avisa también que llegó el pan. Mis papas ya estaban cocidas y comencé a prensarlas para realizar la masa duquesa. Nuevamente recé que con las cinco papas, una yema y “al ojo” de mantequilla me resultaran. No tenía tiempo de cocer papas de nuevo y aun debía realizar la duxelle que, en hipótesis, debía ir fría en el pollo ¡Ja!. Saltear chalotas, cebollas, champiñones, apagar con vino blanco, pan, sal pimienta y listo! Rellené el ave diabólica con la duxelle aun caliente y al horno incrustándole el termómetro del horno para que chillara cunado mi paloma estuviera en 70 grados.

Mientras mi pollito estaba en el solárium, empecé a darle forma de bastones a mi masa duquesa y a apanarlos a la inglesa mientras, de tanto en tanto, verificaba mis vegetales-intento-de-torneado en la olla. Papas lista, vegetales listos y me faltaba la salsa cuando el horno disparó su alarma avisando que el pollo estaba listo. Al abrir la puerta, mi pollo tenía el color de un albino a la sombra!!! Por qué el termómetro indicaba que ya estaba en 70 grados si no tenía color? Mi profesor me ayudó a volver a ajustarlo y me disponía a hacer la salsa cuando la porquería del horno se disparo en su alarma chillona. Levemente con color ¿Qué diablos pasaba? Al final me rendí. Rabiosa cual Shakira, dejé al pollo en el horno y me prometí no sacarlo hasta que el ave desgraciada tomara tostado carioca! Nuevamente me fui a los fogones para terminar mi salsa y freír mis papitas cuando el profesor dice que se acerca la hora de término. Me muevo lo mas rápido posible jugando “al ojo” con los gramajes de mi salsa y cuando veo que mi profesor se apronta a darnos el grito final lanzo mis papitas al aceite y retiro al fin mi pollo del horno hablando portugués.  Vuelvo para ver mis papitas y refinar mi salsa cuando el profesor grita “¡Tiempo! Apaguen fogones y muestren sus platos”. Saqué mis papas del aceite levemente cafés, mi salsa sin refinar, mi pollo perfecto y coloqué en el plato mis vegetales torneados sin salteado. Me faltó tiempo, sabía perfectamente que mi nota no superaría el 4,5 sin esos pequeños detalles culmines en cada ítem.

Miré a mi alrededor y mis compañeros no estaban mejor que yo. De hecho todos teníamos rostros cual frambuesas y las manos tiritonas al acercar los platos mientras recogíamos todo lo que iba a lavado. Este es el momento en que el proyecto de chef se entrega; cuando desocupa todo lo que tiene extra en su mesón y arrastra los pies hasta los lavaplatos intercambiando plegarias con la entidad sublime en la que crea y retos a uno mismo al por mayor.

 Fui la última en ser llamada para que me dieran mi nota. Me entregó la hoja de todos mis puntajes por ítem y fallé donde ya sabía: un 5,2. No sé qué cara habré puesto que el profesor me alentó a que era una buena nota para esta evaluación más compleja y con poco tiempo. Yo solo roía para mis adentros que con 10 minutos más, mis papas hubiesen tenido el color dorado perfecto, hubiese alcanzado a verter la crema en la salsa y reducirla y saltear mis vegetales. Diez minutos. Traté de explicarle la sensación de impotencia que sentía y me retó por ser tan auto exigente… pero si no me exijo yo ¿Quién? Ah? Al final los dos nos terminamos riendo y yo volví al sector lavado para terminar luego todo. No quise ni sentarme a comer, solo quería salir pronto de la prueba, que no nos bajaran decimas por tardanza en el proceso de limpieza y sacarme el disfraz. En algún momento sé que dije en voz alta que quería una piscola y mi profesor me miró muerto de la risa del otro extremo del taller. Puede que no sea el bebestible más refinado del planeta pero a mí, en esos momentos tras el plumífero relleno, me sonaba a elixir de dioses!

sábado, 9 de junio de 2012

Castigo Divino.


Este post es políticamente incorrecto.

 En todo oficio o profesión acaecen “situaciones”… Ya saben, esas incómodas circunstancias en que el pobre sujeto grita mentalmente “trágame tierra” y los demás se ríen a carcajadas hasta que les llega a doler el estómago y la cara. Y te ríes ¡Admítelo!

 El asunto es que ayer estábamos en taller de pastelería (Uno de mis amigos imaginarios esta gritándome que no cuente nada por si alguien involucrado me lee…) y preparábamos dos tortas en grupos de trabajo: Torta de Yogurt Frambuesa y una novedad para mí, la torta Malakoff.

Para ello, el profesor separó al curso en 4 grupos, 3 grupos de 3 alumnos y uno de 4 (no sé por qué en este curso solemos quedar impares…) Entonces, estábamos tan concentrados como podemos estar en un taller práctico batiendo, horneando, corriendo de un lado a otro en busca de algo cuando de pronto escuchamos un

“PUUUUAAAAAAFFFF!!!” 

Inmediatamente todos nos giramos en dirección al ruido y vimos a uno de mis compañeros con los ojos abiertos de par en par con un bowl aun en las manos  observando su mesón con cara de Condorito.  ¿Qué sucedió? Debíamos colocar en el molde, la base de éste, luego el bizcocho, verter en él toda la mezcla de yogurt y después llevarla al congelador pero mi compañerito olvidó un pequeñísimo detalle: Poner la lata del molde de la torta para que pudiera soportar todo el contenido del bizcocho y el yogurt!¡Colocó solamente el bizcocho! La mezcla se escurrió hasta el piso, mi pobre compañero estaba color a tono con las frambuesas y el resto… ok, reconozco que nos reímos!!! Mi profesor dio por sobre entendido que no era necesario decir: Sobre la lata del molde, depositan el bizcocho y luego la mezcla de yogurt. Es un detalle que se da por obvio pero que para algunos no es tan obvio! En medio de las risotadas, mi profesor comenzó a contar historias de “chascarros” en clases. Aquí les dejo algunos de sus relatos mezclados con algunos recuerdos propios que asaltaron mi mente entre las risotadas:

1-     Un alumno le dice a su profesor “Profesor no hay máquinas para batir los huevos” y el profesor responde “Bátalos a mano”. Al rato el alumno grita al profesor  “¡Esto no está funcionando!”. Cuando el profesor se acerca al alumno ve que tiene toda la mano metida en el bowl porque, literalmente,  estaba “batiéndolos a mano”. El que se fue de espalda cual Condorito esta vez fue el profesor.


2-     Los huevos pochados no son fáciles de preparar. Al menos a mi me costó cerca de 20 huevos agarrar la técnica del “echando a perder se aprende”. El huevo pochado se prepara introduciendo con cuidado el huevo previamente quebrado (sin la cáscara… a estas alturas del partido vale aclararlo!) en una olla de agua caliente –no hervida-  con un chorrito de vinagre y sal. Tienes que lograr,  independiente del método que ocupes,  que la clara envuelva la yema completamente y lo debes sacar cuando la clara esta cocida y la yema cremosa. Suena fácil pero, créanme, no lo es. Este huevito fue parte de una evaluación el semestre pasado y tenía otro compañerito, alias “Mister calcetines”,  que tenía un método peculiar de realizar el huevo pochado: Lanzaba el huevo a la olla con agua hirviendo y con dos cucharas comenzaba a hacer olas tipo tsunami en la olla hasta que lo rompía por completo y dejaba unas especies de hilachas de huevo en el agua espumosa y turbia… Una delicia! Pero él no se daba por vencido ¡No señor! Tenazmente y  en la misma olla tiraba otro huevo y repetía el procedimiento… El profesor lo corrigió, nosotros intentamos ayudarlo pero “Mister Calcetines” se empecinó en su método. Imagino que ahora lo sigue depurando porque no pasó el ramo.

3-     Un alumno le pregunta al profesor al comenzar una preparación “Profesor ¿los huevos van enteros?”, “¡Si!” contesta el profesor al querubín en cuestión.  Ya se imaginan como quedó la preparación? 
        Cru-jien-te!!!


      Tenía un compañero el año pasado al que le correspondía realizar un merengue suizo. Debía disolver en un bowl, a baño maría, los cristales de azúcar con las claras de huevo. Varios nos ofrecimos a realizarlo pero él dijo que podía. Solo por si acaso, por si las moscas (plena desconfianza en él)… nos quedamos a su lado ya que nuevamente trabajábamos en grupo. Entonces mi compañero toma el bowl donde estaban las claras con el azúcar y lo empieza a verter en la olla directamente al agua caliente. El grito de varios fue agudo y tan potente que por poco bota el bowl al piso en plena taquicardia!. No creo que se le haya olvidado nunca más que el baño maría implica que el bowl  con su contenido va SOBRE la olla. (Este mismo compañero tuvo un incidente preparando caramelo para una prueba ¡Pobre! En algún rincón muy pero muy oscuro del taller aun debe estar esa olla negra color ´carbón seductor´… y seamos honestos, la olla debe ser esquivada por los alumnos empujándola cada vez más al fondo del pañol porque nadie debe querer sacarle lo quemado…)

5-     La siguiente fue fuera del taller, en clases. Cuando teníamos pruebas, mi profesora de inglés el semestre pasado ordenaba la sala en filas. Nada anormal ahí ¿Cierto? Llegaba antes y corría las mesas hasta armar hileras en dirección a la pizarra y, en las filas que ella no deseaba que fueran utilizadas, giraba las mesas en dirección opuesta a la pizarra. Entonces teníamos una hilera de mesas que la miraban a ella y otra hilera que le daba la espalda. Momento de la prueba y todos ingresamos en estampida a escoger puestos y el mismo compañero “Baño María” se sienta en la fila de espalda a la profesora mirando la pared. Creo que todos los presentes lo miramos ladeando la cabeza para un lado. Mi profesora aun lo recuerda y se ríe.

6-     Y la última:  No falta la tontorrona que se le fuga un kiwi y se corta el dedo a las dos horas de empezado su primer día de clases… Mágicamente se convierte en la niña símbolo de la primera semana de clases porque en todos los ramos los profesores preguntaron “¿Quién ya se ha cortado?” Y la tonta levantaba su mano con un mega dedo envuelto en una gasa para una pierna completa. Aun tengo una fea cicatriz en mi dedo, snif!!!

En medio de las risotadas de mi profesor contando sus historias,  se escuchó otro estruendo, otro 

"PLAAAAAFFFFT"

   Esta vez, del otro lado del taller. Todos los ojos siguieron el ruido y Oh, Sorpresa!!!:     
                                    


Mi profesor había dejado funcionando, mientras veía el desastre de la torta de yogurt, una batidora industrial sobre un mesón junto a una bandeja de 20 huevos. Con el movimiento de la batidora, esta bandeja se fue deslizando y los 20 huevos se precipitaron al vacio! La frase de mi profesor al ver la embarrada que había provocado fue (mirando al alumno de la torta de yogurt que en esos momentos estaba fucsia limpiando en cuatro patas el yogurt del piso)  “¡¡¡Esto es castigo divino por haberme reído!!!”





Y si… Dios castiga pero no a palos.
 (No al menos a los pasteleros!)

miércoles, 30 de mayo de 2012

La pregunta del millón.


Tengo que aclarar algo: ¡¡¡Estudiar o ser egresado de Gastronomía no significa tener una pareja a la carta!!! Digo que estudio gastronomía e inmediatamente me dicen “¿Qué me vas a cocinar?”

Raudamente salta en mi cabeza una voz en off que responde: “Que qué te voy a cocinar? Déjame ver... Partamos por un garrotazo y, de principal, un ojo en su tinta!!!”  No vamos con el sartén al hombro, no llevamos aceite de oliva en vez de perfume y créanme que no somos bellos genios esperando por un nuevo deseo, ese nuevo caprichito a cumplir en sus mesas. Ok, estoy generalizando porque seguramente hay más de alguno que sea así pero, en verdad, que me es llamativo el tema!

Hablaré por mí. Me encanta cocinar, es claramente mi pasión (junto con ver una buena película, acurrucada en buena compañía jojojo) y tiendo, por un defecto que aun no logro corregir, de mimar a las personas que quiero con comida. 
No sé si cuando era pequeña me premiaron mucho con comida o me demostraron afecto con ella pero tengo ese mal. Si sé que a mi pololo le encantan los gnoquis, ahí estoy como santa pelotuda haciendo gnoquis toda una mañana ¡Hasta le preparo el pesto en casa! Si puedo regalonear con la comida lo hago pero es porque ya tengo un vínculo con esa persona ¿Me explico? Quiero hacerlo sentir especial y  lograrlo con un detalle  como preparar un plato es, simplemente, maravilloso. No hay mejor gratificación, para quien cocina, que ver una sonrisa en quien lleva el tenedor a su boca.  Siento que estoy divagando pero seguiré igual...  El asunto es que me molesta que un idiota a quien con suerte le acabo de saber el nombre me lance la pregunta del millón. Ok, seré franca, me molesta hasta que un tipo con el cual no tengo un vínculo muy cercano  -Ni si quiera una habitualidad de trato aunque sea por facebook- me la lance. ¿Por qué tengo que cocinarle siempre al resto, ah? Ah!!! Ah???

¿Quién me cocina a mí?

Un consejo para los que quieran conquistar a alguien del área gastronómica: Si desean conquistarlo/a, cocínenle. No pidan que les cocinen, háganlo ustedes aunque dejen la carne como suela de zapato, sirvan una mazamorra de pasta y compren helado de postre. Estamos acostumbrados a cocinar para otros pero no a que nos cocinen y eso si que los hace ganar puntos. Luego de ello verán que no tendrán que pedir que les cocinen porque ese detallito dará pie a otro detallito de vuelta. ¡Nos sorprenderán! Y entre detallito y detallito se arma la mesa… O se levanta rápidamente... ¿No?

miércoles, 23 de mayo de 2012

Cruz de la Suerte.


Debería ir a dormir pero no puedo. Acabo de terminar los pedidos de mañana y me siento impregnada a vainilla y chocolate mientras bebo un té y contemplo la pantalla.

No he escrito porque literalmente, solo he corrido. Fueron dos semanas del terror, llenas de pruebas, pedidos, de estrés, risas nerviosas y una buena cuota de lágrimas -cortesía de mi prueba adorable de nutrición-.  Ese día de la prueba en cuestión, tuve 3 en total: Tecnología de cocina y pastelería II a las 13:45, nutrición a las 15:15 y francés a las 17:00.  Una delicia de maratón. La verdad de las cosas es que tecnología no me urgía tanto; un par de leídas y para más no daba el tema pero nutrición… ufff!!! Qué diablos hago yo con 90 páginas de “blablablabla aminoácidos, blablablabla proteínas, blablablabla fibra dietética?” Una semana completa estudiando esas 90 páginas!  Rendí la prueba de tecnología en 10 minutos (esta vez me acordé de ir formal jeje) y salí al patio tiritona con los apuntes de nutrición en mi mano izquierda y mis dedos de la mano derecha incrustando mi cruz de la suerte en la palma de la mano. Alguna vez les contaré la historia de mi cruz pero he de confesar que no se despega de mi, hasta cuando estoy en taller de pastelería o cocina donde no debemos usar accesorios, mi cruz descansa en el bolsillo izquierdo de la chaqueta haciéndome sentir protegida.

Sale Manuel al rato de tecnología y me dice que tenía dudas con algunas justificaciones de falsas “¿Había que justificar el ítem de verdadero y falso?????!!!” Oh oooh. Ni lo ví! Holy crap! Un amigo imaginario susurró que esto solo comenzaba…!!!

Maldita prueba de nutrición que me tenía con parkinson. No quería darla, me negaba rotundamente a ello. Manuel intentó calmarme pero yo ya solo reía nerviosa y cambiaba a seria-me-estoy-sentando-en-la-pica-porque-no-sé-nada. Mal. En eso veo pasar a la profe de nutrición en el patio y sé que la llamé. Ella se sentó junto a mí y empecé a disparar dudas. En ese atropello de frases (que sé que sonaban bastante inconexas) me reía en cortocircuito. Entre los dos intentaron calmarme pero yo ya estaba en etapa de hiperventilación! Anticipaba el fracaso, prácticamente lo olía en el aire!!! Así como dicen que los perritos huelen el miedo. Yo tenía un nuevo super don!!!

Me senté en primera fila en nutrición y recibí la prueba. Jamás reviso las pruebas completas antes de responder porque, si hay algo que no sé, me pone neura. Aferré mi cruz de la suerte, di una última plegaria roedora y empecé a contestar. “Esta no la sé, esta no estoy segura, ¿Cuándo vimos esto?!!!” se repetía en mi cabeza como un vals donde todos me miraban mientras yo intentaba recordar los pasos. No sabía. No recordaba haber leído nada de eso ¡Horror! ¿¿¿Esta es mi sección, cierto?

Un alumno le entregó la prueba a los 15 minutos diciéndole a la profesora que era imposible mentir. ¿Mentir? ¡¡¡Si para mentir necesito una base de verdad y yo no sabía a esas alturas ni como me llamaba en sus 8 páginas de preguntas!!!

La entregué con el llanto en la garganta. “Siempre digna” susurró una voz en mi cabeza y llamé a Manuel para saber dónde estaba en cuanto salí al pasillo. Necesitaba un abrazo, un “todo va a estar bien, no te preocupes”. Llegué hasta él que se encontraba con Lore y Nico y sé que traté de explicarles lo mal que me había ido… solo quería llorar, esa estúpida sensación de nudo en la garganta y pasaba a la risa histérica cuando me imaginaba a mi misma intentando contestar, como si me viese en una película, con las orejas de burro creciendo entre un enorme signo de interrogación. No hubo abrazo. No estaba mi mamá… Mamá!!! Me senté en una escalerita a llamarla y, en cuanto oí su voz las lágrimas emergieron como un desborde de represa. Algo tienen las mamás que siempre calman, no importa la distancia, no importa la situación. Hablé con ella incrustándome mi cruz de la suerte como si en ello se me fuera la vida. Intentó calmarme diciéndome que aun quedaban más pruebas y yo más lloraba. Cuando preguntó cuánto valía la prueba poseída y le respondí un 40% solo dijo “chuta!” con voz grave en incredible sorround. Si, ya estaba todo hecho. Que más daba. Si me sacaba un rojo sangiento tenía un 40% por ciento de vale otro.  Estaba de lo mejor retorciéndome en mi miseria cuando Lorena me regala un rocklet naranjo, mis favoritos! “Ok, Claudia, no más! Ya se acabó, límpiate las lágrimas y fin” me dije intentando adoptar un rol de mujer madura. En eso, cuando ya respiraba más tranquila, recuerdo que tenía a continuación la prueba de francés para la cual ¡Ni si quiera había tenido tiempo de abrir el cuaderno! Adiós 6,8 de mi primera prueba, bienvenido 4,0…con suerte!  Agggghhhhhhttttt! Me arrastré a la prueba de francés pidiendo un temblor, un insólito tsunami en Santiago, algo ¡Algoooo! Pero nada. Di otra prueba con orejas de burro y, esta vez, ya llorando de frentón. Idiota, eh? Y no, no estaba en mis días! Típico que hay un pelotudo que piensa que la tontera es hormonal. Es difícil de explicarlo pero no vine a jugar a gastronomía. No vine porque no me de la cabeza para otra cosa o porque no quedé en nada más. Vine porque me apasiona, porque es lo que me hace vibrar y quiero esforzarme por ser la mejor. No me conformo con un 4,0 ni con un 5,0. De 6,0 para arriba y estamos hablando. Nutrición me partió en dos y lo que más rabia me daba es que había sacrificado francés por estudiar para esa prueba y finalmente, había fallado en los dos ramos. Me fallé a mí misma. Cuento corto, me fui en metro a casa, nuevamente con el nudo en la garganta hasta llegar a la estación donde debía bajarme en la cual  llamé a mamá de nuevo. Mas llanto, dos guardias mirándome sospechosamente a mi lado con cara de hipo, 20 minutos más tarde y otro llamado a Aly me calmaron totalmente. Etapa de resignación. Costó pero llegó. ¿Qué mas sacaba con llorar? Ya había derramado toda mi pena.

El viernes pasado me entregaron mi nota de nutrición y cuando vi que era un 4,5 se me doblaron las piernas de los nervios .Salvé justo, con garras y dientes aferrándome a un paupérrimo 4,5 que a mí me sonó celestial. No era lo mejor pero al menos no era un rojo sangriento como la mayoría de mis compañeros. Al menos Manuel me dio la razón de que la porquería no estaba fácil (Y no quede como mina mega exagerada). Ja! Creo que no sirvo para este ramo pero le daré la pelea porque no pretendo hacerlo de nuevo. De solo pensarlo se me revuelve la pancita y los aminoácidos se ríen maliciosamente de mí cuando digo esto.

Hoy me enteré que tengo un 6,1 en tecnología (la primera prueba que di ese viernes nefasto donde olvidé justificar las falsas) y en francés, la última de mis pruebas, un 6,0. Digan lo que digan, creo en Los de Arriba porque ese viernes del terror, cuidaron mi sueño. Realmente me cuidaron así que GRACIAS!!!. A esforzarme aun más en esto para no aumentar la pega de mi ángel de la guarda y para que mi cruz de la suerte no termine incrustada, una vez más, en la palma de mi mano.

Bonne nuit!!!

martes, 8 de mayo de 2012

Aroma sexy.


Aquí estoy, reportándome. Escribiendo un ratito mientras horneo unos deliciosos Cinnamon rolls junto a Ray Charles con su Rhythm & Blues. Soy una fiel creyente de que cocinar con buena energía se transmite y no se me ocurre nada mejor para transformar a mis diablitos de canela y nueces en algo, simplemente, tentador para quien los muerda.

Así que con un latte, frente al laptop mientras espero ansiosa que emerja ese aroma extasiante desde el horno. Me levanté temprano aunque reconozco que hoy me costó salir de la cama. Me acosté cerca de las dos a.m. terminando lo de nutrición (¿Qué? Acaso creían que gastronomía es solo pica-saltea? )y la muy cínica había puesto el despertador a las seis para comenzar a trabajar en el día que había calificado de “vacaciones”; hoy me sacan la muela del juicio en la tarde y había suspendido todos los pedidos sin embargo, una compañera de colegio lleva tanto tiempo intentando encargarme cinnamon rolls que no pude decir que no. Paracetamol de desayuno, Ray Charles para bailar sola en la cocina mientras espolvoreo la canela. No sé ustedes pero a mí el aroma a canela me reconforta, es simplemente amor en el aire!!!. Tal vez sea porque inmediatamente lo asocio a que viene algo dulce, a niñez… aunque hasta donde recuerdo, mi mamá no era ni es actualmente muy fan de ella… ¿Tal vez de mi abuelita? no sé. Pero ahora que el aroma ya llega a mi nariz y me deleito con él anticipando lo que viene.

Tal vez mi futura casa solo debería oler a canela… Mmmm ¡Manzana canela! ¿Qué aromas los trasladan? ¿Qué aromas simplemente son felicidad en el aire para ustedes? Sería interesante saber sus comentarios.

Les dejo la pregunta ya que mis cinnamon rolls huelen a listos. Ahora el glaseado y eso es todo. La vida es muy dulce!

miércoles, 25 de abril de 2012

I.A.L.

He mirado la pantalla durante días. El palito negro titilante en la pantalla en blanco.

Neuronas en colapso. A punto de huelga.

He escrito. He borrado. He vuelto a derramar letras y he borrado el archivo. Algunas veces siento que solo escribo para sacar el pensamiento de mi cabeza; para enfrentarme a él y, luego que emerge, el escrito pierde sentido o más bien, ya cumplió su función… Como si a veces a través de las líneas me mirara en un espejo y, luego de que me percato del problema y se cumple el cometido, tuviese que diluirlo. Una especie de terapia loca que me evita la estadía gratuita en el psiquiátrico, me ayuda a aclarar mis pensamientos como a otros les funciona caminar o hacer deportes. La gran diferencia es que cada letra me tatúa, me esculpe, me perfila y me desnuda.

 Extraña pasión esta de escribir.

Tras dos semanas ajetreadas no podía esperar menos que andar destruida, arrastrando hasta mi sombra entre pruebas y más pruebas, exposiciones, cursar un ramo flash, pedidos, cafés y estudio. Desde mi post anterior que bailo un vals a destiempos. Intenté escribir algo cuerdo pero solo fueron letras para mí: para mi enojo, mi frustración y mis desilusiones. No me ha ido mal ¿eh? De hecho mis notas van bastante bien pero sé que no he dado el máximo. Solo me falta la nota de francés -que no creo que sea mala entre la oral y la escrita- y la horrorosa nota de una exposición grupal en la que, sin lugar a dudas, puedo catalogar como la peor que he realizado en mi vida (Ni ahondaré en ello porque no vale la pena explayarse en gente estúpida sin Manual de Carreño). Simplemente paupérrima.
 Estas semanas me he desencantado, no de mi carrera (si pudiera dormir con mis cuchillos sin degollarme accidentalmente en la noche probablemente lo haría jaja!) sino de las personas. Supongo que mi error es esperar mucho de la gente y pensar que mi sexto sentido me engaña; pero el sexto sentido no suele fallar. Al final la moraleja es simple y, muchas veces, en vez de dar un paso adelante, es mejor no dar paso alguno y esperar.

 Esperar.

 Esperar. Respirar profundo y… ¡¡¡Contar hasta 100 en números primos impares!!!
 (Es más difícil de lo que parece, los reto a intentarlo cuando están enojados!)

 Para colmo de mis males, domingo pasado en la noche y mi muela del juicio se hizo presente en gloria y majestad. Ayer hasta amenacé al cirujano de que me la sacaba él o me la sacaba yo con un alicate pero logró convencerme, tras una larga charla de pros y contras con desenlace de muerte, de que debía someterme a un tratamiento de una semana y días para que bajara la inflamación antes de poder extraer a la muy maldita. ¿La verdad? Yo ya tenía el Plan B listo al llegar a casa: Alicate y una botella de whiskey: a la antigua y a la fuerza!!! Y lo sigo pensando con los “caramelitos” de pastillas con que me dejaron, cortesía sin duda, de mis múltiples alergias. Con dolor de muela del juicio mi humor sigue de mal en peor. Ni hablar del ítem “alimentación” o sea ¡Más mal genio!

 Creo que me voy a dormir. Mañana me debo levantar temprano para escribirme en la frente “Mujer rabiosa y con I.A.L.” (Instintos Asesinos Latentes) antes de ir a la U. ¿Y saben qué es lo mejor de todo? Mañana voy con cuchillitos y siempre se puede hacer “que parezca un accidente” en la hora punta del metro muajajaja!!!

Que tengan una buena noche o un excelente día! De vuelta a la cima de la montaña rusa!!!

sábado, 14 de abril de 2012

Papelucho tiene Razón!!!

Partí mi mañana como un día normal; con la alarma a las 6 y una ducha abre-ojos tratando de focalizarme en las dos pruebas del día: Técnicas de Comunicación y Tecnología de Cocina II. La verdad es que ni estoy segura que el primer ramo se llame así porque yo le digo “Lenguaje” y el resto de mis compañeros “PSU” porque, de momento, el ramo va en uso de conectores latinos, usos de puntos, comas, acentos, etc. que se asemeja bastante a la preparación de esa odiosa prueba que la mayoría de los chilenos rendimos al terminar el colegio. El otro ramo, en tanto, es algo más complejo de explicar. ¿Cuánto apuestan a que logro darme a entender? Jaja!!! A ver… Ya he contado que tengo Taller de Cocina en el cual, para los que me tienen en San Facebook, pueden ver las fotos de los platos que vamos preparando cada semana. Pues en Taller de Cocina nos enseñan, como bien dice su nombre, a cocinar pero es en Tecnología de Cocina donde debemos aprender la teoría de dichas preparaciones. Por ejemplo, las últimas clases de Taller de Cocina preparamos risotto y en Tecnología de Cocina vimos los tipos de arroz, clasificaciones, características de cada uno de ellos, modos de preparación, orígenes , etc. ¡Si esto no es nada de pelar dos papas, una zanahoria, lanzarle el pedazo de carne y estamos! Esto tiene su ciencia y con el ramo de Tecnología, también su estudio.

El asunto es que yo figuraba poniéndome mis llamativos y chillones calcetines chilotes rosado eléctrico (sobre los otros dos pares de calcetines fomes para no morir congelada jojojo) cuando me asalta la primera duda del terror:

¿En comunicación la profesora no subió más material a estudiar?

Caos. Cada vez que me dan esas tincadas horrorosas suelen ser ciertas. Prendí el laptop en dos tiempos, casi me caí de la cama atando una de mis zapatillas mientras cargaba la página y efectivamente, ahí, en la pantallita brillante pude ver un archivo de tan solo 180 hojas que claramente no había leído. ¿Cuándo lo subió? Ni idea. No tenía tiempo para indagar más allá de prender la impresora y apretar “imprimir”. Mi hora de salida a la universidad en las mañanas es a las 7 am. y solo faltaban 10 minutos para que escuchara el grito de “nos vamos!”. Siete en punto y corrí a la cocina en busca de un frasco de café, una leche en cajita descremada, una cuchara y mi tazón. Todo adentro del bolso con las hojitas calientitas de comunicación jaja!

Me subí a la camioneta y me observé en el espejo del copiloto. No estaba más desastrosa porque realmente no me esforcé aún más en ello. Sin maquillaje, el pelo mojado cuasi estilando sobre mi cara y lo peor de todo es: ¡¡¡Sin desayuno!!! Con el apuro de las antipáticas hojas de Comunicación no alcancé a tomar desayuno; Mi san café latte con mi rebanadita de pan integral con plata, snif! Nada que hacer. Me fui con sonajera de tripas en do menor hasta la U, media idiota y recriminándome a mi misma por qué no me había percatado de la existencia de las dulces 180 paginitas.

Llegue al templo del saber a eso de las 8, con maquillaje intento-verme-mas-decente-pero-milagros-no-hago, directo a comprarme un rocklet y al primer café. No ahondaré sobre el frío que sentía porque un pingüino hubiese pedido scaldasonno!!! Tras quince minutos llegó Manuel y trazamos el plan del día:

- De 8:30 a 10:00: Estudiar Comunicación.

- 10:00: Prueba!

- 11… 11 y algo, cuando termináramos la prueba, hasta las 13:15: Estudiar Tecnología.

- 13:30: Prueba de Tecnología.

- 15:25 a 17:00: Clase de Nutrición

- 17:00 a 18:35: Clase de Francés.

08:30: Empezamos a repetir, estudiar… ver si nos entraba algo nuevo. Al final, y lo reconozco abiertamente, me dieron los monos, repasé la materia del cuaderno y fin. No más. Tenía frío, estaba nerviosa por las dos pruebas y ponerme a revisar lo no visto solo aumentaría las palpitaciones a nivel “Clínica Alemana”. Manuel me mira con cara de “Ya te estás hiperventilando de nuevo” y sé que tiene razón. No sé como lo hace pero me termina calmando hasta que vuelvo a respirar relativamente normal. Y miro FB, me desquito ahí por el frío, vuelvo a repetir lo que ya sé, actualizo, recibo comentarios de Jask dando ánimo desde Australia con un lindo sol, no siento mis pies, locuciones latinas, ¿Debería ir al baño…no?, otro café y así se me fue el bloque de estudio… Al final terminé repitiendo la misma frasecita leguleya que decía una amiga cuando teníamos una prueba grandota en Derecho “Cuando la violación es inminente, relájate y disfruta como una vil puta”. Es el sentido máximo que un alumno puede decir cuando ya esta, literalmente, entregado.

Se acerca la hora y lo queramos o no, tenemos que ir. No queda otra. Ya estaba congelada, encomendada, aferrando a mis dedos de témpano mi tacita de café que me amenazaba con comprobar la gravedad en cualquier momento.

La prueba no duró mucho y creo que no me fue mal. Dudo que de 7,0 pero no menos de 5,0. Buen rango, espero que sea tiradito para 6.0.

Siguiente round: Preparar prueba de Tecnología hasta las 13:15. A esas alturas la temperatura no había subido y empezaban a caer las primeras gotitas invocadoras de lluvia. No sé cuantos cafés más me tomé en la mañana. Si para la de Comunicación tomé 4 cafés en hora y media, saquen cuentas entre las 11 y la prueba que… wait!, de hecho, entre con otra taza de café en la mano. Esta materia no era nada, nada entretenida. Qué arroz tenía Amilosa, amilopectina, las papas con la solanina, que las papas chilotas, la quinoa, chuchoca, ¡Me congelo! ¿Dónde están los 21 grados pronosticados?!!!, paella, legumbres,Polenta cremosa, temperaturas de conservación, risotto, guías de despacho, facturas, orden de compra, IVA, fichas técnicas… Aght! Tanta porquería!!! Manuel intentando calmarme, yo amenazándolo con golpearlo (Perdón Manu!), la Vivi que nos miraba hasta que decidió ir (huir) a su prueba, Manuel con cara de entregado, yo con cara de hipo, otra lectura esta vez en voz alta, Manuel diciendo que nos sacaríamos un 7,0 y yo feliz y casi relajada le creo a pies juntillas. En verdad que revisamos todo, todo! ¿Cómo no nos íbamos a sacar el 7,0?

JA!

Papelucho tenía razón: Después de un día bueno viene uno malo. Un 7,0 y un 6,5 no se podían repetir al día siguiente.

Ad portas de entrar a la pruebita de tecnología, una compañera me dice “Que linda tu ropa formal…” “¿Cuál? ¿La de ayer por la exposición?” respondo yo inocente. Ella me mira con el ceño fruncido como si no entendiera la respuesta y agrega "No la de ayer, la de hoy..."

¡WARNING!

En eso, como en las películas, la miro detenidamente y esta vestida formal…

1…

2….

3…

¡¡¡La prueba escrita era formal!!! Ya, ya! Ahora sí que me voy a la Alemana. ¿Qué hacer? Nada. Corro a avisarle a Manuel. Manuel se encoge de hombros como diciendo "ya da igual". Ahí entró el profesor a la sala y lo primero que hace al verme, es notar mis zapatillitas plomas con rosado y mis chillones calcetines chilotes rosados-no-pasamos-desapercibidos.

- - No puede dar la prueba. Vino con zapatillas.

No sé cuantas cosas se me cruzaron por la cabeza simultáneamente: Toda la mañana perdida por nada, mi congelamiento, sacarme un rojo, cómo tan idiota de no haber recordado que solo lo dijo una vez en la primera clase, con un rojo ya iba a examen….

- Profesor por favor necesito darla, estudié para ella. [Cara de hipo más Gatito de Shrek más desesperación pura]

- Puede darla (se detiene unos segundos y retoma) pero parte desde nota 6,0.

Amén; entre partir de 6,0 y quedarme con el uno no había nada que pensar… Hasta que vi la prueba. Y ahí dije que quizás, tal vez, así por ser, debería tener contemplada la opción de examen porque habían 3 de alternativas que no contesté segura, mas alguna que no tuviese contemplada y tal vez la cosa se podía venir roja. No sé en verdad.

Lo que si tengo claro es que salí llena de una rabia contra mi, rabía de no haberme acordado de esa línea en su primera clase donde nos advertía la formalidad, rabia con el profesor de haberme marcado efectivamente la prueba con un punto menos, rabia por saber que si eran sus reglas no podía patalear... pero alguien que me explique:

¿QUÉ SENTIDO TIENE DAR UNA PRUEBA ESCRITA FORMAL?

Porque ni en Derecho, que son mas cuadrados que nadie, lo hacen!. ¿Acaso los tacos me iluminan?... Quizás a través del dolor de pies… aggghhhht!!!

De haber estado sola a la salida de la prueba, lloro de rabia. De verdad. Hasta sentía a mis amigos imaginarios burlándose de mí. Y si lloraba y me sacaba la rabia Manuel me diría que no era para tanto, que la prueba estaba difícil y que filo, ya quedaban más por delante. Y lógicamente, también se reiría de mí por ser “cabra chica” y tomarlo todo tan a pecho. (Así que me tragué el llanto pero hice pucheros por mucho rato!!!)

Después de un merecido descanso ya nos tocaba entrar a Nutrición y ese ramo fue casi tan tortuoso como la prueba de la que acabábamos de salir. Creo que somos 2 o 3 los que hacemos el ramo por primera vez y todos los demás son repitentes. Y la profesora pasa la materia como si fuera conocida por todos. En algún momento de la clase, entre nomenclatura de la maltosa y algún lípido extraño, pensé en hacerme un hara-kiri con el lápiz pasta en el cuello pero mañana tengo entrega de cupcakes y no podía fallarle a un bebé de un añito en su primer cumpleaños ¿Cierto? Ahí si que el hara-kiri -chilensis me llevaba flash al infierno!!!

Luego, la última clase, francés pero ¿saben? Ya no doy más escribiendo y tengo el despertador puesto al alba para hornear. Tenía algo entrete que contar ahí pero lo comentaré en otro post.

Lo mejor del día: La tormenta sobre Santiago con lluvia, truenos y relámpagos.

¿Lo peor? Olvidar un detalle importante que espero, no traiga grandes consecuencias porque, de lo contrario, ahí sí que me saltara un ojo…!!! O busco un lápiz Bic jajaja!!!

Salut!